El gran cineasta revivió al Caballero Oscuro con un enfoque adulto y realista. Fue el inicio de una trilogía clave del siglo XXI.

La figura de Batman venía de su punto más bajo. La versión de Batman y Robin (1997), dirigida por Joel Schumacher y protagonizada por George Clooney -en pleno auge de su fama-, fue duramente criticada. La película, célebre por sus “bat-pezones”, fue vapuleada por la crítica y el público. El fracaso fue tal que Batman Unchained, proyecto ya en desarrollo por Schumacher, fue cancelado sin miramientos.
Entre el estreno de Batman y Robin en 1997 y el lanzamiento de Batman Begins -en la Argentina el 26 de junio de 2005- pasaron casi diez años de incertidumbre. Durante ese tiempo, Warner Bros. barajó múltiples nombres para liderar el relanzamiento cinematográfico del personaje. Frank Miller, Darren Aronofsky y Wolfgang Petersen estuvieron cerca de tomar el control, pero fue recién en 2003 cuando el estudio apostó por la visión del joven director británico Christopher Nolan, que venía de firmar Memento y Insomnia.
Asociado con el guionista David S. Goyer (Blade, Dark City), Nolan encaró un enfoque más oscuro, sobrio y realista. Con Christian Bale al frente -quien tuvo que recuperar peso rápidamente tras El maquinista– y un elenco que incluía a Liam Neeson, Katie Holmes, Michael Caine, Cillian Murphy, Gary Oldman y Morgan Freeman, la película se alejaba del barroquismo de las versiones anteriores. Gotham era ahora una ciudad tangible, filmada con la fotografía austera de Wally Pfister en los rascacielos de Chicago.
Inspirado libremente en cómics como Batman: Año Uno, El hombre que cae y El largo Halloween, Nolan apostó a contar un origen plausible, incluso necesario, para que un multimillonario se vista como murciélago para combatir el crimen. Con guion ultra secreto —según la leyenda, Warner tuvo que ir a leerlo al garaje donde trabajaban Nolan y su diseñador Nathan Crowley—, Batman Begins marcó un nuevo paradigma: el superhéroe con conflictos existenciales, motivaciones verosímiles y una ética más compleja.
La película no fue un fenómeno de taquilla: recaudó poco más de 370 millones de dólares y quedó lejos de otros tanques de ese año como Star Wars: Episodio III o Harry Potter y el cáliz de fuego. Pero sí conquistó a la crítica, al fandom y a los escépticos. Y lo más importante: devolvió a Batman su peso simbólico.
Luego vendrían El caballero de la noche (2008), que para muchos es la mejor película de superhéroes jamás filmada, y El caballero de la noche asciende (2012), cierre algo más divisivo pero igualmente poderoso. La trilogía recaudó cerca de 2.500 millones de dólares en total y convirtió a Nolan en el referente del “blockbuster de autor”, una fórmula que seguiría puliendo con El gran truco, Origen e Interestelar.
El final de la trilogía evitó deliberadamente la muerte del murciélago, dejando abierta la puerta a una secuela que, dos décadas después, parece improbable. Pero lo que Batman Begins consolidó sigue vigente: que el cine de superhéroes podía ser adulto, oscuro, cinematográficamente complejo… y profundamente humano.
-Europapress.
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