Trump, el AUKUS y el adios a la OTAN

Por: Marcelo Brignoni

La estrategia a largo plazo de la actual administración de la Casa Blanca deja de lado a la organización creada en 1949 en favor de la alianza pergeñada con Australia y el Reino Unido en 2021.

Estados Unidos ya no es un país constitucional
y su pueblo no tiene influencia sobre su democracia ni sobre
la estrategia de política exterior de Washington

Jeffrey Sachs

Cuando el 4 de abril de 1949, en Washington, Estados Unidos convocaba a Bélgica, Canadá, Dinamarca, Francia, Islandia, Italia, Luxemburgo, Países Bajos, Noruega, Portugal y Reino Unido a fundar la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), la Unión Soviética estaba en pleno auge y la amenaza del comunismo aterrorizaba a la “Europa libre”.

Hoy, 77 años después, la Unión Soviética ya no existe y la influencia geopolítica global de Estados Unidos está en franca decadencia, y a pesar de que desde 1991 la República Checa, Hungría, Polonia, Bulgaria, Estonia, Letonia, Rumania, Eslovaquia y Albania se incorporaron a la OTAN, para expandirla hasta los 32 Estados actuales, la realidad global es bien distinta.

Las protestas oficiales de la nueva Federación de Rusia, por la explícita violación de todos los acuerdos que Estados Unidos había firmado, comprometiéndose a que no hubiera fuerzas militares de ese signo desplegadas en ninguno de los países que formaron parte del Pacto de Varsovia, no serían atendidas por Estados Unidos ni la Unión Europea. Trump por entonces no era presidente de Estados Unidos y ni siquiera se dedicaba a la política. El magnate neoyorquino tiene muchas cosas cuestionables, pero las barbaridades y atrocidades de Estados Unidos no empezaron con él.

En estos últimos años, el viraje de la política global de defensa de Estados Unidos ha sido importante, incluso antes de la llegada de Trump a la Casa Blanca, cuyo sinceramiento de las reales intenciones geopolíticas de su país está logrando que millones de estadounidenses descubran que las sucesivas invasiones, magnicidios, bombardeos y golpes de estado que la CIA y el Pentágono han propiciado por el mundo, no tenían como objetivo al parecer “la lucha por la democracia y la libertad”.

La OTAN viene crujiendo hace mucho, desde que Estados Unidos empezó a considerar que su “alianza militar estratégica” con Europa era poco necesaria y demasiado cara en dólares y gestos políticos. El avance de China y la reconstrucción militar de la Federación de Rusia profundizaron esta hipótesis. La decisión del Reino Unido de abandonar la Unión Europea consolidó esta opinión.

Los gobiernos estadounidenses vienen presionando hace mucho a los gobiernos europeos para que eleven sus presupuestos militares y hagan que ese ampliado gasto en Defensa permita que Estados Unidos disminuya sus aportes. Aun antes de la primera presidencia de Donald Trump, las señales de desdén hacia la OTAN eran cotidianas. Hoy en día la decisión de la Casa Blanca de abandonar a su suerte militar a los países europeos ya es explícita con Ucrania como caso testigo.

El surgimiento del AUKUS

En el mientras tanto y con la excusa de una compra de submarinos por parte de Australia, el entonces presidente Biden decidió oficializar algo que ya era un secreto a voces: el 15 de septiembre de 2021 Estados Unidos anunció la oficialización del AUKUS, la nueva alianza estratégica militar entre Australia, Reino Unido y Estados Unidos; distinta y autónoma de la OTAN.

La preocupación por el control del Indo-Pacífico, las nuevas rutas marítimas árticas y el control del Atlántico Sur y el ingreso a la Antártida aparecen desde entonces como elementos prioritarios de la estrategia del nuevo AUKUS. La lucha contra el “yihadismo”, genocidio palestino incluido, se le ha “delegado” a ‘Bibi’ Netanyahu.

Mientras la Unión Europea, y sobre todo Francia, aparecían sorprendidas por el anuncio del AUKUS, empezaban a acumularse provocaciones de todo tipo de la OTAN en Ucrania. Provocaciones que darían origen al segundo paso del cambio de estrategia: consiste en dinamitar cualquier tipo de relación entre Europa Occidental y la Federación de Rusia para transformar a Europa en un territorio dependiente e inerme ante las decisiones de Estados Unidos sobre ellos. Pocos meses después del anuncio del AUKUS, se iniciaría en Ucrania la Operación Especial de Rusia. Era el 24 de febrero de 2022, y la Unión Europea desde entonces decidiría inmolarse en los brazos de Estados Unidos, impulsando una rusofobia incomprensible y dinamitando literalmente los gasoductos Nord Stream y las relaciones comerciales que le permitían abastecimientos de energía barata, de origen ruso, para su funcionamiento familiar, urbano e industrial.

