“South Park” vuelve con todo: Trump con micropene, pacto con Satán y demandas compulsivas

El primer episodio de la 27ª temporada de la serie animada despliega su máximo nivel de sátira y no se priva de nada. Literal. Comienza con el actual presidente de EE.UU. caminando desnudo por el desierto y negociando con el mismísimo Maligno, y va mucho más allá.

Por más que en 2024 sus creadores juraban no volver a parodiar a Trump, la temporada 27 abre con un ataque frontal al presidente de EE.UU. Entre micropenes, Satanás y propaganda, la serie confirma que sigue siendo el termómetro más ácido de la TV estadounidense.

En tiempos donde la corrección política tiende a domesticar la sátira, South Park elige patear el tablero con una brutalidad tan incómoda como necesaria. El estreno de la temporada 27, titulado “Sermon on the ’Mount”, no solo marca el regreso de una serie con casi tres décadas de historia, sino también una de sus decisiones creativas más osadas en años: volver a caricaturizar a Donald Trump en pleno segundo mandato, con un nivel de ferocidad que no deja títere con cabeza.

El episodio, estrenado el 23 de julio por Comedy Central -en la Argentina, al menos por ahora, será el único lugar para verlo- y ya disponible en Paramount+, arranca con una escena bizarra: un Trump animado y desnudo camina por el desierto. Lo acompaña una versión real del mismo cuerpo (sí, con imagen real), en la que su entrepierna es motivo de chistes y repulsas. Más adelante, Satanás -literalmente- lo encuentra en su cama y, al no poder verle el pene, comenta: “Es que es muy, muy pequeño”. Ese nivel de escarnio -tan grotesco como filoso- no se veía desde los primeros años del programa.

La alianza entre Trump y Satán no tendrá misericordia con South Park.

South Park, Trump y una demanda millonaria

Lejos de limitarse a lo escatológico, el capítulo introduce también una línea argumental donde Trump demanda al pueblo de South Park por 5 mil millones de dólares, pero termina aceptando un arreglo por 3,5 millones que obliga al condado a producir propaganda oficialista. Así, la crítica no solo apunta al mandatario sino también al aparato judicial, los acuerdos turbios y la construcción del relato político. Todo, por supuesto, en clave de absurdo.

Lo notable es que hace menos de un año Trey Parker y Matt Stone habían asegurado que no volverían a burlarse de Trump, incluso en medio de su nueva campaña presidencial. Que hayan roto esa promesa tan rápido, y con tanta fuerza, es también una señal: la sátira necesita volver a morder. Y South Park todavía tiene dientes.

La demanda del presidente de EE.UU. pondrá al borde del abismo a la ciudad.

Con casi 30 años al aire, la serie ha sobrevivido a modas, cancelaciones simbólicas, y guerras culturales. Su vigencia no radica solo en el ingenio de sus guiones o la rapidez para responder a la coyuntura, sino en su capacidad de incomodar donde otros callan. No es casual que, además del ataque a Trump, el episodio haga alusión velada a los conflictos contractuales entre Paramount+ y los creadores, en una especie de metacrítica a la industria que los sostiene.

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