Yoel Schvartz: «Netanyahu está entre la reforma judicial y la pared»

Por: Darío Brenman

El experto en la Shoá detalla la crisis del país por la reforma judicial del gobierno y la inminente decisión de la Corte Suprema sobre su constitucionalidad. Tensiones con la ultraderecha y protestas sociales.

El historiador Yoel Schvartz integra el Yad Vashem, el Centro Mundial de Conmemoración de la Shoá, y es uno de los mayores expertos del mundo sobre el Holocausto. Con Tiempo habla de la situación en Israel y la inminente decisión de la Corte Suprema sobre la constitucionalidad de la primera de una serie de leyes de la reforma judicial que impulsa el gobierno de Benjamin Netanyahu.

-Israel está transitando un momento histórico y puede suceder que los sectores más ultraortodoxos se apoderen de un Estado y cambien sustancialmente la vida de los israelíes. ¿Cómo comienza este conflicto?

-Existe una corriente que se crea a partir de la colonización de Judea y Samaria, después de “la Guerra de los Seis Días”, de un nacionalismo llamémoslo supremacista, que comienza a desarrollarse entre los colonos del denominado sionismo religioso. Este sector gira alrededor de un proyecto de colonización de los territorios que busca institucionalizar un sistema de desigualdad de derechos entre la población árabe palestina y la población judía. Su objetivo es ser una especie de vanguardia de la sociedad israelí y para eso necesita transformar el Estado, es decir, la matriz que surgió en 1948.

-¿Qué puede pasar con la decisión de la Corte?

-La Corte Suprema tiene que decidir si es constitucional la primera de una serie de leyes de reforma judicial que elimina el principio de razonabilidad. Se trata de un principio que permitía a los jueces oponerse a una ley, disposición o nombramiento del poder ejecutivo o inclusive una ley del parlamento contra lo que sería el sentido común, es decir aquello que una persona establece como correcto en una circunstancia normal. A lo largo de los años los jueces pudieron oponerse a nombramientos de personas no idóneas a un cargo público o cuestionar presupuestos inflados para poblaciones en detrimento de otras. Si la cuestionan por inconstitucional y la reenvían al parlamento, Israel por primera vez en su historia estará en una crisis constitucional en un país que no tiene constitución. 

-El gobierno de coalición incluye al Likud, al que pertenece el primer ministro Netanyahu. ¿Existe en ese espacio homogeneidad de criterios?

-El Likud pasó de ser un partido de un nacionalismo liberal en la época de Menajem Beguin a transformarse en un partido de la derecha casi radical y tradicionalista. Hoy es un partido religioso más. Por otro lado, Netanyahu en algún momento se opuso a los avances sobre el sistema judicial que hoy está avalando. Hay discursos donde expresa que un Estado no puede sobrevivir si no garantiza la independencia absoluta del sistema jurídico y de las cortes de justicia. Esto cambia a partir del 2015-2016 con su implicación en procesos por corrupción, abusos de autoridad y delitos relacionados con su conducta personal como primer ministro, la de su familia y allegados. A partir de eso comenzó a transformar su discurso sobre la independencia del sistema judicial, que es el primer paso de lo que después va ser una reforma total del Estado de Israel.

-¿Nadie de la oposición vio venir está avanzada de los sectores más radicalizados?

-Un paso importante de este proceso fue que después del asesinato de (Yitzhak) Rabin (en 1995) no hubo una real toma de conciencia de lo que estaba pasando dentro del sionismo religioso. Los procesos y las corrientes ideológicas dentro este espacio siguieron prácticamente intactas. A partir de la complicación judicial de Netanyahu comienza un proceso de inestabilidad política, porque como líder del principal partido de la derecha no va a permitir ningún tipo de estabilidad que no le garantice poder salir sin daños de su situación judicial.

-¿Cómo se posicionan los militares en esta situación?

-La mayoría de los ex generales están movilizados contra el gobierno, esto incluye personas que han dirigido tanto el Mossad como el Shin Bet. Ellos entienden que a largo plazo el proyecto final es la anexión de facto de Judea y Samaria y transformar ese gigantesco Estado en un apartheid con una ley para los judíos y otra para los árabes. Quienes trabajaron en el pensamiento estratégico de Israel de los últimos treinta o cuarenta años ven esto como un desastre para el futuro del país.

