Los tentáculos de Trump: infiltró en Groenlandia al partido independentista

Por: Andrés Gaudín

Dinamarca, la Unión Europea y la propia OTAN reaccionan en estado de confusión. Mientras el partido local Naleraq, segundo en las últimas elecciones, levanta un discurso rupturista de Copenhague.

Ucrania pasó a un segundo plano. Donald Trump ya anunció que para continuar su raid imperial tiene una larga lista, en todos los continentes. Después de haber mostrado en Venezuela hasta dónde es capaz de llegar, tiene una sucesión de acciones invasivas públicamente vociferadas.

Entre las primeras está Groenlandia, la estratégica isla del Ártico, territorio autónomo integrado a Dinamarca. El ampliamente condenado ataque sobre Venezuela mostró que no hay en el mundo país alguno dispuesto a ir más allá de las declaraciones de ocasión. En esa banda se alinean todos, incluyendo a la propia Dinamarca, la presunta próxima víctima. El lunes, su primera ministra Mette Frederiksen apeló a una  ridícula retórica para “instar encarecidamente (a Trump) a cesar las amenazas”.  

Dinamarca, uno de los 12 socios fundadores de la OTAN, y de alguna manera un aliado preferencial de Estados Unidos, observa de qué manera su socio se prepara para quedarse con parte de su territorio, comprándoselo o arrebatándoselo. Lo mismo da, dirán en la Casa Blanca, después de que Trump adelantara, como si hiciera falta, que “no me interesa el derecho internacional, lo único que puede detenerme son mis propias pautas morales”. Pese a la cascoteada moralidad del sujeto –juzgado y condenado por 34 delitos que incluyen todas las fallas éticas y morales imaginables– y a que los preparativos de la anexión son de público conocimiento, el gobierno danés también optó por el doble discurso. Dice que está preparado para enfrentar al agresor y a la vez hace un ruego encarecido al mismo agresor.

En Venezuela se trataba de poner a prueba las imaginarias acciones de respuesta, de esperar una retórica más contundente de los países de la región. De ahí que desde mediados de agosto el Pentágono dudó. Desplegó sus fuerzas en el Caribe, amenazantes, y ejecutó acciones menores en ultramar, pero sin decidirse a emprender el ataque sobre Caracas.

Con los buenos resultados a la vista llegó el tiempo de actuar ante la pusilánime Europa, a la que ha humillado de todas las formas. Ahora arremete, aún ante el riesgo de poner en juego la integridad de los organismos conformados al concluir la Segunda Guerra Mundial. Los principales países de la Unión Europea y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, meterse con Dinamarca-Groenlandia puede ser, justamente, el principio del fin de la unidad de la OTAN.

En esta semana el canciller danés Lars Rasmussen viajará a Washington para encontrarse con su par norteamericano, Marco Rubio. En Copenhague estaban ilusionados por el apoyo declarado de gobiernos influyentes en la estructura supranacional europea (Alemania, Gran Bretaña, Francia, Italia, Polonia, España y los tres países del Báltico). Los nueve fueron lo necesariamente contundentes al decir que sólo a Dinamarca y Groenlandia les corresponde decidir sobre los asuntos propios. Especificaron que la seguridad ártica “debe lograrse con el esfuerzo de todos los miembros de la OTAN mediante la defensa de los principios de las Naciones Unidas: soberanía, integridad territorial e inviolabilidad de las fronteras”. ONU y OTAN aparecieron en todos los discursos como aspectos centrales de la cuestión.

Al retomar la ofensiva anexionista, ya en este año, Trump se ha burlado grotescamente, a su manera, de las intenciones danesas con Groenlandia y dijo que “no les da el cuero” para defender a la isla. “Mientras nosotros apostamos más personal y operamos la base espacial de Pittufik, ellos apenas mandaron un trineo de perros”, dijo horas antes de que Rubio confirmara la reunión de esta semana que se inicia.

Hasta que Trump irrumpió con su idea obsesiva de hacerse de Groenlandia, el diálogo entre Washington y Copenhague era óptimo. Por ejemplo, el año pasado el parlamento danés aprobó un proyecto que permite la instalación de bases militares norteamericanas en el territorio y el reequipamiento de su flota de aviones de combate F-35 producidos por Lockheed Martin en alianza con Northrop Grumman y BAE Systems.

El apoyo de los países de la OTAN, obsesionados por mantener la unidad justo cuando se avizora el final de la crisis de Ucrania, que ha sido el mayor factor de cohesión durante los últimos cuatro años, tuvo un contrapeso inesperado. El partido independentista groenlandés Naleraq, segundo en las elecciones legislativas de marzo pasado, pidió a las autoridades de la isla que encaren ya un “diálogo directo” con Estados Unidos “sin Dinamarca”. En los comicios, en los que obtuvo el 24,5% de los votos, Naleraq centró su campaña en la oferta de cesar los vínculos que ligan a la isla con el reino. El actual planteo rompe con su historial, quizás influido por los agentes de inteligencia norteamericanos que se infiltraron el año pasado para lograr fracturar la unidad de las organizaciones independentistas.

Los nueve le dijeron a Estados Unidos que Groenlandia también es parte de la OTAN por ser parte de Dinamarca, y le recordaron que Dinamarca no sólo es uno de sus socios en la alianza atlántica sino que también tiene un acuerdo bilateral de defensa con Estados Unidos que data de 1951 y está vigente. En los días previos al encuentro de la próxima semana, Frederiksen aprovechó la penetración de la declaración de los nueve en las estructuras occidentales para pedirle a Trump que “detenga sus amenazas contra un aliado históricamente cercano y hacia otro país y otro pueblo que han declarado muy claramente que no están en venta. Un hipotético ataque de sus fuerzas para hacerse del control de Groenlandia –agregó– provocaría el fin de la OTAN”.

Ante la retórica belicosa y despectiva de Trump, el gobierno de Dinamarca ha reaccionado con una excesiva muestra de buenos modales. Pero el jueves pareció retomar la iniciativa y lanzó una virtual proclama bélica. Ese día el gobierno se dirigió a la OTAN, a la ONU y en especial a Estados Unidos, recordándoles que sigue vigente un mandato de 1952 que estableció que “ante cualquier ataque al territorio nacional las fuerzas armadas deben actuar de inmediato, sin esperar órdenes adicionales. Si cualquier ejército extranjero invade territorio danés, las fuerzas deben responder sin vacilar”, señaló una comunicación del Ministerio de Defensa. Por su parte, el ministro Troels Lund Poulsen dijo que, obviamente, la disposición incluye a las tropas norteamericanas que intenten apoderarse de Groenlandia.

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