Científicos de universidades argentinas integran un proyecto internacional de biorrefinería para producir biomateriales y energía en base a restos de las cosechas de maíz, colza y trigo, con procesos de bajo impacto ambiental

“La biorrefinería es un proceso que transforma de manera sustentable materiales vegetales para obtener otros productos biológicos de mayor valor. Biocode es un proyecto colaborativo en el que investigadores de distintos países aportan desde su especialidad. En la Argentina trabajamos con las cosechas de maíz, colza y trigo”, explicó César López, Director de la Especialización en Mejoramiento Genético Vegetal de la FAUBA y docente de la UNLZ, al portal de divulgación científica “Sobre la Tierra”.
El material vegetal se envía al grupo de investigación que tenga la tecnología necesaria para aprovecharlo. Por ejemplo, en Chile se extraen aceites y ceras. Y luego el material viaja a Italia, donde se convierte en ácido láctico, un insumo para elaborar plásticos biodegradables. Finalmente, la fracción restante va a Alemania y a Finlandia. En Alemania, a partir de la lignina se obtiene biocarbón, que se puede usar para mejorar suelos, y en Finlandia, a partir de la celulosa, se genera celulosa microfibrilada, que tiene distintas aplicaciones industriales como aditivo en plásticos, pinturas, cemento y cosméticos”, señaló Déborah Rondanini, docente de la cátedra de Producción Vegetal de la FAUBA.
Las técnicas de bajo impacto ambiental son una parte fundamental de Biocode, ya que se emplean productos químicos biodegradables, reutilizables y de bajo costo. Además, el objetivo del proyecto es que cada grupo de trabajo aprenda de la especialidad de los otros y, por eso, la información sobre los procedimientos que se usan es abierta.
De acuerdo a un trabajo presentado en el Foro Económico Mundial, la adopción de combustibles a partir de biomasa puede reducir significativamente las emisiones de gases de efecto invernadero, contribuyendo a la mitigación del cambio climático.
Los residuos de biomasa, incluidos los de origen agrícola, forestales y alimentarios, a menudo se dejan descomponer, liberando gases de efecto invernadero a la atmósfera. Sin embargo, gracias a nuevas tecnologías para su captura y procesamiento, se puede aprovechar el potencial energético de estos residuos, reduciendo al mismo tiempo su impacto ambiental y diversificando la matriz energética, hoy fuertemente dependiente de los combustibles fósiles.
Además, la conversión de residuos de biomasa en combustibles sostenibles juega un rol central en el restablecimiento del balance de carbono de la naturaleza. Esto ocurre porque -mediante el proceso de fotosíntesis-, las plantas absorben CO2 de la atmósfera, convirtiéndolo en biomasa. Y al ser “quemados” esos biocombustibles, liberan CO2 de nuevo a la atmósfera. Este ciclo resulta neutro en carbono, ya que el CO₂ emitido durante la quema del combustible procede del absorbido de la atmósfera durante el crecimiento de la planta. Se trata de un sistema de circuito cerrado que ayuda a mantener un balance en los niveles de carbono atmosférico, mitigando los efectos adversos de las emisiones de gases de efecto invernadero.
La participación de investigadores y universidades argentinas en el proyecto Biocode no solo implica un valioso intercambio de conocimientos, sino que también es una forma de conseguir fondos para investigar, en tiempos de escasez de recursos para la ciencia.
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