Carlos Aznárez: “Mi madre me hablaba de Perón y Evita, como los únicos que se acordaron de los pobres”

El periodista argentino, actualmente vive en el País Vasco tiene una larga trayectoria profesional y militante, por caso, trabajando en la Agencia Ancla, junto a Rodolfo Walsh. Varias décadas después, presentó un libro de conversaciones, "Periodismo y militancia a pie de Calle”, que desmenuza en esta entrevista.

Toda reconstrucción biográfica de las vivencias militantes, necesariamente, reflejan un contexto histórico y social que en gran parte determinan la actitud de vida de una persona. Es el caso de libro «Periodismo y militancia a pie de Calle. Conversaciones con Carlos Aznárez”. Como parte de esa generación de militantes, va describiendo, en ese aspecto y también en su larga trayectoria de periodista, una suerte de puerta de entrada para hablar de un tiempo colectivo. Este trabajo se torna imprescindible para entender un periodo de la historia de Argentina y Latinoamérica, partiendo como excusa de vivencias y marcas. Una militancia comprometida en las filas del Peronismo, en tiempos de persecución, exilio, reflejado en su lucha contra el Terrorismo de Estado en distintas partes del planeta, como en su retorno a la Argentina post dictatorial. Así como su participación periodística en distintos medios de prensa.

Aznárez reside actualmente en el País Vasco y desde allí se comunicó con Tiempo.

-En la primera parte del libro, conversas sobre tus orígenes y de tu despertar militante.

-Yo provengo de una familia de clase baja, con una madre que no había terminado el colegio primario, y que era peronista pero también católica de misa dominguera. Y un padre que puedo caracterizar como «anarquista silvestre» y que luego se hizo frondizista, pero esencialmente era un anti todo lo que tenga que ver con «los cuervos», como él llamaba a los curas y la Iglesia reaccionaria. Cada vez que se cruzaba con uno en la calle, o una monja, cruzaba los dedos. En ese hogar en que mi madre y una amiga de la familia que era fanáticamente peronista, hablaban de Perón y Evita, como los únicos que en mucho tiempo se habían acordado de los pobres, que los habían dignificado e integrado en la sociedad.

Cuando murió Evita, tenía 5 años y fui con mis viejos a un imponente velatorio. Caminando cuadras y cuadras, viendo pasar multitudes que lloraban sin consuelo, porque habían perdido a lo mejor que tuvo la historia total del peronismo. Tiempo después, también fui testigo del 16 de junio del 55: el bombardeo a la Plaza de Mayo, por los aviones de la Marina que lucían descaradamente en su fuselaje la insignia de «Cristo Rey». Cuando pasó eso, mi mamá me vino a buscar al colegio al que iba. Todos estaban muy asustados, ya que era un hecho muy grave. Ni más ni menos que bombardear una ciudad en pleno día y asesinando a cientos de personas. Cuando ya estaba en casa, en un momento sentimos el ruido de aviones que se acercaban y con varios vecinos fuimos a la terraza. Frente a casa, en la calle Ecuador, había una oficina general de ENTel y allí había soldados que dispararon contra los aviones con una especie de ametralladora antiaérea, y los marinos golpistas, que ya se estaban huyendo hacia Montevideo, respondieron ametrallando y lanzando algunas granadas. Cayeron a 50 metros de mi casa. Poco después nos enterábamos con dolor que en ese intercambio de balas había caído asesinado el médico de mi familia, de apellido Márquez.

Por la noche, después de un encendido discurso de Perón, marcharon por la avenida Santa Fe, miles de peronistas que venían desde los barrios más humildes, del bajo Belgrano, de Cañitas y otros sitios parecidos, con antorchas, gritando «cinco por uno, no va a quedar ninguno», en alusión a lo dicho por Perón en uno de sus discursos sobre quienes se alzaban contra el peronismo. Esa masa dolida pero furiosa, por la cantidad de muertos que quedaron ese día en la Plaza, pasaron por varias iglesias y en algunas de ellas, como la de San Nicolás de Bari, sacaron imágenes y casullas a la calle y las quemaron. Con mi viejo, cuando sentimos los primeros gritos, bajamos a la puerta de mi casa (un departamento súper humilde en Santa Fe y Ecuador) y miramos asombrados. Le dije a mi padre “por qué no vamos con ellos”. Y me dijo si estaba loco… Poco tiempo después, en septiembre del mismo año, los gorilas Aramburu y Rojas derrocaban a Perón y empezaba una tragedia que duró 17 años.

