Análisis del histórico conflicto de los mineros ingleses, en 1984, en el que la derecha local se inspira para la disputa con los maestros.

El emblemático conflicto comenzó el 6 de marzo de 1984. Thatcher llevaba seis años en el poder cuando se inició. La chispa que encendió la mecha fue la decisión del Estado, en marzo del ’84, de cerrar la mina de Cortortwood, en la localidad de Brampton, en el norte del Reino Unido, donde trabajaban unos 900 operarios. Las minas estaban en manos del Estado desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
A lo largo de la huelga, con distintos niveles de acatamiento, intensidades y momentos, participaron en total 200 mil trabajadores mineros, miembros de un sindicato especialmente combativo y con una fuerte formación ideológica. El proceso tuvo momentos disímiles y duró exactamente un año. El resultado final fue una derrota de los trabajadores que le sirvió al gobierno conservador para avanzar con sus reformas, que incluían la flexibilización laboral. Por eso es que la derecha suele recurrir tanto a este ejemplo.
«La comparación con el actual conflicto con los docentes es imposible», le dijo a Tiempo Argentino el politólogo y ex subsecretario de Política Laboral Sebastián Etchemendy. «Cuando asumió Margaret Thatcher, Gran Bretaña venía de varios años de recesión, que había sido producida por el alza de los precios del petróleo, a partir de 1973. Es decir: Inglaterra estaba en crisis, algo que siempre abre espacios para las reformas. Había un enojo con los sindicatos justamente por la dificultad para lograr mejoras». «Acá diferenció Etchemendy no existía la percepción de que había crisis cuando asumió Macri. Veníamos de un período en que los reclamos sindicales, con matices, habían tenido mucha acogida».
El politólogo agregó que en el trasfondo del «triunfo» conservador había una transformación económica. «Habían comenzado a proliferar las centrales térmicas. El carbón iba camino a dejar de ser el principal combustible de la industria.» «Nadie puede decir ahora que la educación sea una industria en declive, que haya menos alumnos o menos demanda real de escuelas. El gremio docente está muy fuerte. Metió 400 mil personas en Plaza de Mayo».
Carlos de Angeli, sociólogo, director del Centro de Opinión Pública y Estudios Sociales de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, coincidió con Etchemendy sobre el contexto en que se dio el conflicto de los mineros con Thatcher. «El proceso estuvo totalmente encadenado con la crisis del petróleo. Gran Bretaña venía de una larga recesión». El sociólogo remarcó que hay estudios historiográficos que prueban hasta qué punto el gobierno conservador se había preparado para la disputa antes de tomar la decisión de cerrar la mina de Cortortwood. «Hay historiadores ingleses que sostienen que estaba planeado. Las minas se habían estatizado después de la Segunda Guerra, y el Estado, antes de disparar el conflicto, había guardado reservas de carbón para cinco años. Es decir que se preparaban para una huelga muy grande y larga».
¿El dato podría compararse, por ejemplo, con el intento de la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal, de convocar voluntarios? «Lo de Vidal sonó a manotazo de ahogado. No me parece comparable con la estrategia de haber guardado reservas de carbón.» «El gobierno tiene los recursos para dar un mejor aumento a los docentes», agregó De Angeli, metiéndose de lleno en la coyuntura. «Pero parece que tomaron la decisión de mostrar un caso testigo para disciplinar. De todos modos, me parece que movilizaciones como las del otro día (la marcha federal educativa) hacen dudar al gobierno sobre el plan. La calle está compleja, muy caldeada». Para el politólogo, profesor de la UBA y de Flacso, Nicolás Tereschuk, hay una sobrestimación sobre el vigor que el proyecto político de Thatcher alcanzó luego de derrotar la huelga de los mineros. «La imagen instalada es que esa victoria le permitió arrasar con todo el Estado de Bienestar inglés, que se había construido después de la Segunda Guerra. La verdad es que no fue tan así. Hubo muchas idas y vueltas. La sociedad acompañó las consignas que proponían el retiro del Estado, creyendo que se reactivaría la economía. Sin embargo, cuando se hicieron los primeros ajustes, Thatcher perdió mucha popularidad y tuvo que recalcular, porque perdían respaldo en su propia base electoral.
El gobierno de Macri, ¿tiene ese rasgo pragmático?
Al inicio de la gestión circuló una percepción de que se trataba de una derecha pragmática. A mí me parece que en general en la Argentina los gobiernos terminan recostándose en una posición ideológica más intensa. Es lo que estamos viendo ahora. No parece primar el pragmatismo. «
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