Una de las figuras de la vanguardia local que desde hace más de tres décadas viene desarrollando una mirada singular sobre la improvisación acaba de lanzar un nuevo disco, esta vez en compañía de Luciana Bass. “Un vínculo que empezó en un festival”, cuenta Wenchi Lazo, derivó en una visita de la rosarina Bass a Buenos Aires, en la que, previo al acondicionamiento del “departamento de un amigo”, ambos se pusieron con sus respectivas guitarras a registrar una hora de improvisación que la edición posterior convirtió en los siete tracks donde lo que se escucha es lo que existe, incluso si existió fácticamente en mayo de 2025. Eso es la improvisación: un acto único. Porque, si bien toda conexión artista-público lo es, aquí no hay expectativa, no hay un oído preformado al sonido que se recibirá; lo que se presenta es eso y no se repetirá, y la escucha no dejará memorias, residuo alguno que, al volver a escucharlo, permita anticipar acorde, ritmo, sentido.
“Es una práctica, en realidad, bastante habitual en los improvisadores, la de juntarse”, explica Lazo sobre el encuentro con Bass, para diferenciarlo de las colaboraciones habituales entre músicos. Y si bien la idea de juntarse se remonta a 2019, cuando ambos coincidieron en ese festival en Rosario —y hubo alguna sesión informal—, recién después de la pandemia decidieron “darle forma a una reunión, juntarnos a improvisar y a grabar”. Y eso tuvo lugar cuando Bass pasó una semana en Buenos Aires dando conciertos: “Aprovechamos ahí para hacer la grabación que ya veníamos como pensando desde hacía un par de años”.
La improvisación es algo que Lazo abrazó en los noventa —casi un pionero—, cuando formó el grupo Capitanes de la Industria. Tiempo después amplió sus inquietudes en un proyecto con Nico Sorini y Franco Fontana Rosa, “más orientado hacia el groove y cierta cosa de canción, pero dentro de la improvisación”. Mientras exista, sin decir que se trata de un nuevo rumbo, porque en el universo de la improvisación eso del rumbo no existe, es una propuesta de otras características.

“En el tema de la improvisación muchas veces justamente el hecho de carecer de la preparación es lo que hace a la improvisación”, señala como característica distintiva de este trabajo en el que grabaron una hora de música. A diferencia de la improvisación “estilística” —jazzística, tanguera, rockera—, en la que sí se preparan de antemano, en Mientras exista casi no hubo previa, por decirlo así. “Casi que es mejor no prepararlo, porque eso permite más espontaneidad en el momento de la grabación.” La verdadera preparación, sostiene, son los años de práctica: “Esta actitud espontánea frente al momento presente de grabar o de tocar en vivo”.
“La actividad más antigua en la música es la improvisación libre”, afirma sin ánimo de eslogan, solo a modo de indicación de cómo la cultura, así como sostiene y otorga identidad y distinción, a veces hace olvidar los más elementales atributos humanos. Por eso, a diferencia de los grupos más convencionales —que ensayan antes de encarar una grabación—, el dúo no tuvo lo que podría llamarse una entrada en calor. “La verdad que no mucho”, cuenta. Y entonces la curiosidad es cómo se organiza la cosa. “No necesariamente hay más reglas que escucharse principalmente, y ver cómo quienes participan encaran la interacción dentro de esa escucha y de esa emisión”.
En esta especie de “la regla de no tener reglas”, Lazo señala que buena parte de las dudas del público sobre la improvisación libre “provienen de haber escuchado mucho composición/interpretación tradicionales”. “Es importante tener en cuenta que la improvisación libre debe haber sido la primera actividad musical en la historia. Nadie vino con partes en neandertal y dijo vamos a tocar esto porque cazamos el mamut, y puso la corchea, digamos. O sea, tocaron. Fue una especie de ritual momentáneo por el suceso que haya acontecido, alegre o triste, y ni siquiera sé si pensaban en esos términos”.

Así que, en Mientras exista, ni siquiera hubo algún pacto sobre hacia dónde ir antes de apretar “grabar”. “No hay acuerdos de palabra antes de las improvisaciones. Es simplemente ponerse a tocar.” Tampoco recuerda quién arrancó primero aquella tarde: “Arranca el que primero toca, o a veces los dos juntos. No es una cuestión de pauta ni de ponerse de acuerdo”. De esa sesión de más de una hora quedó apenas la mitad. Las siete improvisaciones, de las quince que quedaron, guardaban el criterio de “tener los momentos donde hay más sustancia en ese encuentro”, sabiendo que el resultado es irrepetible: “Si lo grabara hoy sería completamente distinto, y si lo grabáramos mañana sería completamente distinto”.
Este guitarrista, que comienza a estudiar música a los 11 años en el Conservatorio Albistur y en la Escuela Superior de Guitarra de Walter Malosetti —y entre 1988 y 1992 estudia guitarra con Pino Marrone—, dice que el crecimiento tanto de la producción de la improvisación libre como de los circuitos que la difunden es algo que viene sucediendo desde 2010. “En los 80 en la Argentina no había más de diez personas practicándola. Europa viene de bastante antes porque ya desde finales de los 60 —pienso en Inglaterra, Alemania— ya estaban haciendo este tipo de cuestión. Y después el free jazz norteamericano en la segunda mitad de la década del 60.” Y la escena, cuenta, terminó de armarse con aportes de músicos de jazz, pero también de la “electrónica, el ruidismo y el rock con instrumentos eléctricos”.
Y si los músicos se animaron, el público no se quedó atrás. “Tenés que ir a escuchar con los oídos abiertos al hecho de que no necesariamente vas a tener un resultado musical óptimo. Eso es parte del juego.” Parte fundamental, agregaría uno. “Antes las audiencias escuchaban desde una lógica de estilos, esperando un resultado previsible y graduando la calidad según la intensidad de la representación. Eso, en la improvisación, no existe. Tenés que ir a escuchar.” Como con Mientras exista: “Con los oídos abiertos y desprendidos de la idea de expectativa de resultado musical”.
Mientras exista – Wenchi Lazo y Luciana Bass
Wenchi Lazo: guitarra eléctrica, objetos, pedales. Luciana Bass: guitarra eléctrica, objetos, pedales. Grabado por Nacho Esbó en mayo de 2025 (Tapera Records móvil), Buenos Aires, Argentina. Mezcla y master por Martín Actis. Arte de tapa por Luciana Bass.