Lo acontecido en Caracas este 3 de enero es un nuevo capítulo en la historia de la construcción de un orden internacional tripolar basado en “zonas de influencia”.

La portada de una revista del Departamento de Estado con la fotografía del presidente Donald Trump y una leyenda “es nuestro hemisferio” caracteriza muy bien lo que significa, que Latinoamérica y el Caribe son zona de influencia de Estados Unidos y que los países de esta área del mundo deberán tener relaciones geoestratégicas adecuadas con ese país.
El concepto de un orden internacional basado en «zonas de influencia» no es un evento único y aislado sino un patrón recurrente a lo largo de la historia de las relaciones internacionales, manifestándose de diversas formas en múltiples ocasiones y épocas. No se puede contar un número exacto de veces, ya que es un modelo de organización geopolítica que ha surgido repetidamente.
Algunos de los momentos y sistemas internacionales más destacados basados en este principio incluyen:
Ahora todos los acontecimientos apuntan fundamentalmente a la consolidación de un orden internacional tripolar con una potencia militar yeconómica, Estados Unidos, una potencia principalmente económica y crecientemente militar, China, y una potencia principalmente militar en ascenso económico, Rusia.
En ese orden tripolar Europa Occidental y Central semejan el personaje de Becket en su obra Esperando a Godot con un vacío existencial, viviendo en un mundo absurdo, carente de sentido y propósito. Y fuera de la literatura en la realidad geopolítica internacional sin peso e influencia reales.
Latinoamérica y el Caribe seguirán esperando el sueño de Simón Bolívar de una confederación anfitriónica de estados. Porque jamás en tiempos recientes la región ha estado más fragmentada que en esta última década.
El secuestro de Nicolás Maduro y su esposa, la muerte de decenas de venezolanos y cubanos por los bombardeos en Caracas serán calificados como daños colaterales de una operación geopolítica “quirúrgica” de Estados Unidos.
Otros las calificarán como la consecuencia de la ruptura de la legalidad internacional por parte de Washington.
En la historia de las relaciones internacionales esos trágicos acontecimientos quedarán registrados como la sangrienta consolidación de un orden internacional tripolar basado en las “zonas de influencia”.
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