“Three of a Perfect Pair”: el cierre de otra etapa audaz e inimitable de King Crimson

Por: Raúl Devera

La banda comanda por Robert Fripp desarrolló múltiples estéticas. Su tercer disco de los ‘80 es una prueba más de la creatividad y vigencia de uno de los proyectos más singulares y creativos de la cultura rock.

Cumple 40 años un álbum imposible de pasar por alto. Un disco que desafiaba convenciones y catapultó a sus creadores a nuevas alturas creativas. Three of a Perfect Pair, de King Crimson, no solo marcó el pináculo de su evolución musical en los ‘80, sino que también consolidó su estatus como una de las fuerzas más creativas e influyentes en el universo de la cultura rock.

Three of a Perfect Pair fusiona elementos de jazz, new wave, funk, rock y música clásica contemporánea minimalista, creando un tapiz sonoro diverso y vibrante. La influencia de Fripp como pionero de la guitarra eléctrica es palpable en cada nota, mientras que la habilidad de Adrian Belew (guitarra y voz) para la experimentación sónica añade capas de profundidad al álbum. Las letras, a menudo enigmáticas y cargadas de simbolismo, reflejan la complejidad de las composiciones, que oscilan entre lo caótico y lo sublime. La brillante formación de esa etapa se completaba con el versátil Tony Levin (bajo, stick) y el enorme baterista Bill Bruford.

King Crimson, un paso más allá

El álbum se abre con el enérgico «Three of a Perfect Pair», una explosión de poliritmos y riffs frenéticos que establece el tono para lo que está por venir. Canciones como «Sleepless» y «Model Man» se destacan por sus melodías pegajosas y sus arreglos intrincados, mientras que «Nuages (That Which Passes, Passes Like Clouds)» ofrece un momento de contemplación introspectiva con su atmósfera etérea, que la banda retomaría –con otra formación– en los 2000.

King Crimson en los ’80: Fripp, Levin, Belew y Bruford.

«Industry» y «No Warning» exhiben la destreza técnica de los músicos, con cambios de tempo y estructuras impredecibles que mantienen al oyente en vilo. El cierre épico del disco, «Larks’ Tongues in Aspic Part III», es una oda a la maestría instrumental de la banda, con solos frenéticos y una intensidad que deja sin aliento. También funciona como un guiño a los fans históricos de King Crimson, que conocían la parte I y II de la composición, lanzadas en el mítico disco del mismo nombre, en 1973.

El álbum Three of a Perfect Pair fue recibido con elogios de la crítica y una recepción cálida por parte del público. Si bien su estilo ecléctico y su complejidad musical pueden haber sido desafiantes para algunos, para otros representaba la culminación de la visión artística de King Crimson. Con el paso del tiempo, el álbum ganó un estatus icónico en el canon del rock progresivo y del rock en general, influyendo a generaciones de músicos e inspirando a oyentes de todo el mundo con su audacia y originalidad.

Portada de Three of a Perfect Pair.

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