Por placer o por obligación, los brindis que auspicia el cambio de calendario siempre ocupan un espacio importante en nuestras vidas. A continuación, un puñado de films en los que la celebración ofrece un marco ideal para potenciar el desarrollo de la historia.

Días extraños (1995). La gran Kathryn Bigelow cuenta una historia de amor en medio de un escéptico mundo futurista, donde el sexo es una entelequia y los placeres vienen por medio de dispositivos digitales. Pero hay una mujer negra (Angela Bassett) que aún se atreve al amor (físico y sentimental), un adicto a esos dispositivos digitales Ralph Fiennes, caído en la desgracia precisamente por desamor, y una artista de vodevil (Juliette Lewis) que hace una de las mejores interpretaciones muscales que se haya visto en cine, y encima de un tema de P.J. Harvey. Encima sucede el último día siglo, cuando la humanidad espera algo especial. Sino todos los ingredientes, sí los necesarios para saborear bien un fin de año.
La emboscada (1999). Con la por entonces intrépida Catherine Zeta-Jones y un todavía vigente Sean Connery, que incluye un robo sofisticado y maravilloso (con ese toque Robin Hood que siempre enamora), un contrapunto generacional más que interesante (en un período histórico de clara ruptura) y una seducción bien del siglo XX pero con conciencia de que se trata sólo de un juego porque nada más allá de eso sucederá.
Un gran chico (2002). Técnicamente no es de fin de año, pero esta película de Chris y Paul Weitz transcurre durante fin de año y cuenta la historia del soltero Will Lightman (Hugh Grant). A los 38 vive sin trabajar gracias a las regalías que aún paga (y él cobra) la pegadiza canción que compuso hace años su padre. En términos de hallazgo social descubre que las mujeres madres son altamente eróticas y más buscadoras de sexo y hombres de lo que hasta el momento era de dominio público. En términos más artísticos es una tierna historia sobre dos (o más soledades) que se encuentran, la posibilidad de comprensión entre chicos y grandes y, sobre todo, la idea de que nadie es una isla en esta vida, y que todos necesitan encontrar gente con la pueda tener códigos y complicidades, que es algo parecido a decir que todos necesitan amor.
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