«Debemos dar pelea para que se abran todos los archivos»

Nora Cortiñas asegura que su legado será "mantener viva la lucha". En tanto, Mirta de Baravalle, afirma: "La Plaza es sagrada".

A 40 años del nacimiento de la emblemática primera ronda, las Madres siguen de pie y con la fuerza intacta en su lucha conmemoran el aniversario este domingo con una nueva marcha y actividades.

“La lucha pasa por conocer el destino de los desaparecidos y recuperar las identidades de los chicos que fueron secuestrados”, consideró sobre la pelea que dan hasta el día de hoy, Nora Cortiñas integrante de Madres Línea Fundadora.

“A 40 años de la formación de Madres, la lucha pasa por conocer el destino de los desaparecidos. Por eso debemos pelear para que se abran todos los archivos y se aporte información que nos permita continuar haciendo Justicia. Además tenemos que lograr que los 400 chicos que nacieron en cautiverio conozcan sus identidades. Por esas cosas hay que dar la pelea”, manifestó Cortiñas en declaraciones a la agencia de noticias Télam.

Además, puntualizó que el principal legado dejado por las Madres en estos años es “mantener viva la lucha” de sus hijos, “una generación que entregó todo en el camino de alcanzar la justicia social».

Carlos Gustavo Cortiñas, el hijo de esta histórica referente de Madres, militaba en la izquierda peronista y desapareció el 15 de abril de 1977, quince días antes de la primera reunión de ese grupo de mujeres que comenzó a preguntar por sus hijos en la Plaza de Mayo.

Por su parte, Mirta de Baravalle, de 92 años, co fundadora de las Madres de Plaza de mayo, presente en la Plaza del 30 de abril de 1977, compartió: «La cabeza y los huesos los sigo teniendo bien y cuando cumplo años, los tiro a la basura para el que quiera los recoja».

La desaparición de su hija embarazada de cinco meses y la de su yerno Julio César Galizzi, el 27 de agosto 1976, fueron dos golpes casi letales que Baravalle enfrentó sin tiempo para duelos, recorriendo junto a su esposo comisarías, hospitales, organismos oficiales e iglesias hasta que el 30 de abril de 1977 se unió a ese puñado de madres desesperadas que llegó a la Plaza de Mayo y gestó el movimiento de resistencia pacífica contra la dictadura más importante de la historia.

Aunque asegura que no lleva el número de rondas en la Plaza, que suman 2.037 jueves, afirmó en declaraciones a Télam: «Para mí, la Plaza es sagrada. Si estoy en Buenos Aires, aunque llegue tarde, tengo que pisarla porque para mí tiene mucho significado desde que dejé de ser una ama de casa y salí a buscar a mi hija y a mi nieto».

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