Tu trayectoria militante estuvo atravesada por un contexto histórico y social. ¿Qué factores fueron determinantes?

-Esos fuegos, esas vivencias del 55, puede decirse que me marcaron para toda la vida. Los llevaré en mi ADN para siempre. Por la brutalidad y el revanchismo que sobrevino poco después. Muy parecido a lo que vemos en el gobierno actual. Miles de despidos o estigmatizaciones insoportables, solo por ser peronistas, detenciones, proscripciones, asesinatos, decreto 4161, Plan Conintes, barcos convertidos en prisiones. Esa dictadura institucionalizó de manera bestial lo que es la lucha de clases. Los ricos festejaban, los pobres sufrían en silencio, y a los que se rebelaban les hacían la vida imposible. Yo, a pesar de ser aún muy chico, me iba enterando de que amigos de mis viejos, se quedaban sin trabajo, o que por ejemplo, la Unidad Básica peronista que estaba a una cuadra de casa, la habían quemado y arrasado. Recuerdo también que mi madre contó cómo habían destrozado e incendiado todo (muebles, cuadros, ropa) en lo que era una residencia donde solían estar Perón y Evita, ubicada en donde ahora está la Biblioteca Nacional.

Allí, en otro momento de «felicidad peronista», un día de Reyes, habíamos ido con mamá a recibir un regalo que daban a los pibes, el General y Evita. Hicimos una cola enorme, pero al final ella misma me dio un camioncito. Cuando mi vieja contó que ese lugar había sido saqueado, me puse furioso, sin entender muy bien por qué estaba pasando eso.

-¿Cuándo fue tu acercamiento concreto a la política?

-Puedo decir que fue el 19 de septiembre de 1958, cuando en plena pelea por la enseñanza laica contra quienes defendían la enseñanza «libre», se hizo un acto en Plaza Congreso donde se juntó una multitud (más de 300 mil personas). Unos chicos de 6° grado en mi colegio, más grandes que yo, me invitaron a ir: el hermano de uno de ellos era militante secundario y estaba muy metido en la movida. Ya habíamos hablado en las clases de que había que defender la Laica, porque a la Libre la apoyaban los mismos gorilas del 55. Gobernaba Arturo Frondizi y presionado por la Iglesia había tomado la decisión de habilitar a los colegios privados a tener títulos habilitantes. Ese día les mentí a mis viejos: les dije que me iba a estudiar a la casa de un amigo, y nos fuimos en subte hasta Congreso. Allí, era imponente todo. Un acto apoyado por toda la izquierda y una parte del peronismo. En un momento hubo avalanchas y un desborde por el gentío: me perdí, me quedé solo hasta que terminó. No sabía cómo volver a casa. Me fui caminando, llegué a la medianoche y ligué la lógica bronca de mis viejos.

Un año y medio después, entraba al colegio secundario, el Manuel Belgrano, público, en la calle Ecuador. Ese primer día, me llamó la atención que en la esquina del colegio había un pibe con un sobretodo negro y largo, que encima de una especie de balcón arengaba para luchar por la reivindicaciones específicas. Días después hubo una volanteada de la Unión Nacionalista de Estudiantes Secundarios, y me acerqué ya que vi que eran también peronistas. A partir de allí empecé un periplo en la militancia, en el peronismo revolucionario (MRP, FAP-Peronismo de Base, JP de la Tendencia Revolucionaria, Montoneros) y actualmente la OLP-Resistir y Luchar. También empecé a vincularme o a crear yo mismo, medios de comunicación popular; Reseña Sindical, Compañero, Diario de la CGTA, Cristianismo y Revolución, Informe a los Compañeros, el diario Noticias, la revistas Primera Plana y Ya es tiempo de pueblo y la agencia ANCLA, con Rodolfo Walsh y otros queridos compas. Todas con claro contenido insurgente, hasta llegar a lo que desde hace 38 años es Resumen Latinoamericano y del Tercer Mundo.

-En ese contexto, hubo un hito significativo, el nacimiento de la CGT de los Argentinos.

