“Amor animal” tensiona el romance entre el trap y la tragedia

Por: Daniel Cholakian

La serie cruza melodrama clásico y excesos con una estética urbana marcada por las tensiones sociales y los vínculos atravesados por el desborde emocional. Creada por Sebastián Ortega, está protagonizada por Tatu Glikman y Franco Masini.

¿Cómo combinar la historia de amor de telenovela tradicional entre chica pobre y joven millonario y la tragedia inevitable a la Romeo y Julieta? Esa idea propone desde el comienzo Amor animal, la serie de ocho capítulos creada por Sebastián Ortega y estrenada por la plataforma Amazon Prime Video.

El equipo abordó una historia de formato popular apropiándose de lenguajes estéticos urbanos asociados a clases y ámbitos diferentes: el trap y la música electrónica, las drogas, las formas de la sexualidad, los trabajos, los lenguajes y las modas. Si en ambos mundos hay quienes manejan dinero, sean narcos o apostadores financieros, las diferencias sociales también se expresan en esas construcciones culturales.

Amor animal, una historia de deseo y trap.

Kaia (Tatu Glikman) y Nico (Franco Masini) se encuentran una noche y se enamoran. Siendo ambos bellos y sensibles, el espectador empatiza sin más con ese amor incipiente. Glikman interpreta a una joven que vive en un barrio periférico y trabaja en una barbería. Está comenzando a aparecer públicamente como una talentosa trapera. Su vida está organizada alrededor del barrio y de las relaciones con las que arma una familia ampliada: una construcción de apoyos y calidez, de comunidad y hogar.

Nico es un niño rico que tiene tristeza, pero es algo más que eso. Su contexto es clave para entender el modo en que se cuenta el hiperpresente de cierta burguesía joven. Ese hiperpresente habla de un modo de existir, de vivir el tiempo como secuencias de instantes absolutos. Así tramitan los deseos: ganar plata, consumir, tener sexo u organizar el mundo en cada decisión. En esa tensión entre lo tradicional y las nuevas formas de estar y ser, sucede el amor.

“Los personajes chocan con eso”, explica Tatu Glikman a Tiempo. “Ellos se conocen y quieren iniciar un amor algo convencional. Son una chica y un chico que quieren enamorarse, pero hay un montón de trabas que no los dejan. Entonces hacen lo que pueden de forma bastante caótica, como en la vida real”. Franco Masini agrega: “Estos son personajes que no saben cómo resolver las cosas; no saben resolver un trauma ni saben resolver cómo enamorarse. Esa incomodidad es la que muestra la serie”.

La primera escena de Amor animal, un corte de un momento clave posterior, adelanta que la historia de amor, atravesada por el sueño artístico de una joven pobre, puede convertirse en tragedia. Desde ese punto, la serie se vuelve un thriller, con el enfrentamiento de bandas de mundos diferentes, en territorios físicos y simbólicos.

La balacera no se desata solo por algún hecho fortuito, sino también por la imposibilidad de resolver cómo enamorarse (o dejar de amarse) que viven Kaia y Nico. En ese universo de interioridades, comunidades y territorios, la violencia es una forma de fugar hacia adelante. Paula Hernández y Pablo Fendrik, directores muy conocedores de estas dimensiones, aportan precisión a la hora de narrarlo.

Tatu Glikman es Kaia.

Para Masini, la violencia “está justificada por el desborde de estos personajes, que no saben cómo manejarse ante estas situaciones. Muchas veces el primer instinto es de violencia. Así ocurre en todas las situaciones de la serie y se refleja en casi todo. A mi personaje le gusta Kaia y no sabe cómo resolverlo. La violencia es una respuesta a esa incomodidad de los personajes y nos lleva a esos desbordes emocionales que tienen. Todo el tiempo las situaciones saltan con otra cosa y los desborda”.

Estas dificultades son parte de la relación entre Kaia y Nico, y entre cada uno de ellos y sus entornos. Los diálogos de Amor animal son muchas veces cortos, inconexos, meramente instrumentales. Kaia logra expresar esa complejidad en su música, donde lo violento también es tensión de clase, explotación laboral y la mirada del extraño sobre lo popular. Todo está sintetizado en una de las mejores escenas de la serie, cuando, encerrada en un pequeño baño de su trabajo, Kaia participa de un vivo en redes sociales e interpela al influencer que la entrevista.

Franco Masini es Nico en Amor animal.

“Yo creo que, si bien en este caso son historias que a grandes rasgos hemos visto, aquí eso tradicional se procesa enalteciendo la vulnerabilidad de cada uno para convertirlo en una conexión”, sugiere Glikman. Para Masini, “la particularidad de la serie está en la manera de vincularse entre los personajes. Hay mucho trabajo interno. Se conectan a través de la mirada. Entre ellos funciona lo no dicho, que muchas veces es muy fuerte. Como espectador, eso te interesa, porque no entendés bien qué es lo que hace que se conecten y hace que uno saque conclusiones que por ahí no tienen nada que ver. Eso es atractivo”.

Entre la violencia, las drogas, los cuerpos deseantes y deseados, los diferentes modos del goce -incluso en duelos financieros a muerte-, lo tradicional también cuenta y la familia es, con sus rarezas, un lugar de sosiego siempre ansiado. Así también opera la doble tensión entre los regímenes ordenadores tradicionales de la vida y las inevitables demandas que implican pertenecer a Capuletos o Montescos.

“En esta serie se muestra que la familia se elige”, asegura Tatu Glikman. Su personaje, Kaia, asume un rol maternal haciéndose cargo de la hija de su expareja y, a su vez, encuentra un regazo maternal en la madre de ese joven. También destaca el lugar de Santos (Santiago Achaga), el mejor amigo de Nico, “habilitando su casa para que todos sus amigos vivan ahí y caigan cuando tienen un problema”.

Para Franco Masini, “la presencia familiar está reemplazada por los mismos jóvenes, que hacen de familia para todo. No está desde la mirada del adulto, sino desde la mirada del joven que no tiene a ese adulto. El adulto está como atrás”.

Lo central es el estar rotos de los personajes. Kaia y Nico se confiesan rotos, pero no son solo ellos, ni ocurre solo en la serie. “Como cada personaje, incluso nosotros, que somos todos muy amigos, somos jóvenes y tenemos trabajo, de repente nos estamos tomando un café y cada uno tiene un problemón enorme, individual. Creo que eso es lo que pasa en esta serie”, concluye Glikman, sintetizando lo que podría ser la clave para entender la naturaleza animal de este amor.

Amor animal

Creada por Sebastián Ortega. Con Franco Masini, Tatu Glikman, Santiago Achaga, Valentina Zenere, Olivia Nuss, Toto Rovito, Ariel Staltari, Inés Estévez, Antonio Birabent, Juan Sorini, Evitta Luna y Juan Cottet. Dirección: Paula Hernández, Pablo Fendrik y Guillermo Rocamora. Disponible en Amazon Prime Video.

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