«Toda la verdad»: Ethan Hawke, una investigación torpe, un pasado que no cierra y una mirada incómoda sobre EEUU

Por: Julia Sazillem

La serie de Disney+ está ambientada en una ciudad atravesada por la violencia racial y evita las explicaciones fáciles. Prefiere el ruido, la incomodidad y la pregunta abierta.

Desde su primera escena, Toda la verdad deja en claro que no está interesada en el heroísmo clásico ni en la épica del periodismo redentor. La nueva serie creada por Sterlin Harjo propone otra cosa: una comedia negra sinuosa, deliberadamente incómoda, que avanza como un policial desviado y se permite dudar, retroceder y reírse de sí misma. En el centro está Lee Raybon, interpretado por Ethan Hawke, un personaje que se autodefine como “truthstorian”: mitad historiador, mitad periodista, mitad conspiranoico, y completamente fuera de lugar en un mundo que ya no sabe muy bien qué hacer con la verdad.

Raybon investiga la muerte de Dale Washberg, heredero de una familia poderosa de Tulsa, en un caso que oficialmente se presenta como suicidio. Pero Toda la verdad no se apura en el misterio ni en las revelaciones. Lo que le interesa es el recorrido, el desgaste, el costo personal y político de seguir preguntando cuando casi nadie quiere escuchar. Harjo filma ese proceso como una persecución absurda, una búsqueda quijotesca que combina golpes, borracheras, errores de cálculo y momentos de lucidez inesperada.

Hawke, frágil, querible y ridículo

Ethan Hawke construye uno de sus personajes más frágiles y ridículos: Raybon no es un genio ni un mártir, sino un tipo torpe, divorciado, con problemas económicos y una relación peligrosa entre su trabajo y su rol como padre. Está más cerca del Dude de El gran Lebowski que de Woodward o Bernstein. Y esa elección es clave: Toda la verdad desconfía del mito del periodista como salvador y pone en escena la figura del “hombre blanco bienintencionado” cargando con una historia que lo excede.

Porque Tulsa no es un decorado neutro. La serie está atravesada por la sombra de la masacre racial de 1921, por el saqueo histórico de tierras indígenas y negocios afroamericanos, y por un entramado de poder que se recicla sin desaparecer. Harjo, miembro de la Nación Seminole, ya había trabajado estas tensiones en Reservation Dogs. Aquí las retoma desde otro ángulo: no desde la comunidad oprimida, sino desde quien intenta intervenir sin poder desprenderse de su lugar de privilegio. La serie no absuelve a Raybon, pero tampoco lo condena. Lo observa.

Graciosa, pero no liviana

Ese equilibrio define el tono: Toda la verdad es muy graciosa, pero nunca liviana. Funciona como un policial que se burla del policial, y como un estudio de personaje que avanza a base de pequeñas humillaciones. El elenco acompaña con precisión quirúrgica: Peter Dinklage, Kyle MacLachlan, Keith David y Jeanne Tripplehorn componen figuras que oscilan entre lo siniestro y lo grotesco, reforzando la sensación de que todos juegan un rol en una comedia demasiado antigua para ser inocente.

Lo más interesante es que la serie nunca promete una verdad definitiva. Raybon cree estar defendiendo una idea de Estados Unidos que quizás ya no exista, o que nunca existió del todo. Pero insiste. Y en esa insistencia hay algo valioso. Toda la verdad entiende que el fracaso también puede ser una forma de ética, y que seguir preguntando, incluso cuando no hay respuestas claras, sigue siendo un gesto político.

Sterlin Harjo entrega así una serie elusiva, irregular a propósito, que prefiere el desvío al impacto y la incomodidad al consuelo. Una historia sobre envejecer, perder, equivocarse y seguir adelante. No porque vaya a cambiar el mundo, sino porque no hacerlo sería aceptar el silencio.

Toda la verdad

Creación y dirección: Sterlin Harjo. Protagonistas: Ethan Hawke, Peter Dinklage, Jeanne Tripplehorn, Kyle MacLachlan, Keith David. Duración: 8 episodios. Disponible en Disney+.

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