-Un punto de inflexión, un «hasta aquí llegamos», frente a la burocracia sindical que infectaba con sus constantes repliegues y agachadas (lo sigue haciendo hoy). El espíritu peleón de la clase obrera peronista y no peronista. En ese momento, se alineaban junto al metalúrgico Augusto Vandor. El Vandorismo, que controlaba la CGT de la calle Azopardo, era símbolo de componenda con las patronales, de persecución a todo lo que sonara a «zurdos», entre los que estábamos los peronistas revolucionarios. Ellos y sus barrabravas patoteaban a las listas opositoras que se animaban a darle pelea. En las manifestaciones peronistas nos querían correr con la consigna «ni yanquis, ni marxistas, peronistas!». En ese marco, en marzo de 1968, fue citado un Congreso normalizador cegetista. Los de Azopardo, con Vandor a la cabeza y otro que deliberó en el local de UTA, que reunió numerosos gremios (Farmacia, Unión Ferroviaria, La Fraternidad, Tabaco, Calzado, Gráficos, Fotia, y muchos más). Allí estuve con mi revista Reseña Sindical, y disfruté de todo lo que significó ese armado entusiasta y corajudo de romper con la burocracia.

-Allí conociste a Walsh.

-Me pidió que grabara los discursos porque a él se le había dañado un grabador, y lo que vino después, a nivel oratoria, fue más que entusiasmante. Un dirigente como Lorenzo Pepe que hizo poner de pie a todo el Congreso por sus palabras de lucha, o ese grande entre los grandes que fue Raymundo Ongaro, hablando desde la clase, con una mezcla de discurso cristiano de las catacumbas y peronista de base, iluminando un paisaje que hasta ese momento venía más que oscuro para el movimiento obrero. Raymundo levantando la voz para decir «es Preferible Honra sin Sindicatos que Sindicatos sin Honra», o agregar enseguida que había que «unirse desde abajo y organizarse combatiendo» para lograr plasmar objetivos revolucionarios. Todos estábamos muy emocionados con lo que estaba surgiendo. Era un viento fresco. De ese Congreso Normalizador «Amado Olmos» (otro indispensable que había trabajado como un tigre para plasmar toda esa realidad y no pudo verla porque se nos murió un tiempo antes) surge la CGT de los Argentinos, con un programa claramente revolucionario, que recogía otros anteriores como el de los Congresos obreros de La Falda y el de Huerta Grande, en Córdoba.

Al día siguiente fui a verlo a Rodolfo, y le llevé los casettes grabados. Él dirigía el diario de la CGTA y me ofreció colaborar. Fue una experiencia apasionante. Se convirtió en un arma de pelea, de formación y organización. La figura de Ongaro, a partir de ese momento creció muchísimo, y sus mensajes hacia el pueblo peronista tuvieron gran repercusión. Su lenguaje claro y llano, su fusión cristiana-peronista. Pero la CGTA no era solo peronista, sino que supo albergar a mucha gente de la izquierda revolucionaria y lograr por bastante tiempo unir eso que tanto hoy nos hace falta, los de abajo, los explotados, los «condenados de la tierra», diría Frantz Fanon, luchando por un objetivo común: la Patria Socialista.

-Tu periodismo estuvo férreamente hermanada a los ‘60, al exilio y a tu retorno en estas años de institucionalidad. ¿Cuál es tu mirada de esas largas cinco décadas?

-Lo que más me entusiasmó fue la prensa contrainformativa, o el periodismo popular alternativo. Siendo adolescente ya empecé a escribir en pasquines de lucha de nombres que hablaban por sí solo sobre sus contenidos: Rebelión, editado por el peronismo combativo, El 17, Leña al Imperialismo, Barricada), o en periódicos excelentes y de gran llegada entre la militancia como fue Compañero, dirigido por Mario Valotta, ligado al Movimiento Revolucionario Peronista. O también 18 de marzo, que recordaba el triunfo del sindicalista textil Andrés Framini, en 1962 en las elecciones para gobernador en la provincia de Buenos Aires, y que Frondizi anuló, presionado por los militares.

