¿Cómo sobreviven los cartoneros a la cuarentena por coronavirus?

Por: Nahuel De Lima

El aislamiento obligó a los trabajadores a modificar su forma de recolección y a buscar alternativas. La caída del consumo por la cuarentena redujo la cantidad de material reciclable en comercios y calles. “La pandemia nos obligó a diagramar un esquema de laburo distinto, los carros no están saliendo a la calle", cuentan.

Las consecuencias sociales de la pandemia mundial de coronavirus se hacen sentir en diversas áreas. Empujados por la necesidad, los cartoneros y las cooperativas de reciclado de Lomas De Zamora se organizan para hacer frente a este virus y garantizar el plato de comida de 150 familias que encontraron en el reciclado su fuente de trabajo.

En un instante, muchas personas se encontraron sin trabajo, las pequeñas y medianas empresas, los trabajadores (y en particular los autónomos) fueron las primeras víctimas de un virus,  que evidencio aún más la desigualdad en condición laboral que entran los trabajadores informales, sin cobertura de salud digna ni las medidas mínimas de cuidado.

En Argentina, el virus dijo presente el pasado 3 de marzo cuando se confirmó el contagio de un hombre de 43 años regresó al país desde Italia. El 20 de marzo, el presidente Albero Fernández anunció el aislamiento social obligatorio en todo el país con el objetivo de frenar el avance del coronavirus.

En Lomas de Zamora, la actividad del reciclado recupera en promedio casi 700 toneladas mensuales de residuos renovables que son reinsertados en el mercado. En ese partido hay 13 cooperativas de reciclado que hoy vuelven a reinvertirse, no solo ante un enemigo invisible que afecta la salud de todos los argentinos sino ante la necesidad primordial de llevar alimento para las familias.

La Cooperativa Jóvenes en Progreso, de Fiorito, nació durante la crisis de 2001 y está compuesta por más de 60 familias. La asociación, que está dentro del Ecopunto, cuenta con más de 150 trabajadores que se dividen por turnos en la recolección puerta a puerta de materiales reciclables y la articulación con grandes generadores. Además del reciclado de cartón, diario y papel, entre otros elementos, realizan una tarea social llevando a diferentes provincias de Argentina ropa y calzado para quienes más lo necesitan.

(Foto: Prensa CTEP)

“La pandemia nos obligó a diagramar un esquema de laburo distinto al que realizábamos de manera habitual, por ejemplo, los “carros” no están saliendo a la calle (la recolección del material reciclable, puerta a puerta es el principal método en las principales localidades del distrito de Lomas de Zamora).Tenemos muchos compañeros de edad avanzada que hoy prefieren cuidarse. Sí continuamos con el retiro llamado “grandes generadores”, que consiste en retirar lo reciclable de supermercados, salas de bingo y casas de comidas», relata Javier Godoy, coordinadores de la cooperativa y referente de la FACCyR Lomas de Zamora.

La cooperativa funciona en el Ecopunto del municipio de Lomas de Zamora. Al llegar al lugar la tierra predomina en el paisaje y se ve el galpón que instalaro: un tinglado con luces precarias, sin baños dignos, ni agua. Sólo se escucha el ruido de bolsones de nylón, que unos pocos clasifican, pero las maquinas están paradas y evidencian el contexto de crisis que atraviesa el reciclado.

Godoy señala que su principal actividad en medio de la pandemia es un proceso de agrumado: «Realizamos la limpieza de nylon, que mediante un proceso se trasforma en un grumo o pasta que se utiliza para la fabricación de bolsas descartables, lo que se ha convertido en nuestra principal tarea. Actualmente contamos con 60 trabajadores divididos en dos turnos todos abocados a producción de nylon que es lo único que no perdió valor de mercado dentro de los materiales renovables».

«Antes el cartón se entregaba todos los días, hoy se paró todo», cuenta y destaca que tuvieron que profundizar el vínculo con otras cooperativas de reciclado en medio del parate por el coronavirus. «Recién acabo de llegar de Lujan, articulamos con otras cooperativas para poder traer material. Le compramos el nylon a ellos para poder procesarlo nosotros, limpiarlo, sacarle la etiqueta y agrumarlo», enumera y agrega: «Ahí te das cuenta la poca cantidad  de material que se está juntando en la calle y con este método nos ayudamos con otras cooperativas que están pasándola igual o peor que nosotros».

Otro modelo

La cooperativa Plaza Libertad también se encarga de los desechos renovables en el distrito. Este colectivo, que lleva un año y medio, cuenta con más de 60 compañeros y compañeras que se caracterizan por realizan su tarea junto a un sistema de inclusión social y cuenta con un cuerpo de promotoras ambientales quienes recorren  diferentes zonas concientizando al vecino sobre la importancia de una correcta separación de los elementos renovables. Además, cuenta con un punto verde establecido para que los vecinos puedan dejar ahí su material.

La cooperativa se ubica en la calle Laprida al 1200 sobre la plaza que aparece en el uniforme de cada recuperador. Romina Peluffo, referente y coordinadora del espacio,  señala que la actividad cayó mucho en los últimos 45 días. “Hace una semana tímidamente volvieron a circular muchos compañeros, algunos directamente en busca de restos de comida. Después de clasificar el material pueden recibir cuatro pesos por el kilo de cartón (estaba a seis pesos antes de la pandemia), y muchos compañeros si no trabajan pierden el sustento diario, es lo único que tienen”.

“Antes te manejabas con colegios, negocios, fábricas, de donde se recaudaba material, pero ahora no hay nada, no hay consumo”, explica. Otro trabajador agrega: “Yo antes me juntaba tres bolsones por día y hoy llego a uno y no todos los días, ni siquiera juntas lo mismo los fines de semana que es cuando más se trabaja”. 

El difícil contexto económico que atraviesan muchas familias hace que la ayuda sea cada vez más necesaria. Conscientes de eso, Romina prepara en su casa todos los días el alimento para los 60 compañeros que integran la cooperativa, improvisa una olla popular que llena con donaciones de gente del barrio o muchas veces con lo que los trabajadores pueden juntar para arroz o fideos. “Nos encontramos haciendo comida para garantizar el plato a los compañeros, muchas trabajadoras que son promotoras ambientales de la cooperativa son madres y deben llevar el alimento a sus hogares”, destaca.

 Una de ellas, Tamara, explica su realidad: “Nos llevamos nuestra vianda para la familia porque no tenemos otra cosa, mi padre es albañil y está sin poder trabajar y ante esta situación está pensando en salir a cartonera, cosa que jamás hizo en su vida”.

Al finalizar la charla las trabajadoras reclaman mejores condiciones laborales  y más elementos de prevención, ya que aseguran que el municipio otorgó el material sólo para dos de las seis integrantes de la cooperativa que realizan un trabajo de campo de prevención en los distintos centros urbanos de la localidad. Además advirtieron que no se están realizando  test de prevención a ningún trabajador del reciclado.

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