“Cambio cambio”, una película sobre el submundo de las cuevas financieras, los “arbolitos” y el deseo de salvarse

Por: Martina Delgado

Entre el documental y la ficción, entre la historia romántica y el thriller financiero, este film de Lautaro García Candela hace foco en el mercado negro de la venta de dólares y en un amor que nace al ritmo de los movimientos del "blue" cuyo escenario es la calle Florida.

“Cambio cambio”, el soundscape del microcentro porteño, trepa por esta película como un eco insistente. Más que una simple transacción, este sonido marca el ritmo del sueño de una vida más placentera. Está en el vertiginoso mercado negro de la venta de dólares, el submundo de las cuevas financieras y los “arbolitos”, peones de la trama económica de la Argentina. Pero también está en la historia de Pablo (Ignacio Quesada), un joven de 20 años, que trabaja en la calle Florida repartiendo volantes hasta que se enamora de Florencia (Camila Peralta), una estudiante de arquitectura que le muestra la ciudad de otra forma.
Foto: Prensa

 A partir de ahí, con la idea de dar el batacazo y “salvarse”, Pablo le pide ayuda a su amiga Daniela (Valeria Santa) para meterse en el mercado negro de dólares y empieza a trabajar como arbolito en la cueva de Daniel (Darío Levy). La película oscila entre el documental y la ficción, entre la historia romántica y el thriller financiero. A medida que Pablo se sumerge en el oscuro mundo del microcentro, descubrimos cómo su propia búsqueda se entrelaza con el devenir económico de Argentina. Las palabras «Cambio cambio» resuenan como un leitmotiv que refleja la vorágine de los sueños, las ambiciones y transformaciones en juego. Tiempo Argentino conversó con Lautaro García Candela, el director de esta película que se estrena este jueves 16 en Malba Cine, Cacodelphia y salas de AMBA y el país. 

¿Qué te impulsó a hacer Cambio cambio?

-En el 2019, cuando me mudé al microcentro, hubo un salto del dólar muy grande entre las PASO y las generales que revolucionó Florida. Ahí vi muchas cosas. Una vibración, un lío y un frenesí que nunca había visto. No es ninguna novedad: lo que pasa en la política y en la economía impacta de lleno en la vida común de la gente. Pero había ahí una expresión muy concreta en la calle de eso y me resultó muy estimulante para hacer una película. De todas maneras, transcurrió un tiempo hasta que pude empezar a filmar. Tengo una aproximación clásica al cine, no me mandé a firmar hasta que no tuve un guión y  empezamos el rodaje. Primero tuve que pasarlo por el tamiz de la ficción. 

Foto: Prensa

-Aunque la historia sea ficticia, tiene un registro documental. 

-Me interesa captar la vibración de la calle. La parte documental es inseparable del cine. Esa posibilidad que tenemos de filmar la ciudad y las calles es algo que es específico del cine, otro arte no lo puede hacer. En Cambio Cambio se da una especie de dialéctica. Por un lado, la película es muy convencional narrativamente, tiene un principio, un desarrollo y un final; tiene su costado dramático, su historia amorosa, y picos de relieve y tensión. Por otro lado, está filmada en la calle. Entonces, al costado convencional de la ficción se le suma la parte documental. Ahí se genera una especie de relación conflictiva entre el control de la ficción y el descontrol del documental. Y traté de juntarlos, aunque fueran cosas opuestas en cierto punto.

Cambio Cambio transcurre la mayor parte del tiempo en la calle Florida, ¿cómo lograste eso teniendo en cuenta que es un mercado ilegal? 

-Tuvimos que negociar con la calle para filmar. Para hacer la peli investigué un montón. Desde teoría sobre economía hasta trabajo de campo. Entrevisté a arbolitos y a cueveros. Ahí se generaba algo muy interesante porque no tenían la misma relación con la economía. Entre el arbolito y el jefe hay diferencia sobre todo de saberes. Cuando yo le preguntaba a los arbolitos por qué subía el dólar o buscaba respuestas sobre las causas y efectos de las cosas, no sabían qué contestar. Es algo que evidentemente requiere un saber específico. Y los financistas sí lo saben. Para los arbolitos y para la mayor parte de la sociedad el valor del dólar es un número público que está ahí todos los días, tiene el mismo estatuto que el clima, algo que pareciera regirse por fenómenos naturales incontrolables. Es un número que se te es dado, digamos. Pero ese número atrás encierra muchas cosas. Entonces, un poco lo que yo hice es lo que hacen los personajes de la película: tratar de entender cuáles son las razones de las diferentes subidas y bajadas del dólar. 

