Es una continuidad de los acuerdos suscriptos por Cristina Kirchner entre 2014 y 2015. Prevé inversiones y cooperación en diversos sectores.

No habrá avances en los proyectos para ampliación de la planta Nuclear Atucha III –cajoneado con la excusa de la crisis económica local hace un par de meses–, aunque desde Balcarce 50 informaron que se tratará la relación argentina con la Obor (las siglas en inglés para «Un cinturón, un camino», como se llama a la ruta de la Seda con que China viene apostando fuerte para el desarrollo del comercio con sus países amigos). Además, se hablará de la ampliación del swap otorgado para reforzar las reservas del Banco Central Argentino y de Vaca Muerta.
Para el embajador chino en Buenos Aires, Yang Wanming, el total de documentos a firmarse será cerca de 40. Nada hace prever que habrá cambios de última hora, a pesar del disgusto de los chinos tras aquella calificación de «depredadora» que según la jefa de Prensa de Trump habría sobrevolado la conversación mantenida en la Casa Rosada.
No suele ser con un portazo que los asiáticos muestran su irritación, de manera que por ahora seguramente todo transcurrirá entre sordinas diplomáticas pero, como dice la canción de León Gieco, «todo queda en la memoria» y habrá que ver cómo se corrige este desvío hacia futuro, en vista de que China es para la Argentina un socio comercial y estratégico ineludible, más allá de la voluntad política o las presiones de Washington para quitar esa competencia del medio.
Ni bien Macri asumió el gobierno, la construcción de las represas que el gobierno de Cristina Fernández había licitado para la provincia de Santa Cruz con financiación y socio chino, Gezhouba y contrapartida de Electroingeniería. Luego, el Gloriagate puso el foco en las constructoras nacionales y en la brasileña Odebrecht, acusadas de coimas para obtener licitaciones. El dueño de Electroingeniería, Gerardo Fereyra, de hecho está preso, aunque no es el único, se sabe.
Entre los documentos que el ministro de Economía Nicolás Dujovne firmó en el marco del G20 con su par estadounidense Steven Mnuchin figura uno de cooperación energética que abre las puertas a constructoras norteamericanas para participar en licitaciones. Para los malpensados, ese era el objetivo inicial de las denuncias contra empresarios argentinos: meter una pata en la obra pública. Como parte de los PPP, los planes público-privados, tras la vista de Trump se acordó la inversión de 250 millones de dólares de la estadounidense Astris. Desde el otro lado del mundo, la empresa China Construction American formó una UTE para construir la autovía Anguil-Santa Rosa de la Ruta 5.
En el encuentro de hoy –será la quinta vez que Xi y Macri están frente a frente– esas cuestiones no quedarán al margen de la charla que llevarán a cabo en la Quinta de Olivos. Tampoco los convenios firmados en marzo para la renovación de la línea San Martín y Belgrano de cargas con la asiática CRCC. «
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