El modelo de país del presidente: el esquema agroexportador de fines del siglo XIX y comienzo del XX.

Para que un modelo económico como el actual tenga chances de aplicarse sostenidamente en el tiempo se requiere, entre otras cosas, una composición parlamentaria que, como está ocurriendo, le dé vía libre al gobierno para avanzar con su plan. De allí que es indispensable que los sectores mayoritarios de la ciudadanía tomen conciencia a tiempo de que las políticas implementadas van en contra de sus propios intereses, lo cual nos remite a la batalla cultural.
No por nada el mencionado empresario hizo referencia al “plan platita”, acepción que intenta darle sentido negativo a las políticas que buscaron mantener el nivel de consumo de las capas de menores ingresos. Si, antes de la gestión libertaria, los argentinos y las argentinas salían a gastar es porque salían a cubrir desde sus necesidades más esenciales hasta irse de vacaciones. Se trata de mejorar la calidad de vida de la mayoría de la población y así mantener la actividad económica y las fuentes de trabajo.
Con el argumento del “plan platita” se intenta culpar de la inflación a las políticas redistributivas del anterior gobierno, cuando los principales responsables eran los formadores de precios (es decir, las muy grandes empresas en mercados muy concentrados). Si hubieran aumentado la producción en vez de remarcar ante la mayor demanda, los aumentos de precio se hubieran aminorado. Puja distributiva en estado puro.
Debido fundamentalmente a la correlación de fuerzas, el gobierno anterior no pudo tomar las medidas que tenía que haber tomado para que los formadores de precios no aumentaran el costo de los bienes y servicios. El CEO de Gomería Neumen, Roberto Méndez, lo dijo con todas las letras: “estaban robando las multinacionales, nosotros los empresarios, porque teníamos un mercado que no era real. Nunca ganamos tanta plata como cuando nos permitieron hacer lo que estábamos haciendo”. Eso no quiere decir que todas las empresas de estos sectores ahora pierdan. La diferencia es que en el marco del actual modelo hay grandes empresas que van a importar lo que antes producían o compraban en el mercado interno (y así mantener su fuente de ganancias). En definitiva, los que pierden son los/as trabajadores/as y las pymes que producen para el mercado interno.
Crecimiento heterogéneo y despidos
Esta semana se conoció el Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) de diciembre 2025, dando como resultado una economía que “rebotó” en el cierre del año, impulsada fundamentalmente por la gran cosecha de trigo (50% superior a 2024 y 75% por encima de 2023), la cual aportó más de la mitad del 3,5% del alza interanual del nivel de actividad en diciembre. Si analizamos el acumulado de los 12 meses del año (anticipando el valor del PIB) resulta un 4,4% mayor en comparación con el año anterior.
¿Cómo se condice este crecimiento de la actividad con el recurrente cierre o paralización de fábricas de diversos rubros que se conoce día a día? La respuesta está en la heterogeneidad que se observa en la evolución sectorial. Si tomamos la producción de todo 2025 con respecto a 2023, las divisiones con mayor crecimiento fueron el sector agropecuario (+41%), Intermediación Financiera (+19%) y explotación de minas y canteras (incluye la extracción de petróleo y gas, +16%), al tiempo que generan tan solo el 9,2% del empleo registrado privado. En contraste, los sectores más intensivos en mano de obra, como la industria manufacturera (-8,1%), la construcción (-14%) y el comercio (-3,6%) fueron los sectores con peor desempeño y los que absorben casi la mitad del empleo registrado.
Las encuestas de Supermercados y Autoservicios Mayoristas del INDEC dan cuenta de la difícil situación actual del consumo interno. Durante 2025 las ventas conjuntas de ambos crecieron apenas un 0,6% frente a 2024, posicionándose en uno de los peores valores de la serie. No casualmente la dinámica se agravó a partir de la segunda mitad del año pasado: el momento coincide con una fuerte destrucción de empleo privado registrado a partir de junio, acompañada de una reducción real en los salarios de dicho sector laboral.
Algunos casos en particular de compañías en crisis lo constituyen la conocida situación de la productora de neumáticos Fate, las dificultades en la industria fueguina con una empresa con pedido de quiebra que afecta a más de 140 trabajadores/as que reclaman el pago de sueldos y el sector metalúrgico, cuya cámara (ADIMRA) señaló que la actividad cayó 6,2% interanual en enero y que la utilización de la capacidad instalada del sector se encuentra en niveles similares a los del peor momento de la pandemia.
Además, la alimenticia Georgalos notificó una nueva ronda de 20 suspensiones con recorte salarial y la Forestadora Tapebicuá, una de las principales empresas del rubro e integrante del grupo Celulosa Argentina, en su planta de Gobernador Virasoro, Corrientes, desde agosto del año pasado no tiene actividad (poseen cerca de 400 empleados). A su vez, desde la Cámara Argentina de Perfumerías señalaron que en los últimos dos años cerraron 700 perfumerías y en la actualidad cierra un local por mes.
Según los datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), más de 21.000 empresas cerraron desde que asumió el presidente Javier Milei. La realidad está matando al discurso.
Uno de los principales motivos que esgrimen los propios empresarios industriales para explicar este achicamiento del sector es la apertura importadora que implementa el gobierno nacional. Las cifras oficiales señalan que se llevaron a cabo 138 medidas puntuales para abrir la economía y liberalizar el comercio desde el comienzo de la gestión libertaria. El foco estuvo puesto en la desregulación y en la apertura a productos que vienen del exterior para aumentar la competencia: 88 cambios apuntaron a las importaciones. Esta lógica es la que subyace a acuerdos recientes como el del Mercosur y la Unión Europea y el de nuestro país con Estados Unidos, que agravarán el cuadro descripto. El otro factor que influye negativamente y con mayor fuerza es el achicamiento del mercado interno, consecuencia en gran parte de la pérdida de poder adquisitivo de los ingresos de la población y del incremento de la precarización laboral, deterioro que se agudizará luego de la reciente aprobación de la reforma laboral.
En definitiva, la situación se corresponde con el modelo de país que el Presidente trata de consolidar, una adaptación del esquema agroexportador de fines del siglo XIX y principios del XX. Un esquema profundamente regresivo y basado en los recursos naturales, y actualmente en la producción y exportación de minería, combustible y agro, en el que la Argentina se posiciona como factoría que provee bienes primarios al mundo, mientras que la mayor parte de los productos con valor agregado se importan. «
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