Los arbolitos son muy refractarios a la idea de ser filmados. Les han hecho cámaras ocultas y los medios los estigmatizan aunque son el eslabón más bajo de la cadena financiera. Traté de enfocarlo desde otro lado y me hice amigo de ellos, me gané su confianza, eso me llevó a entender mejor los códigos de la calle Florida y a partir de eso saber cuándo, cómo y dónde filmar. Si vos le clavás la cámara al lado, el arbolito pierde su día de trabajo, porque nadie va a querer cambiarte si tenés una cámara, te están escrachando. Traté de ser muy respetuoso con los códigos y modificar lo menos posible la vida en la calle para poder registrarla. Con algunos arbolitos tuve tanta confianza que hasta aparecen en la película. Lo primero que tuve que hacer es mucho trabajo campo, entender cómo funciona ese micromundo para meterme ahí sin ser un turista.

Foto: Prensa

-Además de esta diferencia de saber entre los cueveros y los arbolitos, ¿qué más encontraste? En la película se ve la trayectoria particular de dos arbolitos, pero es un universo con historias y recorridos de vidas muy distintos, ¿no?

-Sí, los protagonistas de la película no son “arbolitos clásicos”, por así decirlo. En general los arbolitos son inmigrantes y están expuestos a mucha precariedad, son gente que vive al día, a comisión. Es un trabajo que un día te puede dar mucha plata y durante una semana tal vez no cambiás nada. Entonces, yo eso lo adapté a la ficción, pero todas las historias que están en la película son historias que me contaron ellos. Cuando me senté a escribir lo que hice fue organizar esos relatos.  

-¿Y en relación con los cueveros? 

-Bueno, ahí se juegan otras cosas. Algo interesante es que ellos hacen una distinción entre lo legal y lo legítimo. Está instalada la idea de que es algo ilegal pero legítimo en la medida en la que cambiar dólares vendría a ser un servicio a la comunidad. El gobierno no te deja comprar dólares entonces vos estarías ofreciendo un servicio que la gente necesita.
En la película traté de no juzgar. Los protagonistas arbolitos también están timbeando, están jugando a ser financistas a una escala muy pequeña y muy precaria. Ellos empiezan preguntarse por qué suceden las cosas para poder hacer una diferencia de plata, pero tienen una especie de saber más concreto. No quería hacer ninguna bajada de línea, es tanta la precariedad que no te podés poner a hacer consignas.

-Hay un cambio en relación al saber en la película. Cuando ellos empiezan a saber más cosas es cuando más se profesionalizan.

-Sí, me parece que es una salida. El saber es poder, te hace pasar de la pasividad a la actividad. Ellos pueden agenciarse un espacio en tanto aprenden sobre sus condiciones de existencia y entienden de dónde salen las cosas. Y también otra cosa es que tienen un sentido de comunidad muy fuerte. Estas dos cuestiones, el aprendizaje y el sentido de comunidad, para mí era fundamental ponerlas en la película porque creo que tienen un valor político muy grande. El cine genera modelos de conducta. Por eso me parecía interesante pensar las alternativas de vida que uno tiene ante la precariedad. El aprendizaje y la comunidad son buenas respuestas, no sé si son únicas ni si son las mejores, pero son las que se me ocurren.

Estreno de “Cambio Cambio” 16/11 Cine Arte Cacodelphia

Capital Federal: Malba Cine (viernes 20 horas)

La Plata: Cinema Paradiso (14:00 – 16:20 – 22:40)
GBA: Showcase Norte – Cinépolis Avellaneda – CMP Adrogué 
Provincias: Leonardo Favio (Córdoba) – Cinépolis (Mendoza) – Espacio Incaa La banda (Sgo del Estero) – Espacio Incaa Villa Regina (Río Negro).

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