Cartas como botellas al mar

Por: Carlos Ulanovsky

No faltaron propuestas monumentales, como el faro del justicialismo, de 140 metros de alto.

1951 se perfilaba como un año difícil para el gobierno de Perón, cerca del final de su primer período. Una fuerte sequía malogró las previsiones de la cosecha; el efecto de la posguerra mundial se hacía sentir sobre la economía doméstica; el fallido intento de desestabilización encabezado por el general Luciano Menéndez el 28 de septiembre había golpeado fuerte en el ánimo colectivo y, en especial, la angustia se enfocaba en los rumores cada vez más crecientes de que Evita padecía una grave enfermedad. Cada cosa sumaba para una situación institucional poco luminosa.
Como una manera de hacer frente a la situación, Perón pone en marcha una audaz jugada política. Habla en cadena a la población para solicitarle ideas, propuestas, inquietudes, planteos, sugerencias que tengan el sentido de mejorar la vida individual o la situación social y asegura que las mejores iniciativas serán tenidas en cuenta en la elaboración del segundo plan quinquenal.
La respuesta es inmediata y masiva. En poco tiempo llegaron 70 mil cartas, desde simples pedidos personales hasta proyectos monumentales.

Como quien arroja una botella al mar, empiezan a juntarse mensajes que mejoran el ánimo colectivo.Aquel tiempo estaba marcado por una fuerte costumbre epistolar( la carta vía correo era equivalente al WhatsApp de nuestros días) pero la tan elevada cantidad de respuestas sorprendió a todos, especialmente al gobierno, porque el hecho fue vivido como un auténtico respaldo y la manifestación  de un pueblo que, desde la palabra escrita, valoraba mucho lo obtenido y conseguido pero, al mismo tiempo, pedía más, mucho más.

En su mensaje, Perón afirmó que cada carta iba a ser leída, estudiada y respondida. Eso fue así. Entre 1951 y 1952 las cartas fueron distribuidas entre cinco ministerios, leídas, clasificadas, cada una generó un expediente e, invariablemente, un acuse de recibo.
¿Qué pidió la gente, desde los lugares más distantes de la república, hace 74 años? Básicamente viviendas dignas o tierras para construir, pero también servicios cloacales, calles asfaltadas, agua corriente, gas, electricidad y además escuelas en los distintos niveles, plazas o lugares de recreación. O sea que demandaba cosas que hoy mismo, en muchos lugares, permanecen insatisfechas y aún en peor condición. Propuestas monumentales, pero también acciones pequeñas como una plaza, una canchita de fútbol, un cine, capaces de mejorar el nivel de vida de un pueblo.

Aquellas cartas registran ideas anticipadas a su tiempo: reconversión de la basura en energía, construcción de autopistas, de diques, de canales de riego y hasta un canal de televisión, dependiente del Ministerio de Educación de la Nación, y que lleve los programas de enseñanza hasta los puntos más alejados del país. Algo anticipatorio de la actual señal Encuentro, que este gobierno pretende jubilar.

No faltaron propuestas monumentales, como la construcción del faro del justicialismo de 140 metros de altura, o el levantamiento de un arco de triunfo, ubicado sobre la avenida 9 de julio, que significara el contacto cordial entre el norte y el sur de la ciudad, o la transformación del arroyo Maldonado en un refugio subterráneo para ocultar allí parte de la flota de guerra.

Aunque desde entonces el mundo dio varias vueltas alrededor de sí mismo, las necesidades no decrecieron, al contrario. Y, peor aún, muchas son de las tantas cosas que no se han podido resolver o llevar a cabo.
Todo cambió a partir de la caída de Perón. La furia antiperonista exigió olvidar, omitir, borrar muchas cosas. En algún momento, las cartas llegaron al Archivo General de la Nación y allí estuvieron arrumbadas durante largo tiempo, muy cerca del deterioro total. Milagrosamente sobrevivieron unas 20 mil, que fueron las que, por un convenio con la Universidad de Belgrano, volvieron a ser leídas, examinadas y revividas. Apoyados en ese material único, los cineastas Cecilia Priego y Blas Eloy Martínez realizaron para el canal Encuentro un documental de ocho capítulos titulado Cartas del pueblo, cuya principal virtud consistió en actualizar, con belleza y sentido de la oportunidad, aquella noble iniciativa. Aquel pedido de participación popular fue verdadero, propio de un tiempo de manifestación y exposición de ideas. Eso existió: no fue una fantochada electoralista, una mentira o un ardid para salir del paso. La gran pregunta que queda flotando es ¿qué ocurriría hoy con una convocatoria semejante? La realidad de la comunicación ha cambiado totalmente. Pero, primero que nada, debería haber un gobierno al que le interese saber la opinión de la gente y manifestarse sensible frente a sus necesidades. «

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