La obra Berlín en Buenos Aires retrata la vida de una pareja de artistas que llega a nuestro país después de la caída del nazismo. Jessica Schultz, guionista y actriz, y Carlo Argento, director, indagan sobre el impacto de una tragedia que todavía deja espacio para la reflexión.

«La idea de gestar esta obra fue también una forma de reflexionar sobre qué pasó con el nazismo y sus secuelas luego de la guerra. También investigué las conexiones que había en nuestro país, que eran reales. Pero las quise contar desde el punto de vista humano, desde las personas que vivieron ese proceso. Me encontré con varias historias de este tipo, entonces diseñé una ficción alrededor de esa dificultad de tener que negarse para sobrevivir», señala Schultz, que en televisión trabajó en más de 40 proyectos entre los que se destacan Somos Teatro (Canal á) y programas de mucho rating como Montecristo (Telefe) y Poliladron (Canal 13).
Los protagonistas de Berlín en Buenos Aires son Hanns (Fernando Migueles) y Helga (Jessica Schultz). Él, director de la orquesta del Teatro de Berlín y colaborador del nazismo; ella, cantante judía que elude el exterminio gracias a que Hanns se enamora de ella, le cambia la identidad y la transforma en una estrella del teatro. Luego de la caída de Berlín en manos de los rusos, huyen juntos hacia Buenos Aires y consiguen trabajo como personal doméstico, en la mansión de un empresario alemán. Hanns buscará desesperadamente recuperar sus vidas como artistas. Helga ya no será la misma.
Sostiene Schultz: «El arte rescata la memoria, que es algo que no debemos postergar, algo que como argentinos no podemos permitir, menos ahora cuando se quiere dar beneficios a genocidas. Creo fervientemente en el teatro como una herramienta poderosa para rescatarnos del olvido, conmoviéndonos ante un relato. Es una forma de luchar contra el olvido. Como nieta de inmigrantes polacos, el tema de la identidad ha atravesado mi vida desde la infancia. Pienso que es vital reconstruir lo que pasó. La memoria juega un papel esencial en el marco de las devastadoras consecuencias, que aún arden, de los genocidios del siglo pasado. Pero también nos abren los ojos por los horrores que hoy aún suceden.
Carlo Argento, director de la obra, agrega: «Es un texto agudo que me llevó a indagar sobre los alcances del amor, del sometimiento, de los límites que se pueden o no cruzar para lograr salvarse. Es un texto que aborda cuestiones propias de la condición humana, tales como el ocultamiento y sus consecuencias, y pregunta si es viable ser otro y olvidar el pasado. Todo con canciones y en una puesta musical que ayuda al espectador a sobrellevar la dureza de la realidad retratada».
El director también destaca que la obra lo movilizó desde el primer momento. «Me atrajo la posibilidad de contar los errores de la historia, revisitarlos. Creo fervientemente en la necesidad de hacerlo porque lo que pasa actualmente no está muy alejado de aquello, con otras formas, pero los genocidios son algo que no se deben dejar en el pasado jamás», concluye Argento. «
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