El film de Walter Hill utilizó una leyenda del blues para vender un producto comercial con Ralph Macchio como protagonista. Fracasó como película y en las taquillas, pero catapultó la carrera de un joven guitarrista por entonces casi desconocido.

Según una vieja tradición oral del sur estadounidense, Johnson habría vendido su alma en un cruce de caminos del Mississippi a cambio de un talento extraordinario con la guitarra. A partir de ese imaginario, la película sigue a Eugene Martone, un joven estudiante de guitarra clásica obsesionado con encontrar una canción perdida del músico. En su recorrido por el sur profundo se cruza con Brown, quien afirma haber sido testigo del pacto original y decide acompañarlo en la búsqueda.
Más allá de ese punto de partida aparentemente auspicioso, Crossroads nunca fue mucho más que un enlatado del cine comercial de los años 80. Hill venía de dirigir películas exitosas como The Warriors y 48 Hrs., y el estudio apostó por un protagonista popular entre el público juvenil: Macchio -sí, un joven blanco para «salvar» al blues- acababa de consagrarse con The Karate Kid. El resultado fue una película que intenta utilizar la tradición del blues para un producto vacío.
Una de las mayores paradojas del film aparece en su escena final. Allí el protagonista debe enfrentarse en un duelo musical con Jack Butler (interpretado por Steve Vai), un virtuoso guitarrista al servicio del diablo. Durante toda la película Martone intenta convertirse en un auténtico bluesman, pero cuando llega el momento decisivo derrota a su adversario… ¡ejecutando una pieza neoclásica inspirada en el Capricho Nº 5 de Niccolo Paganini! Es decir, el protagonista y toda la película aparentemente reivindican la música popular afroamericana pero es la de origen europeo la que le permite imponerse en un duelo y subrayar un prejuicio cultural poco edificante. Ese desenlace, conceptualmente, pulveriza definitivamente la débil estructura narrativa del film.
Acaso lo mas curioso, en medio del sinsentido del film -que ni siquiera logró un suceso comercial, su verdadero objetivo- es que aquella última escena terminó haciéndose objeto de estudio en su momento -las transcripciones parecieron en todas las revistas para guitarristas conocidas- y viral en en la era de YouTube y las redes. Si bien la mayor parte de la banda de sonido fue hecha por Ry Cooder, es Vai quien tocó lo que interpreta el emisario del diablo y las del protagonista, mientras Macchio simplemente imitaba los movimientos frente a cámara.
De ese modo, aquella película para adolescentes terminó cumpliendo otro papel: ofrecerle al gran público una de las primeras exhibiciones masivas del virtuosismo de Steve Vai. Crossroads fracasó como película y en las taquillas, pero se transformó en una campaña publicitaria brillante para Vai, que desde entonces edificó una carrera sin descansos. Aquel «duelo» consigo mismo -saldado prejuiciosamente por culpa del guión- le dio un empujón incalculable a su carrera y se transformó en el sueño de millones de guitarristas en todo el mundo.
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