Miles de manifestantes tomaron las calles de una veintena de ciudades francesas en un nuevo sábado de protestas contra el gobierno de Emmanuel Macron.

Las primeras protestas tenían reclamos específicos, ligados al aumento del combustible, una vez que ese objetivo se consiguió cuando el presidente Emmanuel Macron dio marcha atrás con la medida al regresar a su país luego del encuentro del G20 que se desarrolló en Buenos Aires. Luego de eso, a pesar de los pronósticos, las protestas continuaron aunque con una variedad de reclamos típicos de un movimiento no orgánico como este.
Si bien la cantidad de manifestantes fue menguando desde el 17 de noviembre de 2018, fecha en que los chalecos amarillos aparecieron por primera vez en las calles, la legitimidad de las protestas en la opinión pública francesa se mantiene. Los últimos sábados, la policía francesa se mostró menos agresiva, aunque el sábado pasado un manifestante perdió una mano al ser alcanzado por una granada de gases lacrimógenos. Este sábado no se registraron incidentes de envergadura.
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