Fue campeón de América con Estudiantes y llegó a la final de Brasil 2014 con Argentina. Pero será recordado, sobre todo, por su legado lleno de humanidad y generosidad. Falleció a los 66 años, tras una insuficiencia cardíaca.

El currículum de Sabella muestra apenas 138 partidos en el banco de suplentes, al frente del Pincha y de la Selección, más allá de un largo recorrido como ayudante de Daniel Pasarella. Pero su legado será mucho más que esos números. La Copa Libertadores que levantó con Estudiantes en 2009, ante Cruzeiro, en Belo Horizonte, pasó a ser una de las gestas históricas del fútbol argentino. La final ante Barcelona, por el Mundial de Clubes, que se llevó el equipo de Guardiola con un gol agónico de pecho marcado por Lionel Messi, está entre los partidos icónicos de este siglo. Y la actuación argentina en el Mundial de Brasil, con aquel gol de Mario Götze en el minuto 113 de juego, es la más recordada por una Selección desde el alejamiento de Diego Maradona con la celeste y blanca.
Pero además de sus cualidades como DT Alejandro Sabella tenía el mérito de ser reconocido por todo el ambiente del fútbol argentino como una gran persona y un excelente docente. Así lo recordaban sus dirigidos. Y así se mostró en cada aparición pública, con mensajes que trascendían a la pelota y algunos discursos memorables como el que dio al ser distinguido por el Congreso de la Nación en 2014 o durante el festejo del título de Libertadores con el Pincha.
Más allá de su buena carrera como futbolista -un 10 zurdo, elegante, que pasó por River, Estudiantes, Ferro, Sheffield United y Leeds United, de Inglaterra- y de sus buenos antecedentes como técnico, Sabella será recordado por esos gestos y su humanismo. En las últimas horas, había recibido dos buenas noticias personales: su hija Alejandra, en pareja con el futbolista Sebastián Dubarbier, lo convertirá en abuelo, y su hijo Alejo, de 24 años, se recibió de economista. No alcanzó para revertir su cuadro, que ya venía deteriorado desde que tuvo que luchar contra un cáncer que le descubrieron apenas terminada la participación argentina en Brasil 2014.
La última vez que se sentó en un banco de suplentes, de hecho, fue aquel 13 de julio de 2014, en el Maracaná de Río de Janeiro, ante Alemania. Luego sus distintas complicaciones de salud lo sacaron de los vestuarios y de la escena pública, con apariciones en movidas solidarias o algún homenaje organizado por Estudiantes de La Plata. En las redes sociales, exdirigidos, excompañeros, los clubes por donde pasó y el ambiente del fútbol argentino en general le realizan homenajes sentidos que dan cuenta de la generosidad que entregó a lo largo de sus 66 años.
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