“Travelin’ Band”: el documental sobre Creedence Clearwater Revival narrado por Jeff Bridges

Por: Tony Ruiz

La producción de Netflix echa luz sobre una banda muchas veces menospreciada, pero que fue vital en el crecimiento del rock & roll a nivel global. El puente con “The Big Lebowski” y el show inédito en el Royal Albert Hall de Londres.

En abril de 1970, recién disueltos los Beatles, Creedence Clearwater Revival giraban por primera vez por Europa tras haber editado tres álbumes y varios singles el año anterior. El documental Travelin’ Band (recién estrenado en Netflix) retrata su trayectoria previa e incluye un recital en el Royal Albert Hall de Londres, inédito hasta la fecha. Llevaban más de diez años juntos, pero justo en ese momento y escenario históricos tuvieron su definitiva prueba de fuego, encaramándose durante los meses siguiente a la cima de la música popular.

Narrado por Jeff Bridges, rememorando al fan de Creedence que él mismo protagonizaba en el film The Big Lebowski, la primera parte del documental describe, entre entrevistas con sus miembros y material de archivo, la trayectoria del grupo proveniente de El Cerrito (San Francisco) desde 1959, cuando se llamaban Tommy Fogerty & The Blue Velvets, y luego como The Golliwogs, encarnados en grupo garajero de blues-rock. Sin modificar la formación original, consistente en John Fogerty, voz y guitarra; su hermano Tom Fogerty, guitarra rítmica; Stu Cook, bajo; Doug Clifford, batería, en 1967 se convirtieron en Creedence Clearwater Revival. Según John, el anodino nombre apuntaba a una reconfiguración de las fuentes, enraizadas en las emanaciones pantanosas del sur profundo y el fervor por el rhythm & blues y el soul más nervioso. En el contexto de finales de los ‘60, al lado de la psicodelia ya incipientemente progresiva, el caso Creedence puede verse como un anacronismo conservador.

A contracorriente de la tendencia epocal de alargar las canciones, el grueso de las de Creedence duran 2 o 3 minutos, en consonancia con la tradición del blues o la primera época del rock’n’roll; la brújula de Creedence apunta siempre al mismo lugar: Bo Diddley, Howlin’ Wolf, Screaming Jay Hawkins, Lefty Frizzell, Leadbelly, Marvin Gaye, The Band, Booker T & The MGs, Dale Hawkins, Elvis Presley, Carl Perkins, Them… Guiado por la vehemencia vocal de John Fogerty, el sonido Creedence se basa en células rítmicas arrasadoras, moldeadas por guitarras que reverberan ciertas notas y acordes. Flotando como entre pliegues magnéticos, a veces entre intervalos vacíos, los efectos vivifican en su casualidad el ánimo de la canción. La brillantez eléctrica, inmersa más en rasgueos que en riffs se potencia al mismo nivel que los intemporales cambios de acorde. Las salidas instrumentales de los temas más largos expresan una épica de la precariedad análoga a la de esos hormigueos alongados que entonces solo generaba Neil Young con Crazy Horse.

La primera parte de Travelin’ Band presenta a unos músicos a los que casi nunca antes habíamos escuchado hablar, tipos corrientes con los pies en el suelo. Hay que recordar que Creedence se codeó durante un par de años con Beatles, The Doors, Rolling Stones, Jimi Hendrix o Led Zeppelin. Pero es crucial insistir en la carencia de pretensiones conceptuales, desorbitadas por la mística narcótica. La falta de imaginario visual a posteriori, al margen del propio de las canciones (ese ensamblado vivencial recreado alrededor de la naturaleza, el río y el pantano), y de los ecos de algunos de sus “hits” durante no pocas bandas de sonido de films basados en temáticas de los ‘60, sobre todo la masacre de Vietnam.

Cuando la historia del grupo, en la voz de sus protagonistas (en pleno tour europeo) se hace más atrayente, el documental opta por ofrecer, con una mediocre resolución técnica, el recital del Royal Albert Hall, compuesto por canciones de sus tres álbumes de 1969 (Green River, Bayou Country y Willy & The Poor Boys). Por encima de la estática sobriedad escenográfica, sobresalen del repertorio la ultra electricidad de “Fortunate Son”, la parte final cambiada de “Green River”, Doug Clifford en “Locomotion” reventando las paredes del compás, el gospel esplendoroso de “Midnight Special” y “Night Time Is The Right Time”, o el bajo de Cook en “Good Golly Miss Molly” jugando con la estructura estándar del rock’n’roll.

