Los despidos generaron rechazo contra la empresa de Augusto Marini y mucha solidaridad con los trabajadores. Lo que se vio en vivo en el stream, también pasa en las radios y en la televisión: los dueños de medios sostienen salarios de pobreza y se venden indignación frente a la degradación del oficio.

Es un dato demoledor que se mantiene en porcentajes muy similares desde comienzos de 2024, según surge de la encuesta anual del Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SiPreBA). La tarea periodística convive de manera casi cotidiana con el error -por más lamentable o grosero que sea-, pero vale al menos preguntarse si el multiempleo y los salarios de pobreza limitan o aumentan el deterioro en el que se encuentra la profesión y sus prácticas más elementales. Porque si algo falló en Luzu TV fue mucho más que lo se escuchó al aire.
En una época en la que parece que si no se postea no existe, el conflicto de prensa en general no se televisa ni se stremea. Aunque a veces la tensión aparece cuando nadie la espera. Como el sonido de las cornetas durante la trasmisión de la TV Pública o el ruidazo en la frecuencia de Radio Nacional por el congelamiento salarial. Como la actitud solidaria de Sargenti en Blender que obliga a la empresa a sacar un comunicado antisindical y encadena el pronunciamiento de Tomás Rebord en defensa de los 10 despedidos por pedir mejores condiciones laborales. “No voy a dejar a ninguno de mis compañeros tirados”, avisó el streamer, abogado y autor de dos libros.
🚫💥NO A LOS DESPIDOS EN BLENDER
— SiPreBA – Sindicato de Prensa de Buenos Aires (@sipreba) June 26, 2026
Repudiamos la medida antisindical de la empresa que conduce el canal de stream Blender ante reclamos salariales de sus trabajadores.
Toda la solidaridad y apoyo a los compañeros y compañeras. pic.twitter.com/xiqiJDh89Z
Lo que pasa en Blender, por si fuera poco, se inscribe en un contexto de ataques a la prensa, de vaciamiento y de intento por derogar el Estatuto del Periodista, un dique de contención para garantizar la libertad de expresión y el derecho a informarse de las sociedad. También ocurre en medio de una ola de privatizaciones. Sin ir más lejos, Marini avanza para quedarse con el Canal de la Ciudad a través de Cale Group Media SA, escudería también propietaria de Carajo.
Es parte de una tropa que con una mano agita la bandera de la modernización y con la otra tilda en su comunicado de “actitudes incompatibles con los valores de la compañía” al derecho más elemental, el de reclamar. Se produce mientras la puerta del canal está flanqueada por custodios que le niegan el ingreso a los empleados echados.
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