Esta semana se llevó a cabo en Buenos Aires la cumbre del Woman 20 (W20), una reunión de delegadas de las principales economías mundiales cuya tarea fue elaborar un pliego de recomendaciones para plantear a los mandatarios de sus países que se reunirán a principios de diciembre en Buenos Aires durante el G20 y son, precisamente, 18 hombres y dos mujeres.

El motivo del reclamo es contundente: si realmente se quiere achicar la desigualdad de género a nivel global lo primero que hay que hacer es darle voz a quienes vienen sufriendo la marginación o, al menos, dejarlas elegir a sus representantes. En el encuentro convocado en el CCK no pasó eso. Los paneles, en cambio, contaban con presencia de empleadas jerárquicas de las distintas corporaciones que auspiciaban el evento (Coca Cola, Johnson & Johnson, DIRECTV, Google o Danone, entre otros) y se llegó al punto de que el único espacio destinado a plantear el problema de la violencia de género estuvo a cargo de un hombre: Ivan Jablonka, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad Paris 13 que tituló su ponencia “¿Puede el feminismo detener la violencia machista?”.
En el encuentro del Congreso, por otra parte, representantes de las organizaciones sociales argentinas debatieron sobre las luchas por una vida digna en el territorio, los efectos de las políticas neoliberales y la violencia económica. Hubo espacio para plantear la vulneración de derechos que sufren las disidencias sexuales y también para insistir con el reclamo que movilizó al país y a todo el continente: Aborto legal, seguro y gratuito.
El contrapunto entre uno y otro encuentro se repitió a lo largo de todo el año en que Argentina asumió la presidencia del G20 y en cada una de las reuniones de los siete grupos de afinidades que coordinó (Business 20, Civil 20, Labour 20, Science 20, Think 20, Youth 20 y Women 20) y que tuvieron como misión generar propuestas para la cumbre de líderes de diciembre. Macri intentó utilizar ese lugar de anfitrión que le tocó en suerte durante su mandato como un elemento favorable que abonaba al discurso de que bajo su administración “la Argentina volvió al mundo”. Pero la agenda coincidió con la profunda crisis económica que atraviesa el país y las organizaciones sociales están dispuestas a mostrar al mundo esta contracara.
Tiempo y la Fundación Rosa Luxemburgo se unieron para trabajar juntos en la cobertura de estos eventos y reflejar las diferencias entre el discurso oficial y las demandas del movimiento de mujeres y diversidades. Porque nuestra sociedad necesita información confiable para tomar decisiones sobre lo que un grupo de dirigentes pretende definir a puertas cerradas «
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