Ni para caramelos: la fábrica que celebró el «No hay plata» y terminó devorada por la recesión de Milei

De rendir tributo al ajuste libertario a vender la planta de caramelos por deudas salariales. La caída de Marengo, la golosina amarga de una industria nacional en liquidación.

En la Argentina de Javier Milei, la ironía tiene un gusto amargo. A mediados de diciembre de 2023, mientras el presidente hablaba desde las escalinatas del Congreso y recetaba una terapia de shock sin anestesia, en las oficinas del Grupo Marengo creyeron ver una oportunidad de oro. Apenas cuatro días después de la asunción, lanzaron una línea de caramelos con un lema que hoy suena a profecía de mal gusto: “Si no hay plata, lo que sí habrá será dulzura, alegría y diversión”. La empresa no solo compró el discurso; intentó empaquetarlo y venderlo.

Pero la realidad económica no sabe de lealtades de marketing. Lo que la firma no pudo -o no quiso- prever es que el «No hay plata» no era un eslogan publicitario, sino una guillotina sobre el mercado interno. En un país donde el ajuste muerde el bolsillo de los trabajadores y jubilados, el consumo de golosinas deja de ser un hábito para convertirse en un lujo inalcanzable. Marengo, con más de 80 años de trayectoria, terminó siendo víctima de la misma recesión.

La caída fue estrepitosa. Al llegar 2025, la «dulzura» se convirtió en deudas y la «diversión» en conflicto social. La firma ingresó en una crisis terminal que la llevó, en las últimas semanas, a tomar la decisión más drástica: colgar el cartel de venta.

La fábrica de caramelos deja 60 trabajadores en la calle

Mientras los dueños buscan un comprador para lo que queda de la planta, sus 60 trabajadores sostienen el reclamo por sueldos atrasados, viendo cómo sus puestos de trabajo se derriten bajo la lógica de una política que la patronal, en su momento, decidió celebrar.

El caso Marengo es la miniatura de un desastre mayor. Es el síntoma de un modelo donde lo pro-patronal se queda solo en el discurso de la Casa Rosada, mientras en el territorio la actividad se apaga. Desde que comenzó la era libertaria, ya son más de 20 mil las empresas que bajaron la persiana, asfixiadas por una parálisis que no distingue sectores.

Hoy, la fábrica de golosinas que intentó «endulzar» la motosierra es solo una cifra más en las estadísticas del desempleo.

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