A desalambrar

Por: Adrián Murano

Columna de opinion.

La crisis cambiaria aceleró los tiempos de la decantación opositora. La caída en la imagen del presidente Mauricio Macri es, más que una expresión de rechazo, un síntoma de la «decepción» que invade a los votantes independientes que optaron por Cambiemos. 

El cheque en blanco que recibe todo gobierno nuevo venció hace dos semanas, cuando la corrida clausuró cualquier expectativa de mejora económica para 2018.

Habrá, por supuesto, un grupito que hará mucha plata –con banqueros, especuladores y agroexportadores a la cabeza–; otro más nutrido –sectores medios profesionales– que con suerte llegará empatado al brindis navideño; y habrá una enorme mayoría popular que sentirá en sus bolsillos flacos el impacto del parate económico, la reducción de ingresos reales y la inflación.

A contramano del mantra oficial, que sostiene que «lo peor ya pasó», muchos argentinos consideran que lo peor está por venir con el súper ajuste que auspicia el FMI. 

La percepción se expresó en las calles con una sucesión de manifestaciones que tendrá continuidad esta semana con una gran Marcha Federal.

El intento de estigmatizar, demonizar e invisibilizar esas manifestaciones en los medios afines al gobierno indica que, por ahora, la alianza de Macri con el establishment sigue en pie. No es por amor ni conformidad –la elite también se muestra «decepcionada» con la tarea de su presidente–, sino por el espanto que provoca en los sectores privilegiados la posibilidad de que una restauración conservadora fallida de pie a un gobierno de anclaje popular. 

Para que eso pase, claro, la oposición debería poder sintetizar el descontento y alumbrar una propuesta alternativa con potencialidad electoral. No es lo que ocurre aún. 

El creciente clamor de la base por la «unidad» –que no implica bajar banderas sino vertebrar una coordinación eficaz que trascienda la coyuntura- por ahora cae en el saco roto de los límites tácticos, las diferencias estratégicas y hasta el rencor personal. Cercos perimetrales que mantienen fragmentado al campo popular. 

Al macrismo, está claro, le gusta esto. «

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