Ping pong con Eduardo Cutuli: “El under de los ‘80 fue increíble, pero terminó el día que murió Batato”

Por: Nicolás Peralta

El actor, director y productor disfruta de sus más de 50 años sobre el escenario. Rememora su carrera y el lujo de debutar en cine con Leonardo Favio.

Es actor, director y productor. Su nombre es Eduardo, pero a pesar de su popularidad mucha gente no lo sabe y lo conocen simplemente como Cutuli. En los ’80 integró una camada de jóvenes actores y actrices que revolucionaron la escena nacional, alimentando el under primero y luego llegando a los primeros planos. Comenzó haciendo humor y su versatilidad lo llevó por toda la gama dramática.

El teatro es su ámbito favorito. En televisión se hizo conocido por ser parte de Poliladron. Debutó en cine, nada más ni nada menos que, en Gatica, el mono (1993), de Leonardo Favio. Luego llegarían roles destacados en Plata quemada (2000), Felicidades (2000), El aura (2005) y El secreto de sus ojos (2009), entre otros títulos.

Es una de las piezas clave de La vis cómica, la emblemática obra de Mauricio Kartun, que se reestrenará en marzo.

-¿Imaginabas tener una carrera tan extensa?

-Jamás. Siempre dejé que esto me sorprendiera. Me dejé llevar y las oportunidades fueron apareciendo. Estoy muy contento con el recorrido. Todo es un disfrute.

-¿Por qué?

-Porque hice piezas de grandes autores nacionales e internacionales. Hice obras de Tito Cossa, Ricardo Monti, Enrique Santos Discépolo, Bernardo Carey, Ricardo Halac, ahora Kartun. Y de afuera, de Bertolt Brecht, Calderón de la Barca, William Shakespeare, Lope de Vega, y tantos otros. No me puedo quejar.

-¿Cuál es tu papel predilecto?

-Hay muchos. Pero siempre me quedo con el último. Hago de Perro en La vis cómica: me visto de persona, pero la magia del teatro me pone en perro frente a los plateístas.

-¿Algún otro?

-Me encantó hacer Rey Lear. Un personaje tremendo. Alfredo Alcón decía que hacer ese personaje es escalar la montaña más alta, pero sabiendo que uno nunca va a llegar a la cima. Y el detective Philip Marlowe, creado por Raymond Chandler.

-¿Hiciste también teatro de revista?

-Sí, mucho tiempo. También hice monólogos políticos, bastante varieté. El teatro, en todas sus variantes, es juego puro, con reglas claras que hay que respetar.

-¿Cuál era tu juguete favorito cuando eras chico?

-La pelota. Jugábamos mucho en la calle, en esa época pasaba un auto cada tanto. Era bárbaro. Teníamos la de goma, la pulpo. En el empedrado rebotaba de acá para allá y eso le daba más emoción.

-¿Ya no jugás?

-No. Ahora soy más del metegol (risas). Siempre fui goleador. No era habilidoso, pero me dabas un centímetro y te embocaba. Dejé de jugar por un problema en la rodilla. No podía arriesgar mi profesión.

-¿Cómo entró el teatro en tu vida?

-Siempre me gustó. De chico imitaba mucho a los que venían a mi casa o a algún compañero del colegio. Una noche, con amigos, nos pusimos a improvisar. Para jorobar. Nos divertimos tanto que surgió la idea de ir a hacer un curso de teatro.

-¿Te dieron el empujón?

-Claro. Si tenía que encarar solo una clase, no iba a ir nunca. En octubre cumplí cincuenta años de que me subí a un escenario por primera vez.

-¿Qué obra fue?

-Un sainete criollo: Los escruchantes, de Alberto Vacarezza, escrita en 1911. La hicimos en el teatro Chacabuco, que después fue Bambalinas, en San Telmo. Pagamos el vestuario y la sala. Si sobraba, se guardaba para otra obra. Luego vino el golpe y pululé por varios pubs. Hasta que volví en 1982 al teatro de texto y, con la democracia, viví la época dorada del under.

-¿Cómo recordás los ’80?

-Como cualquiera que vivió esa época: no me acuerdo demasiado (risas). Era vertiginoso todo. Lo que recuerdo es muy lindo. Iba a ver cosas al Parakultural, pero trabajaba en el Teatro Buenos Aires, en Rodríguez Peña y Corrientes, que era un burlesque. Después de las chicas del striptease, teníamos nuestro número con unos amigos. En el Rojas también hice cosas, y en Medio Mundo Varieté, un lugar en Corrientes entre Riobamba y Callao, que iba mucha gente. El under de los ’80 fue increíble, pero terminó el día que murió Batato (Barea).

Foto: Mariano Vega

-¿Cómo fue debutar en cine con Leonardo Favio?

-Un lujo. Mi hija había nacido hace poco y no me trajo un pan bajo el brazo: ¡me trajo una panadería! Hice Gatica y de ahí me llamaron del San Martín.

-¿Qué te gusta además de la actuación?

-La música. En una época fui percusionista de un grupo que fusionaba jazz con algo latino, por 1984 o 1985. Fui a clases de armónica, quería hacer blues, y ahora practico con ukelele. Amo la música.

-¿Cuáles son tus bandas favoritas?

-Zeppelin, King Crimson, Purple, Yes, Gong, Van der Graaf Generator con Peter Hammill a la cabeza. Los alemanes de Can y Guru Guru. El rock industrial de Einstürzende Neubauten. Los Beatles y los Stones. También R.E.M., Simply Red, fui a ver a Prince. De acá me gusta Serú, Sumo, Los Redondos, Spinetta. En casa escucho bastante jazz y tango.

-¿Tu voz siempre fue áspera o hubo ayuda?

-Son años de fumar y de estaño (risas). Se decía así porque los bares antes tenían barras de estaño. Siempre fui de voz grave, pero seguro la ayudé (más risas).

-¿Dejaste de fumar?

-Casi. A veces, después de la función, prendo alguno. Pero trato de no hacerlo. Prefiero salir a caminar, cuidarme un poco.

-¿Lo más importante es disfrutar?

-Hay que intentarlo. La culpa que nos inculcan a veces no te deja. Es esencial tratar de estar bien, conociendo tus limitaciones. Pero siempre disfrutar.

-¿Confort o calidad de vida?

-Siempre hay que buscar calidad de vida. El confort es lindo, pero puede ser una trampa.

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