La 60 entrega de premios de la industria de la música norteamericana expuso algunas contradicciones entre los supuestos que originaron las nominaciones y los finalmente premiados
Por primera vez en la historia el rap, género de origen negro por excelencia, se convirtió en el género más popular de la música. El fenómeno coincidió con el año en que Spotify se consagró como el soporte predilecto de escuchar música; el formato playlist favoreció ampliamente la popularidad del rap. El premio al mejor disco del año fue para el artista de Rhythm and Blues (R&B) Bruno Mars.
El momento para la reivindicación del #MeToo y el Times Up (el movimiento para recaudar fondos para apoyar a las víctimas menos pudientes de los casos de acoso y abuso sexual) estuvo a cargo de Kesha, la cantante que estuvo tres años sin poder grabar debido a un litigio con su ex productor, Dr. Luke. Ella acusó a Dr. Luke de abusos sexuales, físicos, verbales y emocionales. El productor negó las acusaciones, y a cambio le impidió grabar. Kesha recibió un gran apoyo por parte de sus colegas mujeres en la industria musical, pero su caso no ganó la relevancia que ameritaba hasta la llegada del #MeToo. La estadounidense Kesha es blanca.
Por primera vez todos los ganadores son sub 40. Lo más viejo que hubo en los Grammy número 60 fue el premio póstumo a Leonard Cohen (murió en 2016) como mejor intérprete de rock. El veterano vivo de la ceremonia fue Jay-Z: 48 años para el músico al que nadie dudó en indicar como el gran perdedor de la noche.
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