Luego participé de experiencias comunicacionales mayores como la revista Cristianismo y Revolución, que para mí, junto con Compañero, fueron fundamentales en lo que hace a practicar un tipo de periodismo que no da dinero pero que te llena de satisfacciones y mucha lucha. Hasta llegar al diario Noticias, ya desde la militancia en Montoneros, y finalmente -en ese ciclo de los 60-70- el lujo de militar con Walsh, Lila Pastoriza, Lucila Pagliai y Eduardo Suárez, en esa excepcional obra comunicacional en tiempos de dictadura y ultra censura, que fue la Agencia de Noticias Clandestinas (ANCLA). Un producto revolucionario surgido de la cabeza y el hacer creativo de Rodolfo, quien ya había probado su eficacia escribiendo Operación Masacre y otros textos imperdibles, y participar con nuestro querido Jorge Ricardo Masetti y el Che Guevara, en 1960, en el lanzamiento de la Agencia cubana Prensa Latina. Aprender con Walsh, escucharlo, entender cuánto de valioso ese compañero aportaba a la militancia, puedo asegurar que fue lo que tiempo después, ya en el exilio me lleva a tomar la decisión de impulsar con otras y otros compañeros, una prensa que dura hasta hoy y que se llama Resumen Latinoamericano y del Tercer Mundo.

Esas cinco décadas hablan de aprendizaje, de pasión por la comunicación popular enredada con la militancia insurgente, de apostar, en la medida de lo posible, a un tipo de periodismo no neutral, sino ligado estrechamente al pueblo y sus luchas liberadoras. No concibo a un comunicador popular que a la vez que escribe o entrevista, no baje a la base, no sienta el olor a goma quemada en los cortes de ruta, que no se emocione con el «agite» previo a la pulseada tensa con la barrera policial, o que no termine abrazado ante una pequeña o gran victoria reivindicativa. 

-¿Cuál es el balance de tu experiencia militante dentro del Peronismo y del rol que jugó Perón, del 45 al 74?

-El peronismo siempre tuvo dos líneas muy marcadas. Que hablan de un peronismo de lucha, de los y las trabajadores, y otro claramente alineado en conceptos como mínimo reformistas, pero en general, ligados a proyectos de la burguesía empresarial, e incluso a milicos fascistoides. O sea, permanentemente hubo lucha de clases en el peronismo. Se daba el peronismo de Evita por un lado, y el de quienes cantaban como locos la marchita pero pergeñaban traicionar a Perón y su proyecto de justicia social, apenas pudieran. Por eso, desde esos años hasta este presente siempre hubo peronistas en las cárceles por luchar y peronistas que se abrazaron y abrazan con los verdugos de nuestro pueblo.

El rol de Perón propiamente dicho tuvo ciclos. Hubo varios Perón, el del 45 al 52, creando una doctrina que abrevaba en la justicia social y con propuestas que atendían, como nunca nadie pudo o quiso hacerlo hasta la actualidad, las necesidades básicas de los de abajo, proyectando la sindicalización como arma de defensa para una clase obrera que sufría altos niveles de explotación y un campesinado pobre que trabajaba no por dinero sino por vales para comprar poca comida y mucho alcohol. Ese gobierno peronista defendió la soberanía en todos sus aspectos, industrializó al país y pensaba a futuro, siendo enemigo del cortoplacismo para gobernar. Después de la muerte de Evita, el gobierno, en cuanto hace a la enorme relación que ella tenía con las masas, con los «descamisados», quedó debilitado, y la oligarquía junto a la Iglesia y no pocos traidores (Perón los llamaba «logreros»), empezaron a conspirar hasta derrocarlo.

Perón podría haber resistido, tenía fuerzas militares suficientes y había un pueblo bastante organizado. Pero optó por irse del país, y nada menos que al Paraguay del dictador Stroessner, con la excusa de «evitar más derramamiento de sangre». Con lo que después se derramó mucha más sangre durante 17 años, quienes pusieron el cuerpo, la pelea, la cárcel y la propia vida, héroes y heroínas de la Resistencia. Con muchos de ellos militamos, y de otros aprendimos que al enemigo, como luego diría el Che, no hay que darle «ni un tantito así» de ventaja.

El otro Perón es el que finalmente regresó por primera vez al país desde su exilio en Madrid, desafiando al dictador Lanusse. Un 17 de noviembre de 1972, bajo un diluvio, cruzando el río Matanza o por caminos inundados, desafiando la represión de militares y policías que baleaban y gaseaban a la multitud, muchos y muchas fuimos a recibirlo, y esa vez, el Viejo jugó fuerte y se reencontró con su pueblo, en la casona de la calle Gaspar Campos en Vicente López. Ese viaje, más la potencia guerrera del pueblo organizado en organizaciones barriales, sindicales, estudiantiles, y las organizaciones armadas peronistas (FAP-FAR-Montoneros-Descamisados) hicieron todo lo posible para llegar al 11 de marzo del 73, imponiendo en elecciones la llegada a la presidencia del Tío Cámpora. 