Desde aquel anuncio conjunto del primer ministro australiano Scott Morrison, el primer ministro británico Boris Johnson y el presidente estadounidense Joe Biden, AUKUS no es sólo un reforzamiento del núcleo anglosajón de defensa estratégica. Tampoco es una más de las estrategias de defensa de Estados Unidos. Es, centralmente, una nueva hipótesis de trabajo recientemente reforzada en lo conceptual por la difusión de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional 2025 (www.whitehouse.gov/wp-content/uploads/2025/12/2025-National-Security-Strategy.pdf). Dicha estrategia desarrolla la premisa de que gobiernos pasados de Estados Unidos hicieron “un cálculo erróneo” en cuanto al poder y la disposición de Washington para “atender” problemas globales y financiar los esfuerzos de resolución de conflictos que no tienen incidencia directa con sus intereses. Surge así un cambio de paradigma, un nuevo marco de trabajo en el que solo los intereses fundamentales de Estados Unidos deben guiar la acción exterior del país y su política de seguridad y defensa estratégicas. De la seguridad europea que se ocupen los europeos y sobre todo que la financien ellos mismos.

AUKUS es también un programa de desarrollo de submarinos de propulsión nuclear de largo alcance y un trabajo de cooperación en inteligencia artificial, tecnología cuántica y cibernética, instalaciones industriales militares y sus respectivas cadenas de suministros globales. Parece ser el certificado de defunción de la OTAN.

La segunda presidencia de Trump

Desde enero de 2025 hay nuevo inquilino en la Casa Blanca. Entre sus primeros anuncios se recuerda la decisión de intentar acuerdos de convivencia con la Federación de Rusia, abandonado a Ucrania a su propia suerte, ignorando a su vez a Europa tanto en el plano militar de la OTAN como en el político especifico del Grupo de los 7. Su explícita decisión de abandonar todo tipo de reconocimiento de las estructuras multilaterales fundadas por Estados Unidos en la posguerra, y cuyas mayores instalaciones están en Nueva York, completa el estado de desesperación de los europeos por estos días.

Foto: Captura NA

El regreso de Trump a la Casa Blanca ha ridiculizado como nunca a esas estructuras multilaterales del europeísmo. Su rol hoy solo se resume a aplaudir o protestar. El reciente anuncio de la vocación de “anexión” de Groenlandia a Estados Unidos ha sumido a la OTAN en una situación sin precedentes: una alianza que se presentó como la defensa colectiva de sus miembros ante agresores externos hoy se enfrenta a la posibilidad de que su miembro fundador y más importante ataque a otro de sus integrantes.

La Casa Blanca anunció sin sonrojarse, después de invadir a Venezuela y secuestrar a su presidente, que esta “discutiendo diversas opciones” para tomar el control de Groenlandia. Además, dejó en claro que recurrir a la opción militar es una hipótesis que está descartada.

Es un sinceramiento de la política real de Estados Unidos, que ahora se difunde sin filtros, eufemismos, ni estrategias de “marketing democrático”. En ese sentido, el subjefe de gabinete de Trump, Stephen Miller, lo resumió en una definición elocuente: “Somos una superpotencia y nos comportaremos como tal”.

Groenlandia

La fascinación de Estados Unidos por Groenlandia se remonta a finales del siglo XIX, cuando el entonces secretario de Estado William Seward, quien en 1867 había comprado Alaska a Rusia por 7.2 millones de dólares, pidió “cotización” para comprar Groenlandia e Islandia y transformar a esas islas en territorios estadounidenses.

Un informe de 1868 encargado por Seward (que también codiciaba Canadá) señalaba la gran riqueza pesquera, animal y mineral de Groenlandia. Según el texto, la adquisición de la isla podría también obligar a Canadá (situado entre Alaska y Groenlandia) a pasar a formar parte de Estados Unidos.

La desesperación de esos frenéticos días del inicio de 2026 provocó que diplomáticos de Groenlandia y Dinamarca se reunieran con funcionarios de la Casa Blanca para pedir explicaciones. Grande fue su sorpresa cuando les ratificaron las intenciones de Trump y su gobierno, basadas en lo que consideraron “los alcances del acuerdo de 1951”.

