A partir del formato del manual, la actriz y dramaturga Elisa Carricajo propone releer las tradicionales cartas no como una herramienta de adivinación, sino de autoconocimiento.

Como se desprende desde el título, Esto también es Tarot aborda esa tradicional disciplina de la cartomancia, cuyo surgimiento se remonta según algunas fuentes hasta el siglo XV, en la Italia del Renacimiento. Con un origen que combina lo lúdico y lo esotérico, el Tarot ha ido creciendo de manera espontánea, como ocurre con todo aquello de lo que se apropia la cultura popular. Pero si bien no tiene nada de académico, es mucho lo que se ha escrito sobre él, sobre sus cartas y la sabiduría que puede (o podría) residir en ellas. Con el espíritu socrático del que mientras más lee más reconoce su ignorancia, Carricajo se para ante esa inmensidad de conocimientos desordenados para proponer un nuevo recorrido a través del Tarot.
La clave del abordaje que propone la actriz —reconocida por integrar el grupo teatral Piel de Lava junto a Pilar Gamboa, Laura Paredes y Valeria Correa— consiste en releer las figuras representadas en los 78 naipes del Tarot (22 arcanos mayores y 56 arcanos menores) utilizando a la cultura pop como filtro. Es decir, interpretarlas a partir de ese otro corpus caótico que se alimenta tanto de las artes tradicionales como de los géneros narrativos modernos, como el cine o la historieta, e incluso las distintas variantes de la música popular, del pop y el rock a la balada romántica, entre otros.
Para Carricajo, “el Tarot se ha convertido en un campo común de construcción de sentidos espirituales” que llega hasta la actualidad como “una religión sin dios ni patria. Un objeto pop espiritual […], una especie de patrimonio de la humanidad que nadie respeta del todo”. “Las imágenes del pop (las buenas, claro) se recuerdan con la potencia de lo icónico […] Y esa potencia, la de la imagen que concentra y estalla, las cartas la tienen”, explica. “El pop es salvaje, no respeta nada […], el pop es accesible, el pop es para todas. Ahí está el Tarot”, afirma.
El libro define a las cartas como “puntos sobrecargados de sentido, por la imagen que portan, pero también son una aspiradora que no deja de adherir nuevos sentidos”. Sentidos que, por otra parte, tienen mucho que ver con una manera femenina de percibir e interpetar al mundo y la realidad. “Una tradición popular femenina ligada al esoterismo”, que Carricajo califica como la sabiduría de “las brujas de barrio”, “figuras menores” que “ocupan un lugar bastardo, despreciado, entre inocente y chanta”. “Sus saberes son subestimados”, pero “se les teme, como si de todos modos ese conocimiento despreciable pudiera hacer algún daño”. Por eso no resulta extraño que el libro este escrito en femenino, fluctuando entre las primeras personas del singular y el plural, aunque a veces se cuelen distintas variantes del lenguaje inclusivo y hasta el masculino inclusivo clásico. Pero lo que predomina es ese femenino mediante el cual Carricajo reclama para las mujeres la sabiduría ancestral y plebeya que las cartas del Tarot vienen acumulando hace siglos.
En cuanto al relato mismo que propone el recorrido de las cartas del Tarot, la autora lo vincula directamente con el famoso Viaje del héroe, una tradición sobre la que se asienta la narrativa universal clásica, en especial la de occidente. Según ella, lo que articula esa progresión narrativa es el modo en el que las cartas están ordenadas en el mazo y la relación que cada una construye con las que la preceden y la suceden.
Esto también es Tarot propone no tanto pensar a las cartas como un medio de adivinación o clarividencia, sino como una herramienta de analisis. Un método cercano incluso a ciertas escuelas de la psicología, como la gestáltica o el psicodrama. Una forma de poner en acción un relato externo, para ver cómo resuena con aquel que cada uno cuenta (y se cuenta) de sí mismo. En ese sentido, para Carricajo las cartas funcionan “casi como un juego de encastre entre esa situación arquetípica [que representa cada carta] y aquello de nuestra vida que nos resuena así”. A partir de eso, el Tarot puede ser pensado como “una ficción que se carga al hombro la tarea de inventar el mundo”.
Para poder establecer un vínculo con la vida, propone Carricajo, el primer paso es “inventarnos una ficción, una cultura, una ética, una estética, un pueblo, una religión”, porque “sin una ficción compartida que administre el vínculo con lo real no hay vida humana en comunidad posible”. Según ella, la religión, el arte o la ciencia constituyen formas diversas de acercarse a “la verdad”, cada una con “sus privilegios y sus trampas”. En esa misma serie podría incluirse a la ficción como una disciplina para interconectar a las demás, porque las narraciones de ficción son “transversales a todos los campos del conocimiento”. Por eso la autora define a su libro como “un manual de Tarot”, pero también como “una ficción, una literatura del yo en clave esotérica”. De hecho, a través del relato que va articulando, Carricajo demuestra ser una narradora eficiente, capaz de crear su propia ficción en torno del Tarot.
Como se desprende de su abordaje, el libro también descansa sobre una buena dosis de humor autoconsciente que funciona como un airbag para reducir el impacto de críticas potenciales. Un buen ejemplo de eso es el capítulo titulado “¿Hace mal la falopa espiritual?”, en el que Carricajo no elude la posibilidad de que su libro pueda ser leído por algunos como otra chantada de autoayuda. Sin embargo, confía en que la universalidad contagiosa del pop es la herramienta adecuada para aggiornar la sabiduría acumulada en los relatos ancestrales que proponen las cartas del Tarot. Es ahí donde reside la potencia de Esto también es Tarot.
Para abordar su propia interpretación de las cartas y la forma en que estas construyen sentidos, no duda en recurrir a las fuentes más discimiles. Desde conceptos complejos que toma prestados de disciplinas como la filosofía o la psicología, hasta las obras más impensadas de las artes populares. Incluso episodios de su propia historia personal, que utiliza para ilustrar la potencia polisémica que acumulan las escenas representadas en las cartas del Tarot. De esta forma, nociones de la teoría lacaniana, como los “nudos de sentido”, o de la semiótica, como el vínculo entre significado y significante, conviven en el libro con citas a películas populares, como la argentina Un novio para mi mujer, clásicos del pop como El Karate Kid o La Guerra de las Galaxias, canciones de Pity Álvarez, Queen, Madonna y el Puma Rodríguez, o los icónicos banquetes de jabalí que se daban Astérix y sus amigos al final de algunos episodios. De todo eso y más se vale Carricajo para transmitir su apasionada versión del Tarot. Y, de paso, apropiarse del arquetipo históricamente demonizado de la bruja, para, a partir de él, revalorizar el papel que lo femenino ha tenido en la transmisión de relatos y conocimientos centrales de la cultura humana.
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