-A partir de ese momento, apareció otro Perón.

-El que claramente no quería que nadie sacara los pies del plato, y que esa juventud que había peleado con todo, «se calmara». Ese Perón que desplazó de la presidencia al más leal de sus hombres, y el más compañero de los que luchábamos por la Revolución. Y que el 20 de junio del 73, logró reunir en Ezeiza, para recibirlo, a una de las manifestaciones más grandes de la historia contemporánea argentina, que terminó en una masacre provocada por la derecha peronista. Días después, Perón condenaba a quienes habían sido baleados y asesinados, y los acusaba de provocadores marxistas, ligados al troskista Posadas, y otros delirios.

Ese Perón, con López Rega e Isabel a su lado, que dejó que formaran la Triple A, a quienes querían destruir al peronismo y a la izquierda revolucionaria, Creer que esa estructura criminal que anticipó en asesinatos lo que luego continuaría la dictadura militar, se formó al margen de Perón, o son ingenuos o realmente no conocieron a Perón y su tacticaje. Para lo bueno pero también para lo malo.

Después, ese gran líder de masas y estadista de alto calado intelectual, terminó «suicidándose» cuando el 1° de mayo del 74 convocó a la Plaza de Mayo, y se enfrentó con miles de militantes de Montoneros y otras organizaciones, nos insultó, defendió a asesinos y burócratas, y generó que miles de compañeros de todas las edades, abandonáramos la Plaza, muchos con lágrimas en los ojos (los viejos compas de la Resistencia) y otros maldiciendo esas tristes circunstancias en que un líder por el que se había peleado tantos años, decidiera darnos la espalda. No hubo tiempo de rectificar, ni unos ni otros. Perón finalmente muere dejándonos un gusto amargo, a quienes tanto lo quisimos, y que en otra época gritábamos «Perón o Muerte», como diciendo «Patria o Muerte».

-¿Cómo nace el espacio comunicacional «Resumen de la Actualidad Argentina», en tus primeros años de exilio en España? Y su transformación en el actual «Resumen Latinoamericano y del Tercer Mundo»

-Nace en el exilio en 1979, por la necesidad que muchos teníamos de informarnos, reencontranos, debatir juntos. Lo conformamos en el marco de una experiencia que fue el Club para la Recuperación Democrática Argentina, donde convergíamos peronistas, comunistas, socialistas, anarquistas y varios «istas» más, que teníamos un enemigo común, la dictadura que nos arrojó al exilio, y sus amos internacionales. En esa coyuntura, se me ocurre lo que fue primer Resumen de la Actualidad Argentina, luego le agregamos «y Latinoamericana». Salíamos quincenalmente, dábamos información de las luchas, la Resistencia, los crímenes del Terrorismo de Estado, tanto de Argentina como del resto del continente. Empezó con unas diez hojas mimeografiadas, luego se convirtió en revista impresa. Llegaron a escribir Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Norman Briski, Vicente Zito Lema, Augusto Roa Bastos, Osvaldo Bayer, Osvaldo Soriano, Eduardo Luis Duhalde, Rodolfo Mattarolo, Rodolfo Khun, Luis Politti, Alberto Adelach y hasta Jacobo Timerman, que en los últimos años de la dictadura recaló en un encuentro de exiliados en París.

Cuando llegamos al número 100, coincidió con 1983, ya después de la derrota de Malvinas y el triunfo de Alfonsín. Entonces, dimos por terminada nuestra tarea y nos embarcamos de regreso a Argentina. Ya en 1993 comenzó la segunda etapa y abrimos Resumen Latinoamericano y del Tercer Mundo, palpitando la idea de pensar fuertemente en la Patria Grande. Cubrimos el levantamiento zapatista, la insurrección armada de Hugo Chávez, y a partir de allí, con claras definiciones internacionalistas, hasta el día de hoy, tratamos de estar presentes (por medio de un periódico mensual, diarios digitales, tres programas radiales y uno televisivo más todas las redes) en cada país y en cada continente donde los pueblos luchan contra el capitalismo, el imperialismo, el sionismo, el colonialismo y el patriarcado. 

