A casi un mes de su desaparición, su pareja, atrapado el viernes por allegados a la víctima, indicó el lugar de la ruta donde la enterró.

A pesar de que ese sector de la ruta ya había sido rastrillado por personal policial y por perros especializados, y también por familiares de la víctima que se sumaron a la búsqueda, recién ayer se concretó el hallazgo, a poco más de 20 metros del sitio donde se había encontrado una pala perteneciente a un vecino de Rodríguez. Precisamente, esa persona reconoció que le había prestado la herramienta al acusado a fines del año pasado, porque quería hacer unos arreglos en su jardín.
Rodríguez, que estaba prófugo desde hacía diez días, fue «atrapado» el viernes por un grupo de amigos de los hijos de Claudia Repetto, mientras circulaba en bicicleta en adyacencias del puerto de Mar del Plata. El domingo ya había sido captado por cámaras de seguridad del sur de la ciudad, caminando por Punta Mogotes y por el barrio Colinas de Peralta Ramos. Inclusive algunos vecinos confirmaron que les había tocado timbre, pidiendo agua y comida. El dato impulsó a los amigos de Caludia, disconformes con la investigación policial, a realizar sus propios patrullajes por la zona.
En la mañana de ayer, Rodríguez confesó el crimen ante el fiscal Fernando Castro, a cargo de la investigación, mientras los familiares de la mujer asesinada esperaban en la puerta de los tribunales, donde se produjeron incidentes entre estos y la policía, que incluyeron gas lacrimógeno, corridas y hasta balas de goma. Ocurrió cuando la abogada de la familia salió a la calle y reveló que el imputado había confesado.
Precisamente hace poco más de una semana la carátula del caso había pasado de una doble averiguación de paradero a una acusación contra Ricardo Rodríguez por femicidio. El hombre quedará alojado en la cárcel de Batán mientras continúe el proceso judicial. Enfrenta una casi segura condena de prisión perpetua.
Claudia Repetto, de 53 años, había sido vista por última vez con vida con un amigo que la dejó en la puerta de su casa. También allí residía Rodríguez, en Don Orione al 1500, en un departamento ubicado al frente de su vivienda. Esa noche, Claudia le dijo por WhatsApp a una amiga que iba a comprar una pizza, y que tenía miedo por los celos de Rodríguez.
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