-¿Netanyahu es rehén de la ultraderecha o está convencido de lo que promueve? 

-Creo que si tuviese con quien, buscaría llegar algún acuerdo, porque entiende las proyecciones económicas e internacionales que ocasiona este modelo que quiere imponer. El vínculo con Estados Unidos está muy deteriorado, lo mismo con los países árabes. Netanyahu impulsó junto con Trump primero y Biden después una serie de acuerdos con los países árabes moderados que se están licuando con todo este proceso de reforma judicial. Él está entre la reforma y la pared, porque los únicos que lo sostienen son los partidos de la extrema derecha, con amenazas de que si no se encolumna va a terminar cayendo. Y dentro de la coalición gobernante hay sectores que no tienen nada que perder y van por todo. Estos estuvieron  toda la vida en los márgenes tanto de la sociedad como de la política israelí, están dispuestos a cualquier cosa para mantener el poder que han obtenido.

-¿Qué retrocesos hubo en materia de derechos civiles con este gobierno?

-Uno de los partidos de la coalición gobernante, el Noan, tiene una preocupación muy grande por lo que llama la familia judía, a la que sienten amenazada por la ideología de género. Por eso plantearon la posibilidad de intervenir en el Ministerio de Educación en todos los proyectos de organizaciones vinculadas con esa línea. La ministra de Medio Ambiente acaba de publicar una disposición que ordena preparar un programa para generar la separación de género en los parques públicos. En Israel, como sabemos, hace mucho calor, por eso existen parques donde hay manantiales y la gente va a refrescarse. La idea es que hombres y mujeres no puedan entrar al mismo tiempo. Habría días para unos y otras. Es una exigencia de los partidos religiosos. Ni hablar de presupuestos para el desarrollo de la población en ciudades árabes, cosa que Netanyahu aprobó hace tres o cuatro años y hoy día recortó.

-¿Qué sectores acompañan las movilizaciones?

-Son bastante transversales y además de Tel Aviv existen protestas importantes en lugares como Natania o Beersheva, en la periferia geográfica y social del país. Por supuesto que hay sectores de mucha preponderancia: el académico; los ex combatientes, especialmente los oficiales de alto tango y de las unidades de elites. La protesta tiene gran apoyo del mundo de la alta tecnología, que es el motor económico de Israel. Los no judíos, es decir los árabes israelíes, se involucran menos. Una de las características de la protesta es que el tema árabe-judío está soslayado. Si bien algunos plantean que no puede haber democracia con la ocupación y la discriminación, no es tema en las protestas. A mediano plazo eso va a cobrar más y más fuerza, porque en paralelo crece la violencia en Judea y Samaria tanto de grupos armados palestinos contra israelíes como de grupos armados israelíes contra palestinos. La impunidad de los colonos necesita de esta reforma judicial también para ejercer violencia contra los palestinos, todo está atado a lo mismo.

-Está claro que hay muchas diferencias entre el ejército que está a favor de las protestas sociales y la policía…

-La policía es el principal activo del gobierno para defender la reforma que yo llamaría autogolpe, porque es asumir el poder para transformar las reglas del juego con las cuales asumiste. Algunos lo hacen por conveniencia, otros por obediencia a los mandos naturales. Esta fuerza de seguridad está siendo controlada por un ex convicto, Itamar Ben-Gvir, que era miembro de una organización de la ultraderecha racista judía y busca crear una milicia armada que le responda directamente para poder controlar lo que ellos llaman la “gobernabilidad”, que significa reprimir a discreción la protesta social tanto dentro de Israel como en Judea y Samaria,

-¿Ante estos acontecimientos es posible un éxodo otros países del mundo? -Absolutamente. Uno de los fenómenos sociales que hasta ahora nadie puede medir es el alcance de las personas que se van del país. Personalmente conozco a muchos y hay un aumento considerable de inversiones inmobiliarias de israelíes en Europa. Muchos dicen que no quieren que sus hijos se eduquen y crezcan en este sistema, o que estén en el ejército sirviendo a una dictadura. Es un fenómeno que se da en el sector social más pudiente. Y en paralelo están las organizaciones económicas, que están considerando si quieren o no seguir invirtiendo en el país y buscan otros mercados que sean más atractivos y le ofrezcan una mayor seguridad jurídica

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