-¿Cómo fue que te identificación con otras causas como la lucha del pueblo Saharaui, la resistencia palestina y últimamente la de los pueblos africanos contra el neo-colonialismo occidental.

-Como una necesidad natural. Siempre me identifiqué con el internacionalismo y creciócon la idea de volver a montar la agencia Ancla fuera del país, con quienes habíamos sobrevivido del ataque represivo. Ya Rodolfo había caído en combate, luego la secuestraron a Lila, y a pesar de que creíamos, con Lucila, que podíamos remontar esa doble pérdida, todo se truncó. Pero seguí apoyando informativamente a Palestina y sus luchas, a los saharauis, independentistas vascos, catalanes, corsos. Y siempre a Cuba revolucionaria y a Nicaragua sandinista. Resumen Latinoamericano es eso mismo. Está nutrido de todas esas experiencias, a las que luego se sumaron la del Chavismo, o las luchas en Ecuador, Bolivia, Paraguay, Chile, y en Argentina con las Madres de Plaza de Mayo, y con todas las rebeldías de nuestro pueblo. Ahora, también hemos incorporado a Resumen, un suplemento especial África, porque está sonando la hora liberadora de esas naciones tantas veces despojadas de sus recursos. Seguimos de cerca las Revoluciones de Burkina Faso, Níger, Mali y otras situaciones parecidas.

-Por último ¿cómo ves el actual momento que vive el mundo hegemonizado por el capitalismo financiero?

-Es un momento de los más graves que nos ha tocado vivir. Primero, porque el imperialismo sion-fascista, que encarnan Trump y Netanyahu, está dispuesto, y en parte lo están logrando, a naturalizar el atropello, las invasiones, las guerras, la muerte. Con una dosis de crueldad y perversidad que no respeta ninguna línea roja. Es el capitalismo financiero en su cara más siniestra. Por supuesto, es el producto de un derrumbe lento pero constante, de una gran debilidad, y de pérdida del relato del victimismo (en el caso del sionismo genocida) y de la idea de «la más grande democracia del mundo». Frente a ello, hay resistencias y luchas emancipatorias, pero hay que reconocer que muchos de esos avances se producen frente a ciertas debilidades de la izquierda internacional, sobre todo esa que se reivindica como «progresista», socialdemócrata, o moderada. La desradicalización de la izquierda en varios países, dejó libres espacios que ocupa la extrema derecha, o sus gobernantes. Lo mismo ocurre con la batalla cultural, donde hemos retrocedido. Ellos intentan un relato que cancela la memoria histórica de nuestros pueblos. Ni qué decir de las operaciones del imperio contra Venezuela, bombardeando Caracas y secuestrando a Maduro o del asedio doblemente criminal a Cuba socialista, por la vía de un bloque de seis décadas y también del intento de estrangulamiento económico bajo amenaza de intervención militar.

Pero donde sí se dan estas posibilidades es en Asia Occidental, donde el imperio yanqui y el sionismo están recibiendo su propia medicina. La aparición del Frente de la Resistencia encabezado por la República Islámica de Irán, junto a Yemen, y las resistencias libanesa, iraquí y palestina, están demostrando al mundo que las peleas se ganan peleando. Irán y su defensa integral del territorio propio, pero también del Líbano y Palestina ocupada, muestra un alto nivel de compromiso internacionalista, más aún cuando lo combina con su alianza con Yemen. Nace así un nuevo mapa en la región, una nueva forma de relacionamiento y diplomacia frente al imperialismo, ya no desde la debilidad, sino desde la fuerza bélica y el apoyo indeclinable de los pueblos. Soy decididamente optimista, y en ese sentido es necesario no olvidar a las y los que luchan, a los presos políticos, a los pueblos originarios que como los Mapuche no dejan de dar batalla contra el colonialismo, y en ese mismo marco, exigir con todas nuestras fuerzas la libertad de los colegas comunicadores Paula Giménez y Lucas Aguilera, junto con los otro ocho compañeros secuestrados en Libia por ser solidarios con el pueblo palestino.

El libro

El pasado 9 de junio en el auditorio de la Asociación de Trabajadores del Estado, se realizó la presentación del libro «Periodismo y militancia a pie de Calle. Conversaciones con Carlos Aznárez”, publicado por editoriales Huella del Sur y Herramienta, en el marco de la colección Militancias. Se consigue en info@huelladelsur.ar.

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