Mercedes Speroni explora la relación con sus monstruos en «Por suerte me tengo a mí»

Por: Belauza

En la obra que interpreta y dirige, y en la que está acompañada por Silvina Tenenbaum, la coreógrafa y bailarina apela a los cuerpos para canalizar los miedos. Cuatro únicas funciones este mes.

Una cultura que no contiene, un cuerpo que habla pero al que las palabras no pueden expresar, un arte que no consigue decir. En ese combo es posible ubicar el origen de Por suerte me tengo a mí, la obra de Mercedes Speroni que acaso le debe su empujón final a El hombre elefante, de David Lynch, una película que fue a buscar. “Ya la había visto de chica y me había gustado”, recuerda. “Me enteré que la daban en el San Martín y la fui a ver: lo frágil me llama la atención. Y tenía ganas de verla de nuevo a ver si me decía algo más. Y además esa vez ya estaba más decidida a hacerme cargo de transitar parte de mis verdades, como la de mi sexualidad. Y hacerlo a través del cuerpo. El plano del lenguaje hablado tienen un límite y hay cosas que quedan, marcas más profundas, que decidí tratarlas desde el cuerpo”.

En El hombre elefante todo se inicia y se narra a partir de un cuerpo. Pero a diferencia del personaje de Lynch, Speroni, por diferencia de época y la pertenencia a una familia y un grupo social, no se podía esconder. “Claro, aunque una se va escondiendo. Pero al no poder esconderte no te queda otra que salir”. Y Speroni salió.

Mercedes Speroni y Silvina Tenenbaum en «Por suerte me tengo a mí».

Dice en la información de prensa que expresó y volvió a expresar pero que eso no alcanzaba, que faltaba algo para presentarla en escena acompañada por su monstruo. “Mi monstruo y yo”, dice. “Una obra con dos bailarinas en escena en un encuentro entre la danza contemporánea y la danza butoh. La obra es un continuo intento, no de superar el dolor sino de mirar el miedo, el rechazo a estar sola con mi monstruo, el rechazo de su compañía. Un rechazo que opaca mi confianza, mi autoestima y debilita mi cuerpo”. Pero el monstruo no es tan enemigo como parece. Ni siquiera es enemigo. 

“Me aparecieron dolores físicos, y creía que me podía aparecer alguna enfermedad. Hubo un montón de manifestaciones físicas; creía que me iba a morir”, intenta sintetizar esos años de dolor que encierra en el lapso de una década. “Es una comunicación permanente entre la cabeza y el cuerpo. Y yo laburo con el cuerpo: doy clases de danza, de improvisación, de contemporáneo, y también tomo clases de danza. También trabajo con la poesía pero había algo de la palabra que sentía que a mí me escondía más, me limitaba más. En cambio, con el cuerpo me pasa que es una verdad genuina y honesta a la que no le puedo escapar. Entonces decidí trabajar desde la piel, desde esos tonos que van apareciendo cuando siento esa angustia. Y al ‘rumiar’ tanto me hace bien volver al cuerpo”.

Cuerpos atravesados por el miedo en «Por suerte me tengo a mí».

Speroni asegura que los monstruos eran varios, aunque al tener que responder por sus características duda y piensa que tal vez era el mismo con distintas caras. “Es un solo monstruo en distintas situaciones, que se manifiesta de distinta manera. Y yo percibo ese monstruo que soy yo de distintas maneras”. Le gusta la analogía con la Hidra de Lerna, la de las mil cabezas, esa que al cortarle una la reemplazaba con otras dos. “Tal cual. Me gusta para trabajarla”. Se verá en el derrotero. Lo que está es una obra en la que su compañera de escena, Silvina Tenenbaun, resultó un hallazgo, también, de varias cabezas. 

“Empecé escribiendo cosas sin una dramaturgia y al tiempito arranqué a ponerlo en el cuerpo como para que no se me olvide. Y ahí la llamé a Silvina. Fue un proceso largo porque siempre trabajar con otra persona implica otra cosa, pero la verdad es que es un equipo espectacular. Ya la había visto a ella para el personaje en las clases que le daba de improvisación en composición. Porque es muy dúctil con sus movimientos, con su manera de desenvolverse físicamente cuando le tirás una pauta. Y eso le aportó un montón a la obra”.

En un tiempo de tanta soledad e individualismo, el título de la obra tanto como la idea de “mi monstruo y yo” lleva a la asociación casi inmediata de que cada individuo es el principal enemigo de sí mismo. Sin embargo, como toda creencia humana, esa no es más que otra construcción cultural. “El monstruo es algo más onírico que está en algo mental de los recuerdos. Yo sería ese personaje y Silvina el monstruo desde el que me voy mirando, lo que ella es es también como yo la veo, la miro”, explica Speroni.

“No hay bien o mal, para mí es la integración, por eso el nombre de la obra. Querer a la que hoy es. No busco limpiar estas partes sino sentirlas, mirarlas. El ‘me tengo a mí’ es con la que toca cada día en cada momento y en cada situación. Abrazar y mirar eso en vez de rechazarlo. Integrarlo. Y en un momento se dice: por suerte nos tenemos. Porque somos una red de miradas que se necesitan. Y más en estos tiempos. Por qué esa cultura es de afuera está marcando todo el tiempo eso”, resumen. 

Esta directora y bailarina, que se formó en danza clásica y contemporánea, investigó la danza butoh y la danza teatro, no deja de hablar del equipo que hizo posible la obra que ahora se presentará en cuatro funciones en El Excéntrico de la 18º pero tuvo su estreno oficial en el Teatro Viceversa hace poco más de un mes.

“Lo primero que cambia con la sala es la iluminación, y eso trae distintos estados. Acá las paredes son blancas y en la otra eran negras, entonces aparecen mucho más las sombras, y puedo jugar muchísimo más con Silvina”. En este mes que separan al grupo de funciones, Speroni, también directora de la obra, tomó distancia de esa función que dejó más en manos de Iván Mintz. “Había cosas físicas que me hacían ruido pero si estoy adentro y afuera no me eran fáciles laburar. Además así puedo trabajar más mi propio personaje. Eso hace que estas funciones tengan otros colores y otra profundidad”.

En esas funciones de Viceversa, Speroni y los suyos consiguieron lo primordial: “Mucha gente se emocionó desde lo sensorial. Me gusta cuando una obra que me interpela queda en el cuerpo y no hay mucha palabra. Eso me hace seguir confiando. Aunque haya cosas que hay que seguir corrigiendo y explorando hay algo de la esencia que está bueno, es por acá. Dejar la pregunta de cómo hago para ser sostén de mí misma. Dejar al público con ese interrogante me emocionó”.

Por suerte me tengo a mí, de Mercedes Speroni

Intérpretes: Mercedes Speroni y Silvina Tenenbaum. Asistencia de dirección: Iván Mintz. Dirección: Mercedes Speroni. Cuatro únicas funciones, domingos de septiembre a las 20 en El excéntrico de la 18º, Lerma 420.

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