La Argentina testea poco, pero su índice de letalidad es menor al de países que hacen el cuádruple. La clave de la detección temprana.

“Si se distribuye ampliamente, el nuevo test de antígenos puede transformar nuestra respuesta al Covid-19”, aseguró esta semana Carissa F. Etienne, directora de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Su mensaje fue el primero alentador que dio el organismo para la región más afectada por la pandemia. Entre los diez países con mayor cantidad de muertos por millón de habitantes, cinco son americanos (Perú, Bolivia, Brasil, Chile y Ecuador).
La Argentina, que en las últimas semanas sufrió un acelerado crecimiento en ese luctuoso ranking, actualmente ocupa la posición 16, a pesar de tener menos test realizados que varios de los países mencionados. Brasil registra 84 mil testeos por millón de habitantes (un 64% más que nuestro país), Perú 126 mil (240% más) y Chile 200 mil (390% más).
Testeo mucho, poquito…
“La Argentina testea más de lo que refleja el Sistema Nacional de Vigilancia en Salud (SNVS), que es la base de datos que se informa diariamente. Los responsables de todas las provincias nos dicen que hay una concentración de esfuerzos en cargar los casos positivos y también mencionan dificultades para que los laboratorios privados carguen puntualmente”, explica Sabignoso en diálogo con Tiempo. El tema fue uno de los ejes centrales sobre los que versó la última reunión del Consejo Federal de ministros de Salud, realizada el viernes, donde la cartera nacional anunció que implementará un nuevo mecanismo que simplificará la carga de testeos.
A pesar de ello, insiste el secretario, “la clave no es testear mucho sino testear bien y dirigidamente con un carácter preventivo para grupos vulnerables, y trabajando sobre los sintomáticos”. En esa ecuación, profundiza, también hay que considerar que con 19 provincias con circulación comunitaria del virus, cada vez se hace mayor confirmación de casos por diagnóstico clínico (sin necesidad de testeo).
“Hacer test en zonas con 70% de positividad no tiene sentido. Hay que considerar como casos positivos a todos los que presentan los síntomas y aislarlos”, plantea Rodrigo Quiroga, bioinformático e investigador del Conicet. “Usemos los test para detectar los casos que no sabemos si están infectados: contactos estrechos y sus contactos”, agrega. Estos últimos, actualmente, no son considerados casos sospechosos y no se los testea.
Los nuevos test
“El Ministerio de Salud de la Nación ya repartió más de 220 mil test de antígenos en todas las provincias, que están siendo usados en su trabajo de campo territorial con buenos resultados”, explica Sabignoso. Estos test son los que hoy son vistos por la comunidad científica internacional como un posible quiebre en la detección temprana del virus. A diferencia de los métodos usados hasta el momento, no buscan anticuerpos (como los test serológicos) ni necesitan separar el ARN (test de PCR). Lo que hacen es detectar la presencia de ciertas proteínas virales. Esto reduce el tiempo de diagnóstico (de un promedio de seis horas a 15 minutos) y los requisitos (ya no es necesario el laboratorio).
Estos nuevos test aún no se realizan en el país, por lo que la Argentina tuvo que importarlos. Según el proveedor, los precios pueden variar entre 5 y 10 dólares, muy por debajo de los casi 90 que puede costar un test de PCR. El Ministerio de Salud de la Nación informó que ya compró por licitación unos 800 mil test, que se suman a los adquiridos por las provincias. Para eso también, explican, contaron con ayuda del Estado Nacional, que lleva transferidos más de 10 mil millones de pesos a las provincias para insumos.
“Se trata de combinar adecuadamente las distintas modalidades de testeo. Este test rápido es para casos sintomáticos en los primeros días ya sea en el campo o en consultorios febriles”, precisa Sabignoso. Pero en un país donde la responsabilidad por el cuidado de la salud está distribuida en las 24 jurisdicciones, el desafío es lograr una articulación federal. “Tenemos una estrategia común que presenta algunas diferencias. Pero nosotros apostamos por la unidad sanitaria”, plantea. “El mundo ve que es una pandemia larga y los rebrotes de Europa vuelven a mostrar saturación en sus sistemas de salud. Por eso nuestro horizonte de esperanza es la vacuna y los tratamientos. Mientras tanto, dar lo mejor en el presente y seguir cuidándonos”.
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