El flamante disco "The Revenge of Alice Cooper" ofrece riffs abrasivos, atmósferas pesadillescas y un repertorio que transciende la mera nostalgia. Vincent Furnier lo hizo de nuevo y con sus históricos compañeros de ruta.

El álbum es una declaración de principios: teatral, agresivo, burlón y lúcido. La apertura con “Black Mamba” es un ataque directo a la yugular, con la guitarra de Robby Krieger (The Doors) añadiendo veneno psicodélico al ritual. Lo siguen canciones como “Up All Night” o “Wild Ones”, donde Alice encarna al bufón macabro de siempre, con un pie en el garage setentista y otro en la farsa política del presente. La banda suena aceitadamente vieja. Es decir, gloriosamente cruda.
La producción de Bob Ezrin, eterno aliado de Cooper, logra ese equilibrio entre lo vintage y lo reluciente. Nada suena plástico. Cada golpe de batería, cada riff, cada grito raspa como si hubiera sido grabado en un sótano forrado con diarios de crímenes. El álbum no busca actualizarse al siglo XXI: quiere arrastrarlo a su cueva.
El humor negro impregna todo. “Famous Face” se burla de la cultura de la celebridad como si Andy Warhol hubiese escrito letras para Black Sabbath. “Kill the Flies” podría haber sonado en Welcome to My Nightmare, con su clima enfermizo y su groove espeso. “Money Screams” es sátira capitalista al ritmo de un rock and roll degenerado. Cooper nunca fue un revolucionario, pero siempre supo dónde duele el sistema.
El punto más alto llega con “What Happened to You”, donde Buxton reaparece desde el más allá con una línea de guitarra recuperada de viejas grabaciones. Es un momento conmovedor y perfectamente integrado al discurso del disco: la muerte como parte del show, pero también como acto de amor entre compañeros de ruta.
La crítica internacional saludó el álbum como una vuelta a las raíces sin caer en el déjà vu. No es una remake nostálgica ni un ejercicio geriátrico. Es un álbum con hambre. Con colmillos. Y con sentido del humor. Hay algunos pasajes más livianos, sí, y letras que podrían haberse editado con más filo. Pero incluso en esos momentos menores, la banda mantiene su personalidad intacta: suena como Alice Cooper. Algo que no todos los discos de Alice Cooper recientes podían decir.
The Revenge of Alice Cooper no pretende complacer a todos. De hecho, parece más bien dispuesto a asustar a algunos. Es un disco de horror glamoroso, de humor mórbido y guitarras que ladran. Una fiesta en un cementerio. Un brindis con sangre falsa y whisky verdadero. Cooper, a sus 77 años, demuestra que todavía puede ser grotesco, divertido y poderoso. Que el rock teatral no está muerto, sino que sigue arrastrándose por el escenario, maquillado como monstruo clásico, riéndose de los vivos.
Más que una venganza, este disco es una celebración del ADN del shock rock. Y una advertencia: no subestimen a los viejos que usan sombra negra en los ojos. Ellos inventaron el juego.
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