La gran artista correntina recibió la estatuilla en la categoría Mejor canción de folklore. Sus palabras sobre la situación del país despertaron una ovación y generaron el momento más potente de la noche.

“Digo no al discurso de odio que reina en nuestro país hoy; digo no al vaciamiento cultural que pone en peligro a instituciones prestigiosas… digo no a la persecución y estigmatización a los que piensan distinto”, expresó, visiblemente emocionada, mientras el público comenzaba a aplaudir de pie. La frase, que resonó como un manifiesto, dejó en evidencia que no hay premiación neutral cuando lo que está en juego es el sentido mismo de lo colectivo.
Parodi cerró su intervención con una dedicatoria explícita: “Y si ustedes me lo permiten, amigas y amigos, con todo mi corazón, quiero dedicárselo muy especialmente a Cristina Fernández de Kirchner”. La ovación fue inmediata. No fue solo un gesto político: fue también una intervención cultural en un contexto donde el silencio parece ser la norma impuesta desde arriba.
En una noche cargada de simbolismo, Parodi volvió a demostrar que el arte no puede -ni debe- permanecer indiferente. Su discurso trajo aire fresco y memoria militante a una gala que, por momentos, pareció ajena a la crisis que atraviesa el país.
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