«Traducciones sobre un cuerpo”, muestra de Roma Vaquero Díaz sobre el cuerpo, el territorio y la memoria

Por: Patricio Féminis

En estas traducciones sobre el cuerpo la artista despliega 51 obras, entre fotografías, partituras, textiles y video, en la Casa Nacional del Bicentenario.

Las fotografías agrestes multiplican sus gestos en los textiles, los videos y las partituras de la performer artística Roma Vaquero Díaz en la muestra Traducciones sobre un cuerpo. ¿Dónde? En la Casa Nacional del Bicentenario (Riobamba 985). Son 51 obras “en las que la traducción es entendida como una traslación: una acción, un movimiento que lleva de un lado a otro la voz, el gesto y la memoria en múltiples escrituras, rituales y vitales”, dice el texto oficial. Así, Roma Vaquero Díaz se presenta en un territorio: en una memoria ancestral.

Como dice Lucía Seijo en el texto curatorial: “Roma presta su cuerpo como superficie de inscripción: lo que aparece no le pertenece del todo, pero tampoco es ajeno. Se vuelve un territorio común.

 En ese desplazamiento se activa una invitación a habitar esos gestos”. Y a esas huellas Roma “las deja aparecer en el presente y las traduce a través de la materia y el cuerpo. Hay en su insistencia, a través de la fotografía, escritura, performance, una operación de traslado”. Y el papel, el textil y la acción performática son “capas de contacto”.

Cada obra de Traducciones sobre un cuerpo -que se podrá ver hasta el 19 de julio- es el fruto de experiencias de trabajo de campo que hizo Roma Vaquero Díaz para estar en el aquí y ahora: el espacio habla a través de ella y la artista resuena, en sus distintos dispositivos, con los demás.

 ¿Cómo lo ve Vaquero Díaz? “Este es un proyecto que vengo desarrollando desde 2021 -cuenta-. Había una cuestión de no origen, de no lugar, y desde ahí comencé, en otros territorios, a buscar memorias que de alguna manera no eran mías. Y a partir de ese trabajo de campo empezó a aparecer la idea de la muestra Traducciones sobre un cuerpo”.

¿Cómo compartir una experiencia para que los otros puedan vivenciarla? Esa pregunta atravesó a Vaquero Díaz durante el proceso de traslación, de compartir soportes y buscar darle entidad a la muestra. “Parte del trabajo proviene de una residencia artística en Rincón, Santa Fe, donde estuve trabajando en el río, y al ver que había saberes y acciones que no tenían que ver conmigo empecé a preguntarme cómo ponerme en relación con las memorias de otros cuerpos que habitaron ese lugar, ese territorio”, dice la artista. Así, la experiencia del río “aparece en uno de los videos y también en varias de las fotografías”.

A Vaquero Díaz le interesaba “estar allí con la cámara y con el trípode y accionar con el espacio: entrar en relación con el entorno”. En la muestra “hay muchas de estas acciones en distintos territorios que aparecen en las fotografías, en los textiles y en los videos. Luego hay fotografías que pasé con acetona a los textiles, a los que corté, y volví a coser y a bordar, para compartir la experiencia. Los afiches, las partituras, los textiles, las fotografías, funcionan como escritura expandida de esas acciones en los distintos territorios”.

También hay tres video-performances que Vaquero Díaz realizó en la casa de sus padres en Pergamino, cuando tuvo que desarmarla. “Y me parecía interesante el trasplante: traer ese fragmento de Pergamino a esta vidriera en Buenos Aires -dice-. Esa traducción también es una construcción de un cuerpo que tiene que ver con muchos otros cuerpos y con otros territorios que ahora se encuentran en la Casa del Bicentenario”. Y acentúa: “La expansión desde lo performativo hacia otras materialidades siempre está presente en lo que hago”.

Presentación de un libro en «T raducciones sobre un cuerpo

Por eso el sábado 4 de julio, de 17 a 20, Vaquero Díaz realizará en la Casa del Bicentenario la performance duracional 25 acciones para escuchar voces de otros mundos. MOVER Y FONAR. Partiendo del número 25, “asociado simbólicamente a la unión entre la energía práctica y la sabiduría espiritual, desplegaré una serie de acciones para invitar al público a formar parte de una composición en tiempo real”, profundiza ella. La performance “es una pieza más de la exposición y del proyecto, para poder entrar en comunicación con otras memorias mediante el movimiento, la escucha y la posibilidad de tocar y sonar”.

Como dice el texto oficial, esta performance “es una coreografía entre mundos, donde público y artista cohabitan un mismo campo sensible. Un par de amplífonos expanden el cuerpo hacia la traducción y tres campanas dispuestas en el espacio funcionan como nodos vibracionales que pueden ser activados colectivamente, modificando el territorio sonoro y habilitando una composición en tiempo real en la que voces, resonancias y cuerpos se entrelazan, produciendo un paisaje donde lo audible y lo invisible se afectan mutuamente”.

Y, ya el viernes 17 de julio lanzado por La Balsa Editora en julio de 2025. Archivo para recuperarme. Es una novela performática que condensa la investigación que inició en 2020 en torno a la escritura autoficcional y a la dinámica de las imágenes, para interrogar los modos de narrar y reconfigurar la memoria desde el cuerpo, la fotografía y la escritura. Es un libro híbrido con epílogos escritos por Natalia Romero, Valeria Sestua y Romina Casile y por eso “la presentación va a desplegar algunos de los gestos y los materiales que conforman la novela”.

Archivo para recuperarme “trabaja con esta idea de archivo vivo y de memoria, pero también en relación con un grupo de mujeres en una institución mental -explica Vaquero Díaz-. Ese archivo se conforma con historias críticas, anti-historias críticas y escrituras visuales. Me interesa que en las presentaciones se despliegue el material que confluye en el libro, para que pueda desarmarse de distintas maneras, y que ese mismo desarmado tenga que ver con las personas que están participando”. También habrá una charla, compartida con Valeria Sestua, para pensar la publicación como un territorio relacional.

¿Qué siente Roma Vaquero Díaz de cara al público? “Una de las cosas interesantes que me dijeron -piensa ahora- fue entender que cada pieza no conforma una muestra, sino que hay una totalidad. Y que hay algo que es sensible, e infraleve, que tiene una potencia pero que no viene haciendo ruido. Es una presencia que se construye: las piezas en su conjunto conforman esa levedad”. Y, allí, “la posibilidad de estar colectivamente retoma lo vital de la vida. Entonces, no es necesario un mayor despliegue que el que se da junto a los demás”.

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