«Una batalla tras otra»: acción, política y la mirada crítica de Paul Thomas Anderson

Por: Demián Kaltman

Leonardo DiCaprio y Sean Penn protagonizan un relato sobre idealismo, traición y lucha colectiva. La película aborda la criminalización de la inmigración y el ascenso de grupos extremistas con intensidad narrativa.

Inspirada libremente en Vineland, la novela que Thomas Pynchon publicó en 1990, la historia de “Una batalla tras otra” trasciende su marco original de los años ochenta y se proyecta hacia la actualidad. Paul Thomas Anderson no delimita con precisión el tiempo en que transcurre la trama, y esa ambigüedad refuerza el mensaje político para volverlo universal, especialmente al poner en primer plano la inmigración como parte del conflicto. En un contexto global de discursos xenófobos y políticas restrictivas, el relato puede identificarse como una denuncia del régimen actual de Estados Unidos.

El comienzo es contundente: un grupo de rebeldes ataca un centro de detención para liberar a inmigrantes retenidos en condiciones inhumanas. Ese acto inicial, cargado de violencia y urgencia, define el tono de los 170 minutos posteriores. Anderson no suaviza los enfrentamientos; por el contrario, los convierte en parte del pulso narrativo, sin que ello diluya la atención en los personajes y sus contradicciones.

La historia se centra en la relación entre Bob Ferguson (Leonardo DiCaprio) y Perfidia (Teyana Taylor), militantes de la agrupación revolucionaria French 75. Ambos encarnan la fuerza del idealismo, pero la llegada inesperada de una beba a sus vidas tensiona la lealtad política y la intimidad afectiva. Esa grieta personal desemboca, dieciséis años después, en un giro dramático: la adolescente se convierte en objetivo militar, lo que reabre viejas heridas y reactiva las persecuciones.

Sean Penn interpreta al coronel Steven Lockjaw, antagonista implacable que comienza como comandante de un centro de detención y termina inmerso en redes supremacistas. Penn entrega una actuación magnética: cada gesto transmite la mezcla de rigidez militar y crueldad patológica que define al personaje. Frente a él, DiCaprio compone a un revolucionario en decadencia, atrapado entre su paternidad y su incapacidad para abandonar el alcohol y las drogas. Las tensiones entre ambos dan lugar a algunos de los pasajes más intensos de la película.

La película está repleta de acción y suspenso, pero también encuentra momentos de humor con la aparición de Benicio del Toro, especialmente en las escenas que comparte con DiCaprio. El puertorriqueño personifica a un sensei que aloja y trabaja con inmigrantes ilegales. Con este personaje, equilibra el dramatismo de la trama y amplía la perspectiva sobre el mundo subterráneo en el que se mueve la historia.

Lo más llamativo de Una batalla tras otra es cómo Anderson logra fusionar la espectacularidad hollywoodense -tiroteos, persecuciones, explosiones- con un trasfondo crítico que rara vez se aborda en el cine estadounidense. Al igual que en Petróleo sangriento (2007), el director construye un relato sobre la ambición, la corrupción y la resistencia frente a sistemas deshumanizantes. Pero aquí introduce, además, un debate sobre la solidaridad y la lucha colectiva como formas de sobrevivir en un entorno opresivo.

La película dialoga con preocupaciones actuales: la criminalización de la inmigración, el ascenso de grupos extremistas y la naturalización de la violencia institucional. Desnuda esas tensiones, apoyándose en la fuerza de la ficción para incomodar al espectador. No se trata de un mero entretenimiento; es una interpelación directa sobre lo que significa resistir en sociedades que legitiman la exclusión.

El ritmo narrativo mantiene la atención sin decaer; la duración no es un problema. Cada secuencia aporta un matiz nuevo, y la extensión se justifica en la construcción de un fresco coral que va más allá de la historia central. Anderson se permite digresiones, pero todas confluyen en un retrato más amplio de la violencia sistémica y de la respuesta de quienes se atreven a desafiarla.

Como si fuera poco, Anderson logra planos únicos y juegos de cámara ciertamente atractivos y originales. Esa misma dinámica lúdica se refleja en la dirección de actores: cada intérprete encuentra un espacio para brillar sin desentonar con el conjunto.

En los días previos al estreno, Steven Spielberg calificó la película como “la mejor del siglo XXI”. El elogio suena prematuro, pero no resulta descabellado afirmar que estamos ante una obra mayor del cine contemporáneo. Una batalla tras otra combina entretenimiento y reflexión, espectáculo y pensamiento crítico, y lo hace con una potencia visual y narrativa que difícilmente deje indiferente a quien la vea.


Una batalla tras otra

Inspirada en la novela Vineland de Thomas Pynchon. Director y guionista: Paul Thomas Anderson. Elenco: Leonardo DiCaprio, Sean Penn, Chase Infiniti, Benicio del Toro, Teyana Taylor, Regina Hall, Tony Goldwyn, James Downey, Wood Harris, Shayna McHayle, Alana Haim, Starlette DuPois, D.W. Moffett, Paul Grimstead y James Raterman. Estreno: jueves 25 se septiembre. En cines.

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