El 8 de enero de 1971 moría Armando Discépolo, autor y director teatral creador del “grotesco criollo”. Vida y obra de un creador argentino.

Como autor teatral fue muy prolífico, pero las obras que más se destacan son Mateo Stéfano, Mustafá, El organito y Babilonia.
Hoy Armando Discépolo es considerado uno de los mayores dramaturgos de su tiempo. Luego de hacer teatro realista, se introdujo en géneros populares como el sainete y la comedia donde encontró su identidad como autor teatral.
Se considera que en Mustafá, obra de 1921 ya está en germen lo que luego sería el “grotesco criollo” que luego iría consolidando en Mateo (1923) y El organito (1925) escrita en colaboración con su hermano Enrique y en obras sucesivas como Stéfano, Cremona y Relojero.
¿Pero qué es, realmente, el “grotesco criollo”, cuáles son sus características?
Para David Viñas es un género que se desprende del sainete y está relacionado con el fracaso inmigratorio propuesto por el liberalismo. Su temática fundamental es el dinero que, buscado a través del trabajo, suele terminar en derrota. Dice textualmente que “el grotesco es la caricatura de la propuesta liberal”.
En grotesco criollo se mezclan la tragedia y la comedia y sus personajes son antihéroes, tal como pueden comprobarse en las obras de Armando Discépolo enmarcadas dentro de este género típicamente argentino, aunque según algunos especialistas, además del sainete argentino en él está presente el grotesco italiano y su habla suele ser, precisamente, el cocoliche, que es el español hablado por los inmigrantes italianos.
“Mateo, la primera obra del grotesco criollo propiamente dicha, -dice Teodoro Boot en una nota publicada en Periódico Vas – subió a escena dos años después (se refiere a dos años después del sainete Mustafá de Armando Discépolo estrenado en 1921). Tuvo tanto éxito y la tragedia del cochero caló tan hondo en la sensibilidad popular que de ahí en más designa a los viejos carruajes que, como el del protagonista, imposibilitados de competir con el automóvil, desde hace décadas se limitan a brindar pintorescos paseos por los bosques de Palermo, Planetario y Rosedal incluidos. La tragedia que subyace en la absurda comicidad de “Mateo” lo hace casi un tango de Discepolín”.
Armando y Enrique constituyeron una muy productiva dupla creativa a partir de la década del 30. Dice el investigador e historiador teatral Jorge Dubatti que “consignan grandes éxitos de obras encabezadas por Enrique Muiño y Elías Alippi, Pepe Arias, Luis Sandrini, Enrique Santos Discépolo, Tita Merello, o de las comedias musicales de Ivo Pelay y Francisco Canaro”.
Tanto Norberto Galasso como el psicoanalista Jorge Dimov llegaron a una misma conclusión trabajando sin conocerse y cada uno desde su disciplina específica: las obras teatrales atribuidas a Armando, serían, en realidad de Enrique.
Dice Dimov en Caras y Caretas que Enrique se dejó despojar por Armando. “No se trató de un plagio –afirma- sino de una usurpación consentida. Escribió obras como Mateo, Stefano, El organito y Babilonia, que son la génesis del grotesco en el teatro argentino, y dejó que Armando las firmara”.
La afirmación se trataría, según Dimov, de una hipótesis debidamente documentada por Galasso y él.
Cuando le preguntan en qué basan esa idea, contesta: “En lapsus y declaraciones del propio Enrique y de su entorno y en cuestiones fácticas. Así, en Babilonia, Enrique describe la casa de los tíos ricos donde vivió tras la muerte de su madre. En las letras de tango que compuso con posterioridad retoma frases casi calcadas de las obras teatrales”.
“Entre otros, María Cristina Laurenz o Emilio Disi dejaron testimonios negativos respecto de las imprecisiones, maltratos y abusos de Armando en el escenario. Y está ese enigma que la gente del teatro no puede responder: ¿por qué Armando no escribió ninguna obra más una vez que Enrique se dedicó al tango? ¿Cómo se explica que el supuesto creador del grotesco criollo deja de escribir en 1934 hasta su muerte, en 1971? Sin duda, Enrique era la fuente nutritiva de Armando”.
A 55 años de la muerte de Armando, la teoría es incomprobable. Lo único cierto es lo que cuenta la historia: que Armando Discépolo fue el creador del grotesco criollo que plasmó en obras fundamentales de la dramaturgia nacional.
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