La banda californiana liderada por Greg Graffin volvió a Buenos Aires con un show sólido y sin fisuras. Entre hardcore melódico, clásicos y discursos potentes, sigue desafiando al poder como el primer día.

Tres años después de su último paso por el país, la formación actual de la banda ofreció un show ajustado, repleto de éxitos de todas sus décadas y discos, con un comienzo frenético, milimétrico, y un cierre que replicó esa misma intensidad sin bajar un cambio.
Antes, Shaila subió a las 19:50. La banda de Temperley descargó un set hardcore, sin concesiones ni aspavientos. Tras un breve intervalo, el warm up continuó con Eterna Inocencia, que a las 20:30 terminó de elevar la temperatura. Dos nombres clave de la escena local dejaron el terreno listo.
Afuera, desde la apertura de puertas a las 17, las inmediaciones de Gutenberg al 350 ya estaban tomadas. Latas, jarras, botellas y el despliegue habitual de vendedores ambulantes marcaron la previa. La peregrinación de punks se extendió por todo La Paternal, con ingresos escalonados: desde los más puntuales hasta quienes se sumaron ya con las primeras canciones en marcha.
A las 22, sin demoras, comenzó el show. No había tiempo que perder. Bad Religion es una banda que funciona, y lo hace bajo una lógica simple: tocar, tocar bien y no distraerse. El arranque fue una declaración de principios con «Recipe for Hate», «Them and Us», «Los Angeles Is Burning», «Do What You Want» y «21st Century (Digital Boy)», mientras los últimos rezagados terminaban de acomodarse.
La noche avanzó sin fisuras con otra batería de clásicos: «The Streets of America», «Fuck You», «I Want to Conquer the World», «Come Join Us», «End of History», «True North» y «Atomic Garden». Todo sonó preciso, compacto, con el carisma , la autoridad y solidez vocal de Greg Graffin y sin necesidad de artificios.
La potencia no estuvo reñida con el oficio: lo que la banda propone hoy es una síntesis afinada de su propia historia. Hardcore melódico de primera línea, con las ideas bien claras. El setlist de la gira 2026 confirmó esa lógica de recorrido amplio. «American Jesus» y «Sorrow» funcionaron como puntos de contacto inmediatos con el público. «Infected», «God’s Love» -con una breve intervención de Graffin sobre la situación mundial- y la recta final activaron uno de los rituales más reconocibles del grupo: el grito de “¡una mierda!” impulsado por Bentley. El bis cerró con la contundencia esperada, sin giros ni sorpresas.
Fueron 23 canciones que atravesaron distintas etapas de la banda en un show sólido, que comenzó puntual y terminó cerca de la medianoche. Cuando el grupo cumple con esa precisión quirúrgica, la épica no depende del escenario sino del público. Ahí es donde sucede lo que no se ensaya: la respuesta colectiva. Bad Religion no necesita reinventarse para sostener su lugar. Le alcanza con no fallar. Y en esa certeza construye, todavía, su vigencia.
«Recipe for Hate»
«Them and Us»
«Los Angeles Is Burning»
«Do What You Want»
«21st Century (Digital Boy)»
«The Streets of America»
«Fuck You»
«I Want to Conquer the World»
«Come Join Us»
«End of History»
«True North»
«Atomic Garden»
«Only Gonna Die (From the Government)»
«No Control»
«Struck a Nerve»
«Suffer»
«A Walk»
«Infected»
«Punk Rock Song»
«You Are (The Government)»
«Anesthesia»
«Fuck Armageddon… This Is Hell»
«Sorrow»
«American Jesus»
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