Una catarsis personal que se hizo colectiva

La actriz y bailarina Brenda Fabregat sobrevivió a una ruptura amorosa volcando sus experiencias en las redes las sociales. Luego se asoció con Eloísa Tarruella y ese material terminó alimentando la obra El mundo en mis zapatos.

Se conocen de toda la vida y encontraron la manera de trabajar juntas. Eloísa Tarruella y Brenda Fabregat le dieron forma a El mundo en mis zapatos, el primer unipersonal de ambas y un desafío que sobrellevaron con esfuerzo y entusiasmo. Escribieron la obra entre las dos, Tarruella asumió la dirección, Fabregat se subió al escenario y a partir de allí nació una propuesta que articula drama, comedia y stand up para contar la historia de una mujer en crisis.

Nunca mejor dicho aquello de basado en hechos reales: «Yo estaba viviendo en Carpintería, un pueblo cerca de Merlo, San Luis. Mi relación de pareja se había resquebrajado por completo y tenía hijos chiquitos. Era todo muy caótico. Me quedaban sólo dos opciones: la depresión o la escritura catártica. Por suerte elegí la segunda. Abrí la ventana de Facebook y empecé a escribir todos los días una especie de monólogos. Con el tiempo lo que empezó como una herramienta para salvarme la vida se convirtió en otra cosa. No lo pensé, sólo se dio. Recibí el llamado de Eloísa y me propuso armar un unipersonal. Como la admiro, acepté sin titubear. Y acá estamos», revela Fabregat. 

Tarruella, por su parte, dice que «la habilidad de reírse de las penas diarias es algo muy teatral. Me pareció atractivo armar una comedia autobiográfica sobre lo que ella contaba en las redes sociales. Era genial y autentico. Ella nos cantaba lo que le pasaba. Me di cuenta de que tenía mucha potencia, más con su estilo de escritura. Le agregamos algunas pautas generales para que tenga dinámica, buscamos, probamos y le encontramos la vuelta».

El mundo en mis zapatos incluye seis personajes que transitan la soledad, frustraciones profesionales, amorosas, dificultades familiares y demás cuestiones asociadas a la experiencia humana. Todo ese cruce de penas y risas –el humor es un elemento central de la obra– en el marco expansivo de una noche de Navidad. ¿Qué mejor situación para expresar el caos de la vida moderna? 

«Gracias al humor uno se permite decir muchas cosas que de otra manera sería mucho más difícil. El humor sana y salva», asegura Fabregat a modo de conclusión. Tarruella agrega: «La obra pasó de una catarsis de Brenda a una catarsis colectiva. No está nada mal». «

El mundo en mis zapatos. Domingos a las 19:30 en la sala Pan y Arte (Boedo 880).

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