El acuerdo de defensa firmado en 1951 entre Estados Unidos y Dinamarca ( www.state.gov/wp-content/uploads/2019/02/04-806-Denmark-Defense.done_.pdf ) otorga a Washington el derecho a construir, operar y mantener bases militares en toda Groenlandia, desplegar personal y controlar operaciones aéreas y marítimas. Es un margen tan amplio que, en la práctica, Estados Unidos considera que puede obtener casi todo lo que quiera simplemente informándoselo a Dinamarca.

El silencio europeo ante la “amenaza Groenlandia”, y sobre todo el de Ursula Von der Leyen, virtual delegada de Trump en la Unión Europea, es atronador. Un continente que se arrastra. Y aunque asumen que Trump los desprecia, siguen implorando el apoyo militar y diplomático de Estados Unidos en su cruzada por Zelensky. Trump, de todos modos, ha denostado a Zelensky en público y en privado en innumerables ocasiones.

A tal nivel llega la situación que Keir Starmer, el premier británico, quien no desperdicia la ocasión de presentarse como un empleado de Trump, fue sorprendido por un periodista. “¿Qué valor tienen estos compromisos de seguridad de Estados Unidos que usted nos comenta en relación a Ucrania mientras en el más alto nivel del Gobierno en Washington se habla de confiscar el territorio de otro miembro de la OTAN?”, le preguntó el cronista. Starmer sólo emitió evasivas mientras el enviado especial estadounidense, Steve Witkoff, y el yerno de Trump, Jared Kushner, presentes en el lugar, sonreían ante la inocultable sumisión europea.

AUKUS versus OTAN

Europa ya no cumple ninguna función estratégica en el nuevo tablero geopolítico militar global dominado por Estados Unidos y la Organización de Cooperación de Shanghái y, por ende, tampoco la OTAN parece ya importarle a nadie que no sea europeo. Incluso Europa ha estado financiando la defensa de Ucrania durante más de un año ante la reticencia del Congreso de Estados Unidos, de mayoría republicana, de aportar más dinero a lo que consideran “una causa perdida”.

En estos días el debate se acelera y dos parlamentarios franceses, uno en el Parlamento Europeo y otra en la Asamblea Nacional de París, han presentado casi al mismo tiempo propuestas antagónicas. Mientras el eurodiputado francés Raphael Glucksmann pidió que el capítulo europeo de la OTAN establezca una base militar permanente en Groenlandia para “enviar una señal contundente a Trump y contrarrestar el argumento estadounidense de que somos incapaces de garantizar la seguridad de Groenlandia”, la vicepresidenta de la Asamblea Nacional de Francia, Clémence Guetté, anunció este 9 de enero la presentación de una propuesta de resolución para organizar la retirada de su país de la OTAN, comenzando por el mando militar integrado. “Más que nunca, se plantea la cuestión de la participación de Francia en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), una alianza militar liderada y al servicio de Estados Unidos, país que ahora, además, anuncia la invasión de Europa”. Esta iniciativa se hace eco de varias propuestas anteriores presentadas desde 2022, que también abogaban por la retirada del mando militar integrado y la salida completa de Francia de la OTAN. 

Más allá de sus planes a nivel internacional, fronteras adentro a Trump no parece importarle mucho la opinión de sus conciudadanos. De hecho, todas las encuestas le auguran una derrota estrepitosa en las elecciones de medio termino de Estados Unidos y en el caso específico de Groenlandia una encuesta de YouGov indicó que sólo el 7 % de los adultos estadounidenses se mostró a favor del uso de la fuerza para anexar Groenlandia, mientras que el 72% se opuso.

Lo que podría venir

El ascenso inicial de Trump al poder en 2016 se vio favorecido por su arraigada oposición a la invasión de Irak en 2003 y otras costosas “guerras eternas”. Sin embargo, Trump declaró en estos días al New York Times -diabólico periódico ‘woke’ según sus estrafalarios asesores- que la supervisión estadounidense de Venezuela podría durar años, tras el secuestro del presidente Nicolás Maduro. Dijo también que el derecho internacional no significa nada y que es mucho menos importante su propia moral personal.

Así las cosas, los aliados históricos de Estados Unidos se han quedado sin retórica, respeto, ni valores que les permitan hacer otro papel que no sea el de súbditos medievales del rey de Washington, quien ha decidido tirar del mantel y romper la vajilla si no se cumplen sus deseos.

El tiempo dirá si puede cumplir sus amenazas.

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