Ariel Prat: “Cantamos a las emociones en una época donde no hay empatía”

Por: Nicolás Peralta

El cantor y compositor presenta "Es una emoción", un disco atravesado por el tango, la memoria y los afectos. En diálogo con Tiempo, reflexiona sobre la actualidad política y explica por qué la emoción sigue siendo una forma de resistencia.

Para quienes lo conocen, Ariel Prat no es otra cosa que un artista de la emoción. Y vuelve a demostrarlo, haciéndose cargo de aquello que dicen de él, con un nuevo trabajo donde reúne nueve canciones que representan su estilo en su totalidad. Por estos días lanzó en plataformas un álbum muy especial: Es una emoción. Un disco nuevo, pero con la esencia de siempre: barrio, poesía y corazón puestos en cada tango y milonga, en casi media hora de emotividad popular, epicentro de su obra y de su canto.

“Es un disco de tango, con distintas aristas, pero esencialmente tango en sus diferentes versiones. La canción que le da nombre al disco es un tango de 1943, con música de Raúl Kaplún y poesía de José María Suñé. Es un homenaje al tango mismo, a su esencia humilde, sentimental y profunda. Es una declaración de amor al género, a su simpleza y a su poder de evocación. Y eso es lo que quise hacer con estas canciones”, comenta.

-¿Cómo se fue dando el armado de este nuevo trabajo?

-En general, todo mi repertorio lo elijo cuando hay algo que me toca y me emociona al interpretarlo. Es una norma. Algo puede ser hermoso, maravilloso, construido armónicamente, pero si no te produce nada, no tiene sentido. Entonces, a partir de Es una emoción, fui generando el disco, con algunas perlas inéditas, como «Vieja calesita», un tema con Juan Carlos Cáceres que estuvo guardado durante más de veinte años. Cuando falleció, quedó la partitura. Había un casete que se perdió. Entonces lo retomé con Manu Sacco, el director y arreglador que trabaja conmigo. Después Julián Peralta terminó de arreglarlo y lo canto con Cucuza Castiello.

-Es un disco con bastantes invitados. ¿Querías que fuera así?

-Se fue dando. Yo tengo muchísimo material propio, pero también aprecio el de otros. Y me gusta compartir. Termino el disco con «Los transplantados de Madrid», una murga con música de Juan Subirá sobre una letra mía de hace unos años. Con Teresa Parodi grabé «Milonga de Albornoz», que forma parte de un repertorio que viene de hace tiempo sobre poesía de Borges y también es una perla. La venía haciendo en vivo en algunos recitales y sentí que tenía que estar. «Acaso volverás», con música de Cáceres y letra mía, fue grabada en una versión un poquito más bolero, más jazzeada, y me tomé el atrevimiento de hacer otra versión. Después está «De cartón piedra», de Serrat, pero hecha tango. Yo la cantaba siempre en reuniones familiares, en fogones o asados cuando me acercaban una guitarra y me pedían que cantara algo. Incluso la he tocado muchas veces aquí en Europa, sobre todo en Barcelona y en distintos lugares de Cataluña. La ponía como un guiño y siempre pasaba lo mismo: la gente se emocionaba. Entonces decidí incluirla en el disco. Nico Pérez, uno de los guitarristas que me acompaña aquí en España y en mis vueltas por Europa, estuvo con el Nano hace unos meses y le comentó que yo iba a hacer esta versión. Estoy esperando la devolución, a ver qué dice.

-¿Por qué abrís el disco con un tema de Julio Sosa?

-Estoy tan enraizado con este tema y con ese guiño a lo afro que lo elegí para arrancar el disco. Tengo la alegría de contar con Nahuel Pennisi y es un lujo. Hace tiempo que con Nahuel venimos escribiéndonos y tirándonos flores mutuamente, cosa que para mí es un gran honor porque lo admiro. Fue muy emocionante grabar con él. Luego también está Miguel Ángel Tallarita, que puso la trompeta. Lo admiro desde hace mucho tiempo. Y también participaron dos artistas que la rompen: Natalia Bril, que me encanta cómo canta, y Amy Münchgesang, artista alemana radicada en Rosario que se sumó improvisando. Y eso también da un poco el ejemplo de este trabajo que se llama Es una emoción: dejamos que lo emocional avance.

-¿Vas a hacer un vinilo con este disco?

-Sí. Estaré unos meses más acá, por Europa, pero lo sacaremos en vinilo y, por supuesto, lo voy a presentar. El arte del disco es una maravilla. Lo hizo un gran amigo y artista con el que trabajo desde hace muchos años, Martín Vega, que también realizó un videoclip para uno de los temas, «Historia de un gil». Ese tema es de hace algunos años, de la época de La René Houseman Band. Era un reggae donde hablo de la historia de un pibe que se hace policía en el barrio. Hace rato varias personas me venían diciendo que era para hacer tango, y al final lo terminamos haciendo.

-¿Son tiempos ideales para reivindicar lo nuestro?

-Estamos en un momento complejo. No es que hayan traído cosas del pasado, sino que se siguen repitiendo peligrosamente algunas situaciones que son inaceptables. Creo que hay una especie de dictadura a fuego lento, en cuentagotas, solapada, con todo un aparato represivo que se manifiesta en las calles y del cual soy un acérrimo enemigo porque, entre otras cosas, mi vieja se juega la vida todos los miércoles en el Congreso, ahí con su bastón en la mano. No se puede estar ajeno haciendo lo que hacemos porque, aunque hablemos de la belleza de la vida, una visión cultural como la nuestra, que sale de abajo, tiene una profunda enemistad con la visión gobernante. Estamos en las antípodas. Cantamos a las emociones en una época donde no hay empatía, donde hay crueldad y donde hay inequidad. Entonces hay que seguir apelando a la emoción y al sentimiento. Trabajamos con eso y contra eso no hay nada. No hay palos ni gas que nos detengan porque el odio se transforma en otra cosa. El amor excede los límites de la crueldad. Siempre hay una mirada de lo cotidiano, de lo sentimental y de lo popular en todo lo que hago.

-¿Hay alguna forma de no dejarse vencer o no desanimarse?

-Creo en la prepotencia de trabajo, que es lo único que nos mantiene vivos. Estamos en una época en la que, ante la tragedia cotidiana, hay que oponerse como sea. A mí me salió armar este disco. Hay que ejercitar la templanza y no perder la alegría ni la emoción. A veces la incertidumbre o el dolor te dejan quieto. Pero hay una forma: en estos tiempos sería imposible hacer algo si no fuera porque alguien más me impulsa. Es muy importante mantener esta especie de cofradía de la resistencia, cada uno desde donde sabe y puede. Mucha gente me sigue apoyando, yo ayudo a otros y así colaboramos entre todos. La falta de difusión y la falta de apoyo a la cultura son cosas que enfrento siempre, con canciones y proyectos. Y que haya gente que lo valore dentro o fuera del territorio argentino, para mí es maravilloso. Tal vez me toque ser un referente, pero más allá de eso lo que uno busca es generar un camino para otros también. Es difícil, pero hay que seguir: nadie se salva solo y nadie canta solo.

Ariel Prat – Es una emoción

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