Una historia de vida y debut sexual entre chapas y tablones

Por: Gustavo Varela

Columna de opinión

Madera y hierro. Los tablones se movían como olas. El domingo era griterío y euforia, pañuelos de cuatro puntas y los jugos Pindapoy. En la puerta del Gasómetro de Avenida La Plata estaba «Chupete», con una galera en la cabeza. Siempre: zapatos negros y medias grises, sentado con un cajón de lustre y un cartel pegado en la galera escrito con tinta de lapicera Scheffer. No veía los partidos; jamás lo vi en la cancha, ni en los pasillos ni en las tribunas. Siempre en la puerta, los domingos, viendo todo.
Entre las tribunas y la cancha había un pasillo que rodeaba todo el estadio. Era más que una necesidad de la arquitectura; era un ágora circular donde la gente se encontraba para hablar. Todos debían ir por los pasillos para entrar a cualquier lugar de la cancha: los periodistas, los ex jugadores, las mujeres, los niños, los directivos, los que tenían guita y los secos. Era un espacio donde no había diferencias y todo quedaba a la vista: un día lo vi al tucumano Albretch y él me guiñó el ojo; otro día un viejo le pegó un paraguazo a García Blanco, el periodista que iba con el gordo Muñoz; en un partido de noche, el gringo Scotta pateó una pelota que rebotó contra un tablón y fue a parar al pasillo, justo donde yo estaba.
Fue en esos pasillos donde vi por primera vez en mi vida a un hombre llorar. En 1968, cuando salimos campeones, mi tío me vino a buscar a la platea de niños, me abrazó y lloró como si él tuviera seis y yo 30 y pico. Después de un rato, se secó las lágrimas con el pañuelo, me miró a los ojos y me dijo: no hay que llorar. Y con sus dos manazas de mecánico se tapó la cara y siguió gimiendo como un chico.

Al lado de la cancha, por la calle Muñiz, había un conventillo. Ahí vivían los Vera, el Narigón y el Cabezón, en el fondo, pegados al baño. Por el techo de los baños saltábamos para ir a la cancha. Los días de partido o los otros días. Incluso los lunes, que el club estaba cerrado. Caminábamos por las chapas que estaban debajo de las tribunas para recoger lo que se le había caído a la gente el domingo. Monedas, alguna cadenita; una sola vez una billetera con poca plata. Dábamos toda la vuelta. Era como estar en las entrañas del Gasómetro, caminar por las tripas. Nadie nos veía. Un día salté con María Inés, los dos solos (el narigón Vera me pidió cinco pesos para dejarme pasar). Nos sentamos en las chapas debajo de la tribuna visitante. Yo tenía unos cigarrillos Benson de mi viejo. Eran caros. Fumamos y después nos empezamos a besar. Ella se sacó la remera, arriba de las chapas, arriba mío. Gemía mucho, entrecortada, miraba para un lado y para otro. Yo me sentía Tarzán. No sabía nada de nada; sus gemidos eran el efecto de mi fortaleza, eso creía. Hasta que ella encontró el Ventolín. Soy asmática, me dijo, después darse una dosis. Esa mañana, debajo de la tribuna de la calle Mármol, dejé de ser un pibito para siempre.

El 2 de diciembre de 1979 no sabíamos que el cero a cero con Boca era el último partido. Zorrería de gorra y botas; en plena dictadura no había espacio para defender al Viejo Gasómetro de su desaparición. La canalla dirigencial que lo entregó arde en el mismo infierno que el milico que lo ofreció como parte de un negociado, no hay dudas de eso.
Estuvo cerrado muchos años. Un día llegaron unos tipos y comenzaron a desarmarlo. Los hinchas pasaban y se llevaban algo, un pedazo de tablón, una arandela, un azulejo de la pileta. Lo que se iba de a partes era la historia, una que había que volver a tejer en otro lado.
A Chupete no lo vi nunca más. Y mi tío nunca entendió  por qué en el Nuevo Gasómetro no hicieron un pasillo como aquel.

Compartir

Entradas recientes

La “historia desobediente” que se abrazó con la madre de Floreal Avellaneda

Iris Avellaneda recibió en su casa a la hija del represor Miguel Clodoveo Arévalo, implicado…

3 horas hace

La interna mileísta se reactiva a pesar de los triunfos en el Congreso

Las tensiones entre el clan Menem y Santiago Caputo volvieron a aflorar. Sturzenegger cree que…

3 horas hace

Asalto a los trabajadores: Milei tiene los votos para la reforma laboral esclavista

La norma modificada en Diputados se debatirá el viernes 27 de febrero en el Senado.…

3 horas hace

El triunvirato de la CGT se tomará su tiempo mientras el FreSU ya reclamó un paro de 36 horas

La conducción gremial reunirá a su mesa chica el lunes y definirá el miércoles el…

3 horas hace

Reapareció Moyano y dijo que el paro de la CGT fue «contundente»

El referente de Camioneros cuestionó la reforma laboral que impulsa Milei. Dijo que ataca "conquistas…

3 horas hace

Las aristas del debate interno en el PJ tras la votación de la reforma

Hubo señalamientos duros del camporismo a los gobernadores del Norte. La posición de Kicillof y…

3 horas hace

El aporte de la policía de Macri al plan represivo de Milei

Las señaladas por la represión son Bullrich y Monteoliva, pero Macri hace su aporte.

4 horas hace

El Gobierno busca blindar la reforma laboral ante la ola de juicios que se viene

Según especialistas, además de las derogaciones regresivas que contempla el proyecto, hay factores que complicarán…

4 horas hace

Organizaciones sociales: ¿debilitamiento o reconfiguración?

El gobierno nacional se jacta de haber neutralizado la confrontación callejera. Tres dirigentes sociales analizan…

4 horas hace

Los industriales y Fate: entre el miedo al efecto dominó y la utopía del reperfilamiento

El cierre de la fábrica nacional en San Fernando tiene en vilo al sector del…

4 horas hace

Minerales argentinos great again: un negocio para Trump y sus intereses geopolíticos

El acuerdo con Estados Unidos deja en evidencia un negocio en ascenso armado a la…

4 horas hace

Milei y sus fanáticos del subdesarrollo

Para los funcionarios del gobierno, el ejemplo a seguir es Perú, que tiene 70% de…

4 horas hace