Tarascones: cuatro señoras paquetas, un suceso inesperado y una feroz comedia negra

Por: Eugenia Tavano

"Tarascones" volvió a la cartelera porteña con su reconocido encanto y mordacidad. Alejandra Flechner analiza las claves de una obra sin fecha de vencimiento.

Cuatro señoras “bien” y una velada paqueta de riguroso té canasta. La vida es, para Zulma, Martita, Estela y Raquel, esa circunstancia previsible donde ellas ocupan su merecido lugar de privilegio. Hasta que algo sacude la repetitiva parsimonia del encuentro para habilitar el delirante conflicto de Tarascones, la comedia negra que se destaca en la cartelera porteña.

“El derrotero de Tarascones empezó en 2016, cuando Gonzalo Demaría me alcanzó la obra para leer y en simultáneo, me llamaron del Teatro Cervantes para sumarme a algunos de sus proyectos”, cuanta Alejandra Flechner. “Yo llevé ese material y les encantó. Estrenamos, salimos de gira y la experiencia fue tan buena que al año siguiente volvimos al Cervantes. Luego, armamos una cooperativa entre las actrices y el director, y estuvimos casi otros cuatro años en el Teatro Picadero”.

Ciro Zorzoli está a cargo de la puesta de Tarascones que, además de Flechner, cuenta con las actuaciones de Paola Barrientos, Susana Pampín y Eugenia Guerty. “Es un espectáculo que nos gusta tanto hacer, que nos propusimos retomarlo de alguna forma en la que podamos sostener nuestros otros trabajos. Porque somos todas actrices que tenemos también proyectos de cine, tele e incluso de teatro comercial, así que decidimos volver al menos una vez por semana”.

El hecho de que el público haya acompañado una producción independiente durante tantas temporadas, siempre es un dato relevante. Sobre todo, si se tiene en cuenta que Tarascones se gestó y se sostuvo durante años marcados por la crisis económica y social. La obra fue reconocida en los premiaciones más importantes del teatro, y en varios rubros: Alejandra Flechner, por ejemplo, fue galardonada como mejor actriz en los ACE.

“Es muy difícil prever los resultados en teatro –reflexiona–. En ese sentido, es una tarea muy diferente a la del mundo audiovisual. Vos ponés en marcha un proyecto teatral y no sabés dónde vas a llegar. Es muy difícil de imaginar, desde las dos dimensiones del papel, las tres dimensiones del teatro. Con las obras, están las hipótesis de arranque pero siempre es mucho menor la certeza. Por supuesto que el teatro tiene esa belleza, también, de ser un proceso, algo que se va descubriendo en los ensayos”.

¿Cuál es, entonces, el secreto de Tarascones? “Cuando leí la obra tuve la intuición de que escondía algo increíble. Es un material que tiene varios elementos que conspiran para que suceda lo que sucedió: primero, es una obra en verso, pero no es un texto elitista. Tiene una estructura sencilla de seguir y cosas muy reconocibles. Y a la vez, es una obra que arranca en un living de té de cuatro señoras y se delira ad infinitum (risas), levanta vuelo. Creo que cuando el material, la dirección, las actuaciones logran moverse hacia un mismo nivel de expansión, se logra algo genial”.

Con la historia de Yiya Murano gravitando como referencia plebeya e ineludible, la sospecha de que detrás de la loza inglesa y los apellidos patricios puede esconderse el horror y la ignominia plantea un terreno más que fértil para jugar con lo inimaginable: “En Tarascones están estas mujeres de la clase dominante, que se llevan todos los galardones de la discriminación y del prejuicio social. Y está el humor, claro. Y también la ironía y un salvajismo que siempre estuvo a la altura del mundo en que vivimos, pero que ahora se resignifica más aun. Uno puede verse, como espectador, en un espejo de supuestos que por más de que nos creamos progresistas, están en la sociedad. En algún punto, la obra siempre te pega”.

Desde sus comienzos con las Gambas al Ajillo hasta su participación en Chachachá, solo por mencionar algunos hitos de una larga carrera que tampoco se agota en el humor, Flechner supo hacer del desparpajo un estamento. La actriz tiene una postura bien definida acerca de la corrección política o la cultura de la cancelación. “Lo interesante es abordar cierta contradicción de las cosas. No me parece que lo humano sea algo tan plano. Y si eso lo llevás al terreno de lo artístico, más aun. Hay una ambigüedad que tal vez es lo único que nos diferencia de la máquina, del algoritmo, del ‘enter’ y del ‘cancel’ (risas). Del binarismo de la tecnología, que es muy claro: ‘esto sí, esto no’. Creo que eso tiene mucho que ver, el mundo tecnológico que irrumpe en el mundo de las personas y todo es ‘on/off’. Yo creo que hay una complejidad más grande. El humor es el humor, y la corrección política no es un lugar que me interese demasiado habitar, si bien tengo mis convicciones e ideas sobre un montón de cosas. Sí hay cambios de paradigma que son palpables, una las puede sentir hasta en el cuerpo. No creo que esté bueno hacer un chiste sobre si una mujer es una malcogida, eso ya no es gracioso, pero no sé si es un tema de corrección. Capaz, hasta podemos decir cosas más incorrectas que esas”, puntualiza.

Para Flechner, hoy integrante de la colectiva de Actrices Argentinas y pionera de la escena alternativa de los ’80, aún quedan batallas para dar. «Cuando hacíamos las Gambas al Ajillo no existían mujeres haciendo humor. Imaginate el nivel de disparidad que había, que la prensa pensaba que éramos un grupo de rock. Si lo veo desde hoy, claro que ahora hay un montón de mujeres humoristas. Pero la desigualdad continúa». «


Tarascones

De Gonzalo Demaría. Dirección: Ciro Zorzoli. Con Alejandra Flechner, Paola Barrientos, Eugenia Guerty y Susana Pampín. Martes a las 20 y sábados a las 20.30, en el Metropolitan: Av. Corrientes 1343.

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