En algunos círculos se tacha a Creedence de banda “grasa”, básica y simplona. Deben ser los mismos que, con idéntica visión, definieron el rock alemán de los ‘70 como kraut-rock (rock palurdo) intentando denigrarlo. Lo cierto es que Creedence nunca tuvo la mistificación de que “disfrutan” la mayoría de las vacas sagradas de la música pop. El consenso del éxito promueve dar las cosas por sentadas, multiplica los lugares comunes y silencia malentendidos. Valorar más aspectos de los músicos que de la música en sí misma ha producido una mística cultural (industrial) mediante hagiografías, películas, libros y apariciones estelares en la cultura del espectáculo, como si la música fuera ya mero complemento, igualando tal aberrante excedente gráfico con una mayoría espiritual falsa, cada vez más arrogante.

Es posible que las camisas a cuadros de los Fogerty y compañía, el escaso apartado fotogénico (incrementado por la tosquedad de este docu) no quepa en la lectura apologética de discursos que miden la música según su grado de complejidad. Creedence no necesita parafernalia anexa ni sufre de complejos. Funciona más bien por la propia reiteración/obsesión de un estilo que solo se parece a sí mismo, si acaso, a ciertas ceremonias evocadoras de espíritus esquivos, malignos y perversos. El alcance de su hito pasa del rock sureño al country rock; de los últimos Byrds a Little Feat; del rock urbano de Bruce Springsteen o Tom Petty a las diversas sagas de country alternativo o de lo que se llama Americana, a más de indies diversos como Sonic Youth, R.E.M., Meat Puppets o My Morning Jackett, entre montones, que han citado a CCR como referentes.  

El mal rollo entre los hermanos Fogerty (Tom abandonó en 1970 después de editarse su último gran LP, Cosmo’s Factory) o la mala onda con Saul Zaentz, dueño de la disquera Fantasy, llevarían a la separación del grupo en 1972 pero el caudal de Creedence Clearwater Revival es mucho más rico de lo que aparenta. Su tejido sigue sonando con tal convicción que puede sentirse a su través el poso adictivo de una dinámica que transformó en música popular las formas de la música negra y de raíces, sin aditamentos ni poses. Canciones que divulgan la posibilidad no solo espiritual sino re-creativa de desnudar el sonido de revestimientos tóxicos. Allí donde debe estar lo intangible, eso que no puede verse. Y que mueve a la iluminación.

Compartir

Entradas recientes

«Como agua para chocolate» estrena su temporada final

La temporada definitiva de la adaptación del clásico latinoamericano retoma el pulso del realismo mágico…

5 horas hace

Por qué el Congreso no debería aprobar el Acuerdo Mercosur–UE

El acuerdo Mercosur - UE plantea más riesgos que oportunidades para la Argentina.

5 horas hace

Luis Cervera Novo: del circuito del horror al abrazo del barrio, en el juicio Pomar–Orletti

Comenzó el debate oral contra ex agentes de inteligencia ante el Tribunal Oral en lo…

5 horas hace

Con los números a favor: cooperativas, formalización y trabajo digno

El empleo privado registrado lleva 12 años estancado, mientras crecen formas precarias de inserción. Ante…

6 horas hace

Legisladores de LLA acusaron a Kicillof de violento, por la comparación con la dictadura

Pese a ser liberales, les molestó que el gobernador bonaerense comparara la reforma laboral con…

7 horas hace

Ofelia Fernández y Gelatina impulsan una campaña solidaria para los brigadistas de la Patagonia

La comunidad del canal digital respondió con transferencias directas para ayudar a quienes luchan contra…

9 horas hace

Denuncia penal contra Caputo por «manipulación» del INDEC y violación del secreto estadístico

Los legisladores Julia Strada, Germán Martínez y Paula Penacca encabezaron la presentación judicial contra el…

9 horas hace

Una topadora contra los lugares comunes: el nuevo libro sobre Susan Sontag

La puerta de entrada de Melina Alexia Varnavoglou a la obra de Susan fue, aparentemente,…

10 horas hace

Los ambientes periglaciares y una protección que en lugar de achicarse debería ampliarse

Lo que intentamos proteger no es solo al glaciar, al hielo blanco y azul, brillante,…

11 horas hace

Ley de Glaciares: artículo por artículo, los fundamentos legales, científicos y ambientales para rechazar la reforma

La modificación propuesta por el Gobierno nacional es ilegal e inconstitucional. Reduce la protección de…

11 horas hace

Ante la falta de respuesta del Gobierno, reclaman que se declare por ley la Emergencia Nacional en Salud Sexual

Lo exige el Frente Nacional por la Salud de las Personas con VIH, Hepatitis y…

11 horas hace

Rosalía lanzó “Sauvignon Blanc”, el nuevo video de Lux que sorprende por su minimalismo extremo

El clip, dirigido por Noah Dillon, apuesta por una puesta en escena austera y cargada…

11 horas hace