Si hay algo que exacerba es la organización de las mujeres y diversidades de la clase trabajadora.

Cada 8 de marzo es el Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras porque recordamos a las obreras que murieron en el incendio de una fábrica textil en Nueva York, a principios del siglo pasado. Sus condiciones de trabajo eran inhumanas y entonces decretaron la huelga. Los patrones provocaron el fuego y mataron a 150 de ellas. En algunos casos junto a sus bebés.
Si hay algo que le molesta al capital es la organización de la clase trabajadora. Si hay algo que exacerba es la organización de las mujeres y diversidades de la clase trabajadora. Es inaceptable. Somos su pesadilla porque siempre nos organizamos para enfrentar los obstáculos que nos imponen para vivir. Y así llenamos las ollas en nuestras casas y también en los comedores comunitarios donde no llegan los alimentos ni los útiles que Pettovello esconde, mientras exhibe su goce sádico.
Cada 8 de marzo marchamos para recordar, pero también marchamos para denunciar y reclamar. Cuando no gobernaba Milei –mañana recién se cumplen 15 meses de su asunción, aunque nos pese como si fuera una década– la efeméride determinaba que la del 8 de marzo fuera la primera marcha del año. Y era y es una marcha que no sólo nos arroja a las calles, sino que implica un amasado enérgico de las consignas y reivindicaciones.
Desde hace casi una década el bloque sindical –conformado por la CGT, las CTAs y la UTEP con la CCC– es protagonista de esos procesos. Porque desde el bloque sindical transfeminista (cuesta todavía que se adopte esa categoría) decretamos el primer paro al gobierno de Mauricio Macri –el germen de este que sufrimos hoy– y denunciamos el hambre y explicamos que la deuda es con nosotres y exigimos que la paguen los que se fugaron, entre otros reclamos que se acumulan y no pierden una pizca de vigencia. Es más, se renuevan como la deuda con el FMI. Hoy estamos ante la mayor estafa a nuestro pueblo que pierde derechos cada día, que ve cómo el Estado se vuelve su verdugo porque el Estado sí está presente, pero para pegar y gasear a las jubiladas y jubilados que se organizan y reclaman.
El bloque sindical se conformó en tiempos de combatir la amenaza que el gobierno de Macri suponía para los derechos laborales y para las políticas de género. En esa intersección radica lo valioso del bloque: sabe que su herramienta de transformación es el sindicalismo y también reconoce que el transfeminismo es profundamente anticapitalista (que es casi lo mismo que decir antipatriarcal).
La potencia del bloque sindical transfeminista es arrolladora: desafía las leyes de un mundo descartable cuando defiende el trabajo registrado con sus convenios colectivos y las paritarias, pero también cuando abraza a las trabajadoras de la economía popular y cuando reconoce las tareas de cuidado como trabajo.
Unidad de las trabajadoras y al que no le gusta que se joda. Y sí, se joden un montón, incluso dentro de las organizaciones sindicales. Porque nosotras y nosotres –a pesar de nuestras diferencias y contradicciones– trabajamos también para la unidad. Porque están saqueando nuestra Patria y no hay tiempo para las mezquindades.
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