La obra, dirigida por Patricia Palmer, enfrenta a dos personajes opuestos que reflejan distintas visiones de la realidad. En diálogo con Tiempo, Matías Lodeiro reflexiona sobre un humor que combina actualidad y elementos universales del teatro.

“En Volvió una noche me tuvo como director y compañero de elenco -arranca Lodeiro haciendo referencia a Palmer-. Esa obra tenía toques dramáticos y emotivos; Creer y reventar es más comedia, y con un humor que juega con lo políticamente incorrecto, lo cual me resulta muy divertido. El personaje que interpreta Diego tiene ideas del típico que dice: ‘yo no soy racista, pero…’ y no se da cuenta. Cree que hay que trabajar y hacer dinero, y no puede ver ninguna falla del sistema; hay que hacer lo que dicen. Mi personaje, en cambio, tiene su visión sesgada del mundo y es antisistema. No puedo adelantar más porque sino spoileo”.
-Además de actor, sos dramaturgo y tenés cuentos escritos.
-No sé cómo averiguaste eso, ¿los encontraste?
-No, no tuve la suerte.
-Tuviste la suerte de no encontrarlos (risas).
-Cuando recibís una obra, ¿qué tan meticuloso sos respecto de lo que llega? ¿Te cuesta adaptarte?
-Cuando leo una obra, la leo con ojos de actor pero también de dramaturgo. Creo que a todos los actores nos pasa algo parecido: nos gusta proponer cosas desde la lectura hasta los ensayos. Si la obra no me gusta, lo digo directamente; si me gusta, a veces no se toca ni una coma y otras se pueden sugerir cambios. En última instancia decide quien dirige. En Creer y reventar, como los actores son uruguayos, el texto tenía algunos uruguayismos que había que adaptar para el público argentino. Eso nos permitió proponer ajustes y probar ideas. Patricia también propuso algunas modificaciones.
-¿Te reíste mucho al leerla?
-Sí, me pareció muy divertida. La leí y dije que sí. Es de esas obras que, al leerlas, te imaginas las escenas y te provocan gracia.
-¿Qué tipo de situaciones te causaron carcajadas?
-No soy de carcajada fácil. Con el final me pasó algo particular: la obra te lleva a esperar un desenlace, yo decía que no podía pasar, y al final ocurrió, y me encantó. Juega con las expectativas: pensás que va a pasar algo, pero termina ocurriendo otra cosa, y funciona muy bien.
-En la obra parece que importa más lo que se cree que lo que es real. ¿De qué parte del presente habla?
-Hay mucho del presente, pero también elementos que se pueden extrapolar a otras épocas. El personaje que está cien por ciento dentro del sistema y no lo cuestiona puede pensarse en relación al consumo o a cualquier otro momento histórico; el otro, en cambio, quiere cambiarlo todo. Además, está el humor políticamente incorrecto, que sigue siendo tema de debate: minorías, feminismo, identidades de género. El personaje de Diego representa un tipo de discurso que antes estaba bajo la alfombra y ahora comienza a salir a la luz. Ese debate, muy vigente en la sociedad argentina, se refleja en la obra.
-¿Ese sería su principal anclaje en el presente?
-Lo viejo funciona, diría. Muchas veces el humor recurre a estereotipos y chistes repetidos, y aún así sigue haciendo reír. Lo políticamente incorrecto ya se ha trabajado antes, pero encaja bien en esta época. Si el público se identifica, funciona. A mí me cuesta identificar el toque distinto porque participo de toda la obra, pero puedo decir que es una comedia bien hecha, escrita y dirigida, que trata temas actuales y universales. Lo que funciona en la comedia hoy también funcionaba hace siglos; cambian los temas, pero sigue generando gracia.
-Ahora estarías con dos obras en cartel, ¿cómo vivís esa situación en un momento tan complicado?
-Tengo la suerte de estar en una obra que lleva dos años en cartel, lo cual no es fácil. Probablemente arranquemos el año que viene. Es un logro sostener una obra en estas condiciones. Al mismo tiempo, con la caída de muchas producciones audiovisuales, muchos artistas se vuelcan al teatro. Hay bastante actividad, aunque la crisis también lo afecta, pero de algún modo se sobrelleva.
De Fernando Schmidt y Christian Ibarzabal. Dirección: Patricia Palmer. Actúan: Diego Carreño, Matías Lodeiro. Viernes a las 22:30, Teatro Picadilly, Av. Corrientes 1524, CABA.
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