
Antiguamente, en algunos sitios desenterraban los cuerpos de los muertos para llevarlos de vuelta a sus casas, vestirlos con sus mejores ropas y compartir con ellos la cena. Al terminar la noche los volvían a enterrar, hasta el año siguiente.
Muchas veces quise abrazar a mis muertos. Cobijarlos. Salvarlos de la soledad.
De niña despertaba a la mitad de la noche sofocada de tanto buscar algo imposible encontrar.
No sabía que no había un lugar. No conocía esta historia.
Nuestro pueblo no tiene donde visitar a sus desaparecidos. Treinta mil asesinados sin féretro, sin lápida, sin tumba, sin cementerio. Treinta mil incógnitas, preguntas sin respuestas, desencuentros. Treinta mil muertos que no sabemos dónde están. Tenemos un cuerpo social colectivo, cercenado, con treinta mil miembros amputados, herido y en duelo permanente. La muerte inconclusa queda abierta como un signo de interrogación.
Los 24 de Marzo se han vuelto nuestros días de muertos y muertas desaparecidos. En una construcción comunitaria, política y cultural, nos apropiamos de la fecha para quitarle su sentido siniestro. Hicimos de la memoria una celebración de las luchas y las vidas de nuestras compañeras y compañeros.
Los celebramos mientras también vivimos, luchamos y construimos justicia, desde los escraches, a los tribunales y las condenas. No necesitamos calabazas ni calaveras adornadas, pero a nuestro modo abrimos un espacio que nos conecta con nuestros muertos privados de la muerte. Llevamos a nuestros desaparecidos y desaparecidas a la calle, hacemos circular la memoria, bordamos sus nombres, mostramos las fotos con sus caras para que todos los vean y sepan, que aunque no sepamos donde están sus cuerpos, 30.000 almas nos acompañan, existen en el presente, están y nuestras huellas trazan juntas el camino.
En los próximos días volveremos a las calles y plazas tras el distanciamiento social que impuso la pandemia, sabiendo que habrá muchos y muchas compañeras que nos faltarán y no va a ser igual. Marcharemos con los vivos al encuentro de todos nuestros desaparecidos, asesinados y muertos. Almas nuevas y viejas serán convocadas. Tendremos nuestros rituales y liturgias. Pasaremos el día entero desplegando pañuelos blancos, banderas, flores y lienzos coloridos, pancartas con fotos y nombres de los desaparecidos. Nos iremos descubriendo entre el humo de los choripanes levantando a nuestros muertos. Bailaremos mientras podamos, rodaremos luego. Lloraremos si queremos y muchas personas nos sostendrán con amor hasta aliviarnos. Nos daremos fuerza en besos y abrazos. Cantaremos nuestras canciones olé olé olé olá. Volveremos a reír sin solemnidad. Seremos felices de volver a estar juntos. Invocaremos a nuestros difuntos hasta saberlos presentes, con la certeza de que están en nosotros y en nuestras luchas, ahora y siempre.
Necesito volver a marchar, como necesito volver al mar. Zambullirme de cabeza bajo las banderas como si fueran olas. Meterme a contracorriente, brazada a brazada, cada vez más profundo en la masa humana. Dejar que la multitud me atraviese, entregarme a la marea que me incorpora, disolverme en ella y dejarme arrullar por ese cuerpo enorme que somos en multitud. Sé que ahí, nos vamos a encontrar. «
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