Banalización pedagógica

Por: Gabriel Brener / Gustavo Galli

Ni siquiera alcanzan la estatura del profesor Neurus quienes pretenden (de)formar a lxs docentes de la Provincia. Sobre un fondo blanco de neuromanía, burlándose de quienes estudian y avanzan con seriedad en ese campo científico y a remolque del prestigio de la ciencia, descienden brutalmente al subsuelo de la banalización del acto educativo. Si el acto pedagógico supone la humanización del otrx, aquí se muestra la inferiorización de la alteridad como concreción bizarra de la banalización educativa. Reducir al otro a su cerebro ya no sólo supone una burla a esta altura del siglo XXI, sino esa torpeza ignorante de quien detenta el poder para inferiorizar al otrx como concreción de un dispositivo de disciplinamiento neoliberal en un tiempo de ajuste brutal. En un claro procedimiento de jibarización pedagógica, la señora Prat Gay propone «educar las emociones», como asunto clave de la educación bonaerense. Para esto plantea a lxs docentes presentes, casi como si fuera una máxima, la frase “si tu trasero está chato, tu cerebro está chato”.

Esta capacitadora, que se presenta como “Neurosicoeducadora, Self-Esteem Practitioner, docente de alma y aprendiz eterna”, también sostuvo que los “recreos cerebrales” traen como “beneficio” alumnos más eficientes. Es aquí donde quedan en evidencia: quienes trabajan en las escuelas, quienes día a día desafían las desigualdades que atraviesan los pibes y pibas de la provincia de Buenos Aires, nunca dirán que lo que buscan son alumnos “eficientes”. Ese “beneficio” lo valora quien mide lo que hace en función de rendimiento y costos, de tiempos y gastos. Lxs educadorxs que transitan las escuelas seguramente responderán que buscan alumnos y alumnas solidarixs, comprometidos, que aprendan para transformar las injusticias, que tengan sueños.

El «recreo cerebral» para los docentes consiste en quitarles la preocupación de llegar a fin de mes, o de estirar cada día las raciones del comedor porque no alcanzan. Nuestrxs pibxs tendrán recreos cerebrales cuando no estén preocupados por comer, por trabajar para ayudar a sus familias, por tener para el colectivo o para comprarse un libro o un juguete. «

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