El grupo angelino celebró su clásico, "The Blue Album", con una puesta deslumbrante y un campo en estado de éxtasis. Un viaje en technicolor al corazón del rock alternativo de los noventa.

Los miembros del parnaso rockero alternativo sueltan amarras con “My name is Jonas”. En el campo se desata un infierno encantador. Un periplo sin escalas a los tiempos de descuento del vaquero Bush padre en Gringolandia y también del menemismo duro en estos pagos. De repente, saltás y sentís que volvieron los años noventa con sus sueños y pesadillas americanas. “Workers are going home / Workers are going home”, grita la hinchada laburante en estos tiempos de desempleo libertario nostálgico del menemato.
Formación ideal muestra el cuarteto, mejor dicho quinteto, sobre las tablas. Al frente el nerd Rivers con stratocaster y correa del rayo que no cesa, sostiene el bajo Scott Shriner, en la segunda viola ataca Brian Bell, al tridente de guitarras y coros se suma el ex batero Patrick Wilson y aporreando los parches esta noche brilla -¡sorpresa!- Josh Freese de los Nine Inch Nails. Equipo de los sueños.
Rock sónico, pop pesado, aura grunge. La deriva de los californianos se pinta de azul, verde, rojo, blanco y radiante en las pantallas según el disco que visitan. Pasan “No One Else”, luego la fumada “Hash Pipe” y al final surfeamos a lo Beach Boys deprimidos con “Surf Wax America”. Con “Undone – The Sweater Song”, el pogo es un film melanco de Spike Jonze, director del video plano secuencia de los perritos que rotó hasta el infinito en los tiempos dorados de la ahora decadente MTV.
¿Querés más? Los Weezer tiran con toda su batería de hits inoxidables: “Island in The Sun”, sigue el clima veraniego con “Holiday” pero te ocultás de tanto calor “In The Garage”, crónica del under arriba del Río Bravo. Devotos del metal pesado, suman un homenaje bien oscuro, del Álbum Negro de Metallica traen “Enter Sandman”. En vez de cuernitos, las manos se unen en las alturas dibujando la “W”.
Cuomo, egresado con honores de Harvard, es un académico de pocas palabras. Habla cuando canta sus poemas melancos, irónicos, ácidos, dolorosos, amorosos. Recién a mitad del show se despacha con un modesto “Argentina, primera vez, teníamos muchas ganas de venir”. El campo se rinde a sus pies y al toque suena esa oda sarcástica al frígido y careta “Beverly Hills” angelino. Cuomo reescribe el estribillo y menciona a Buenos Aires al pasar. Ciudad de pobres corazones.
Para el cierre llega primero “Pork and beans”, con mención especial: «Diego Maradona knows the way”; luego «El Scorcho», coreada de principio a fin; y postrera “Say It Ain’t So” con el estadio derrumbándose.
El grand finale es a toda orquesta rockera. “Buddy Holly”, homenaje a la serie Happy Days, se baila hasta el fin de la noche y más allá. Recordando los días felices.
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